LO QUE QUEDÓ DEL SAQUEO

LO QUE QUEDÓ DEL SAQUEO

... En este caso a diferencia de lo ocurrido con Ciudad Perdida los guaqueros no comunicaron a las entidades oficiales el hallazgo del rico cementerio aparecido por causalidad a solo diez minutos del aeropuerto internacional de Cali, en el sitio de El Bolo, San Isidro, hacienda Malagana, debido a que ocurrieron pocas peleas y porque, según comentó uno de ellos, ahora que el sitio se encuentra no solo agotado sino clausurado por las autoridades, había para todos , aludiendo a que el cementerio que tenía una extensión de cerca de siete hectáreas, repleto de oro, daba para que toda la gente accediera a una buena cantidad de la riqueza... La noticia del hecho corrió como pólvora, y a partir de la fecha y por un período de casi cuatro meses, campesinos y jornaleros cercanos al lugar trocaron sus habituales actividades por el oficio de guaqueros con improvisadas herramientas... cuando llegaron al sitio los guaqueros más avezados apelaron a la mediacaña para sondear cada centímetro del terre

18 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

La enloquecida actividad, que más parecía un carnaval, fue recogida en un video casero... que, gentilmente, me facilitaron cuando decidí tocar en todas las puertas para preguntar sobre el material que había salido en la primera página de los periódicos y que, a juzgar por los objetos adquiridos por una coleccionista, tenían gran valor para completar el conocimiento del área arqueológica calima y, así mismo, actualizar la presente publicación.

Mi pesquisa me condujo a contactar a quien hubiera tenido que ver con el tesoro... y con gente que participó en la fenomenal guaqueada. El conjunto de objetos de oro de muy alta ley, de cerámica de los estilos ya conocidos más otros nuevos, y de piedras ornamentales y para usos domésticos, resultó abrumador por la cantidad del material y su asociación no solo dentro de las tumbas, sino en el cementerio. En efecto, todo ello se corroboró además con el informe de coleccionistas notables por sus actividades profesionales y culturales, quienes a pesar de haber informado a las autoridades respectivas no lograron interesarlos en la protección del lugar, ni en aislarlo para su estudio realizando su mejor esfuerzo, acudieron casi a diario al cementerio para informarse de lo que aparecía... y, además, para adquirir algún material que se tasaba entre sesenta y ochenta mil pesos el gramo.

En realidad, las tumbas no se encontraban a gran profundidad y, al parecer, tenían los típicos pozos con cámaras laterales; pero la acción de guaquería casi milimétrica que excavaba aun en terrenos diferentes de los pozos de entrada, destrozó en su totalidad la arquitectura funeraria. Varios testigos que estuvieron en el lugar también informaron sobre la característica de los enterramientos que distribuían la ofrenda a lo largo del pozo; a poca profundidad aparecía la cerámica y únicamente en la cámara se encontraba el oro. Además, algunas tumbas aparecían interconectadas con túneles por los que se paseaban gateando debido a su estrecho diámetro... a veces, los guaqueros llegaban a la cámara por túneles diferentes, con lo cual se presentaban disputas por la pertenencia del tesoro, y para resolver el litigio optaban por romper (!) las piezas para repartírselas... Varios ejemplos ilustraron el bárbaro proceder... Como el terreno estaba muy anegado debido a que la guaqueada multitudinaria se efectúo en temporada lluviosa, la gente chapoteaba literalmente en el barro, entre el cual aparecían las figuras y las piezas de cerámica, agregando un ingrediente surrealista al acontecimiento. Cerca de cuatro mil personas formaban una abigarrada amalgama de trajes de colores y barro, generando una extraña mezcla... que no se detenía presa de la fiebre del oro, según quedó reseñado en el video... Además, los que primero pudieron mercadear sus productos adquirieron una retroexcavadora... para llegar en el menor tiempo posible a su objetivo primordial: la ofrenda de oro. Por ello, numerosa cerámica que se encontraba en los niveles superiores quedó esparcida y destrozada en diferentes sitios; algunos de sus fragmentos fueron a parar a manos de distintos propietarios, quienes algunas veces trataron de reconstruir la pieza voceando en el campo por el faltante; otro, con el correspondiente, contestaba desde cualquier lugar, como si estuvieran jugando un extraño monopolio precolombino... Y todo el día, en sitios cercanos, se realizaban transacciones de varias cifras...

Al parecer, existían diversos niveles de personas interesadas en acceder a los tesoros: los que trabajaban y sacaban los objetos, y los vendían a los intermediarios que a su vez los llevaban a los comerciantes especializados; otros sacaban los tesoros y luego los llevaban a los hoteles donde coleccionistas de varias nacionalidades europeos, venezolanos, japoneses y estadounidenses, así como colombianos solventes compraban al por mayor los lotes de objetos , o solo las piezas de su predilección... En realidad, llegaron a conformarse sociedades para excavar y repartir en partes iguales el tesoro o el producto de la venta. También se formaron sociedades similares entre los compradores para poder adquirir grandes cantidades de objetos con destino al exterior... Inclusive, contrataron a arqueólogos extranjeros con todo pago expertos en precolombinos colombianos, para que certificaran el material para su venta a importantes compradores europeos y estadounidenses...

Los informantes coincidieron en afirmar que se sacaron objetos hasta finales de abril de 1994. Antes de esa fecha, la autoridad ya había cercado el lugar con la fuerza pública; pero el saqueo clandestino continuó en algunos casos en asocio con los vigilantes durante las horas nocturnas, con plantas eléctricas y todo... hasta que se agotó totalmente el lugar. En julio de 1994, cuando inicié la investigación y viajé a conocer el lugar, constaté que el antiguo y saqueado cementerio se encontraba de nuevo sembrado de caña, y también fuertemente vigilado, cuando ya no era necesario... .

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