FRANCIA NO SALE DE SU ASOMBRO

FRANCIA NO SALE DE SU ASOMBRO

El avión llegaba al final de la pista cuando el capitán Vincent Roy, piloto del Airbus 320 de Air Inter Europa que cubría la ruta París-Perpiñan, vio unas camionetas cerrándole el paso y luego una pancarta en la que pudo leer claramente:

15 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Apaga los motores y abre las puertas de las bodegas .

En ese momento los 167 pasajeros de la nave comenzaban a desabrocharse los cinturones y a levantarse, como es usual, pero la voz de Roy acabó con la monotonía de lo que hasta entonces parecía un típico final de vuelo: Señores pasajeros, conserven la calma. Hay unas personas que se interesan por algo que llevamos a bordo, y como están armados vamos a tener que esperar .

Roy tenía en frente a un grupo de entre 5 y 6 hombres encapuchados que apuntaban a la cabina con armas automáticas. Consciente de su impotencia, pues desde la cabina es imposible abrir los compartimentos de carga, Roy optó por quedarse quieto.

Al ver que las bodegas no se abrían, los atracadores hicieron algunos disparos de advertencia, pero en vista de que no tenían efecto, al menos dos de ellos se dirigieron a la parte trasera del avión, y con poco esfuerzo, abrieron la bodega.

Acto seguido cargaron una de las camionetas con 28 kilos de billetes repartidos en 12 sacos que la agencia Brinks transportaba de París a Perpiñan para una empresa francesa con intereses en España.

Y luego, en un abrir y cerrar de ojos, los ladrones desaparecieron por una de las vías cercanas a la pista, dejando abandonados dos de los vehículos que habían utilizado para el asalto.

La operación no duró más de diez minutos. Y según algunos pasajeros, los hechos ocurrieron tan rápido que no llegó a cundir el pánico en el interior del avión, que iba prácticamente lleno.

Un policía que participa en la investigación no dudó ayer en afirmar que se trató de una operación comando guiada por una mano maestra .

La segunda sorpresa La segunda sorpresa llegó ayer, cuando se supo que el botín, que todos creían que sería espectacular, no superaría los 800.000 dólares, en pesetas españolas y algunos francos. Es al menos lo que dice la agencia Brinks, informe que debe tomarse con pinzas pues en estos casos siempre se evalúa por lo bajo para evitar escándalos, sobre todo si se estaba infringiendo alguna incómoda norma sobre las cantidades transportadas, como pasó con las cajas de seguridad del Titanic.

Por esa razón ayer en Francia todo el mundo se dedicó a calcular cuánto pueden ser 27 kilos de billetes, lo que no resulta casi imposible si no se conoce la denominación.

También empezaron las cábalas sobre los posibles autores del atraco: Quiénes son estos modernos Butch Cassidy y Sundance Kid que realizan un golpe impecable en condiciones dificilísimas y que luego se evaporan sin dejar rastro? Mientras los computadores de la policía elaboran fichas con posibles sospechosos, el libro de los récords de atracos a mano armada se engrosará con esta acción, no por el monto, según se vio, sino por su forma espectacular y porque, a partir de ahora, la seguridad de los aviones y de los aeropuertos tendrá, una vez más, que volver a ser revisada.

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