LA OPCIÓN DE ESTAR EN DESACUERDO

LA OPCIÓN DE ESTAR EN DESACUERDO

A veces se piensa que la primera vez puede ser simple emoción. La segunda vez, el eco inevitable de la primera. Pero cuando las cosas van por la tercera, el cuento se hace creíble. Así le ha sucedido al encuentro pereirano de críticos y comentaristas de cine, que mañana llega a su tercera toma.

15 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

La idea nació sin el engorroso protocolo de algunas de esas complejas aventuras que mueren vírgenes, ahogadas bajo sus propias alas inmensas antes de haber levantado el vuelo. El encuentro pereirano nació al lado de la piscina del Hotel Caribe, en Cartagena, en una de las últimas jornadas del festival de cine del 94, mientras una docena de críticos en pantaloneta de baño juzgaba la cosecha de la temporada.

Nació como una disculpa para volver a reunir a los amigos del séptimo arte a los que solo se les encuentra en este tipo de eventos, porque el resto del tiempo lo pasan en la oscuridad de las salas o en el rincón de los periódicos y las revistas donde escriben sus impresiones.

Nació en medio del fragor de un festival en el que nadie es capaz de negarse a una nueva aventura cinematográfica. Por eso, todos apoyamos la idea del pereiranísimo Germán Ossa, que nos abrió de par en par las puertas de su ciudad para seguir alimentando el ojo a punta de celuloide.

Y las orejas, a punta de críticas encontradas: porque si algo hay de bueno en estas reuniones, es que nadie tiene en la obligación de estar de acuerdo con los demás. Entre otras razones porque tratar de poner de acuerdo a dos críticos de cine no solo es una tontería, sino que además es imposible.

Cada crítico y en últimas cada espectador ve en la pantalla grande la película que quiere ver, y no necesariamente la que le están mostrando. De ahí que muchas veces la gente lea a su crítico de cabecera no tanto para dejarse guiar por sus consejos, sino para poder estar en desacuerdo. Sobre todo, porque cada amante del cine es un crítico en potencia. Y como tal, hace valer su opinión sobre las de los demás, sin mirar títulos ni cargos.

Sé de muchos cinéfilos que jamás asisten a las películas alabadas por ciertos críticos, porque ya saben que sus gustos en nada coinciden. Y, por el contrario, hay quienes corren a hacer fila para los filmes castigados por los supuestos conocedores. Cada quien es libre de asistir a la película que quiera, y es libre de aplaudirla o de ignorarla.

Lo cierto es que pocos gremios hay tan tolerantes como el de los críticos de cine. De hecho, es uno de los pocos que todavía no han pedido la renuncia de Samper.

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