BELISARIO

La semana anterior se le rindió un merecido homenaje al Presidente Belisario Betancur. La plana mayor de quienes lo acompañaron en su mandato, así como otras destacadas personalidades de la vida nacional, se reunieron para conmemorar los diez años de la culminación de la administración del ilustre gobernante. Nos sumamos a tan justa iniciativa, puesto que compartimos el afecto y admiración por el gran intelectual y político, pero sobre todo por ese ser humano excepcional que es Belisario.

12 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Comencemos por reconocer el acertado manejo en el frente económico que su administración tuvo en momentos muy delicados -tal vez la coyuntura más difícil en las últimas décadas, que ha atravesado el país en los frentes fiscal y cambiario. Sus Ministros de hacienda, Edgar Gutiérrez Castro y particularmente Roberto Junguito, así como el gerente del Banco de la República, Hugo Palacios Mejía y el director del Departamento Nacional de Planeación Jorge Ospina Sardi, realizaron una tarea sobresaliente -sin parangón en la historia reciente- en el ajuste sin traumatismos, de una economía que estaba en pésimas condiciones al inicio del período Betancur.

Se logró sanear la crítica situación fiscal -el déficit de las finanzas públicas era de casi el siete por ciento con respecto al PIB en el 82 y terminó en el 86 con una significativa reducción de casi cinco puntos porcentuales. Un Presidente que había llegado al poder con un amplio respaldo popular y con una gran sensibilidad social, tuvo sin embargo siempre claro que había que pensar en las generaciones futuras y que lo primero que había que hacer era poner la casa en orden. El gasto público se recortó de manera drástica -no había alternativa- lo cual dificultó el aclimatar el complejo proceso de paz que valerosamente adelantó Betancur. Y le restó respaldo político en diversos sectores que no pudieron o quisieron entender que era prioritario hacer los sacrificios que un primer mandatario serio y con visión prefirió hacer.

Otro complejo asunto económico que fue resuelto con mucho tino fue el del necesario ajuste de nuestra moneda, la cual se había revaluado en términos reales más de un treinta por ciento, como producto de la bonanza cafetera de los años anteriores. Así pues, en el año 85, en medio de notables tensiones políticas y sociales, cuando el déficit en la balanza comercial y en la cuenta corriente no le daban tregua alguna a las exiguas reservas internacionales, se devalúo aceleradamente, se pasó del gota a gota al chorro a chorro, hasta lograr el nivel adecuado de tasa de cambio. Fue una cirugía de alta precisión que se realizó a un paciente en cuidados intensivos, con tan positivos resultados que no sólo no puso en peligro su vida en la delicada operación, sino que además su recuperación fue rápida y vigorosa.

El manejo de la crisis del sector financiero fue otro acierto de la administración Betancur. El gobierno defendió los intereses de los pequeños ahorradores y tomó el control de las entidades que estaban violando la ley, evitando así un pánico económico que hubiera traído consecuencias funestas.

Y seguramente Belisario hizo todo esto porque, como hombre culto y estadista que es, conocía los innumerables ejemplos de la historia en los cuales con el paso de los años se van definiendo con precisión los aciertos y equivocaciones de los líderes. Apenas diez años después, todo el país, liberales y conservadores, social demócratas y neoliberales, conspiradores y Samperistas, le agradecemos a Belisario y a su equipo económico la exitosa gestión de la economía en su momento más delicado.

Hay muchos otros campos de su gestión que merecen elogio. La descentralización obtuvo en su gobierno partida de nacimiento con la elección popular de alcaldes. Y sus controvertidas iniciativas de paz -infortunadamente fracasadas como muchas de las adelantadas por sus sucesores- sirvieron sin embargo para desenmascarar a la guerrilla y quitarle así su creciente respaldo popular, puesto que la sociedad entera pudo constatar que no existía verdadera voluntad de paz por parte de los alzados en armas. Y en relación con el narcotráfico, a raíz del vil asesinato del gran hombre que fue Rodrigo Lara Bonilla, al Presidente Betancur si no le tembló el pulso para firmar la extradición.

No podíamos terminar esta nota de exaltación de las virtudes del hombre público y dejar de lado sus especiales virtudes como ser humano. Su amor por las artes, su vocación de librero, su refinado y sensible pensamiento que se manifiesta a través de su pluma brillante y sus particulares dotes de gran conversador -polémico y agudo pero con un gran sentido paisa del humor- sus capacidades como periodista y como académico además de su dominio de temas tan diversos como los ferrocarriles, la poesía de Kavafis y la música guasca, los íconos y los tangos, hacen de Belisario uno de los personajes más interesantes de la vida nacional contemporánea.

Todos los colombianos tenemos una deuda de gratitud con un hombre cuya historia personal es un monumento al sueño colombiano: partiendo de la nada, hijo de un arriero en las montañas de Antioquia, estrenando sus primeros zapatos a los diez años, termina siendo una figura sobresaliente en la historia de nuestro país.

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