DÓNDE CONSIGO UNA TXANTXA

DÓNDE CONSIGO UNA TXANTXA

En días pasados mientras comía una hamburguesa, un par de jóvenes hablaban de su jíbaro, quien, en palabras de ellos, conseguía de todo. Les pregunté si vendía txantxa. Perplejos, me dijeron que de eso no habían fumado y les expliqué que una txantxa es una cabeza reducida en lo cual los jíbaros eran expertos. Me reprocharon Viejo pendejo, un jíbaro es un proveedor de perico, de maracachafa, pepas, ácido, hongos, etc.; este, además conoce unos sopladeros del carajo .

12 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Como no conocía los términos, me explicaron que todo era parte del negocio de las drogas y añadieron que aquel que no tiene jíbaro permanente no tiene problema, pues los taxistas, celadores, porteros, pordioseros, nocheras y hasta algunos policías los orientan hacia un jíbaro confiable.

Hablé con algunos de los favorecidos por la valorización de las 15 quienes me manifestaron que sus múltiples quejas y denuncias (hasta la fecha desoídas) incluyen no solo la inseguridad, la prostitución y el desacato al horario zanahorio sino la denuncia por el tráfico permanente de estupefacientes y drogas heroicas (será por eso que el sector se llama héroe Chicó?) en el barrio.

Este fenómeno me puso a pensar en la otra mitad del negocio del narcotráfico, la mitad ignorada, olvidada y lo más grave, tolerada no solo en Bogotá sino en el resto del mundo.

En los últimos años, las autoridades se han dedicado a perseguir a los grandes capos del narcotráfico, a sus testaferros, a los lavadores, a los proveedores de su materia prima dejando a un lado la otra mitad de este negocio, mitad sin la cual no pueden prosperar. Esta incluye: a) Al expendedor minorista a nivel colegio y casi de jardín infantil quien tiene la misión de crear el mercado del futuro.

b) A sus socios los jíbaros (nombre muy bien puesto pues reducen el cerebro a su mínima expresión) quienes luego acompañan al drogadicto el resto de su vida.

c) A los pobres drogadictos (antiguamente viciosos) quienes en el ejercicio de su derecho inalienable del libre desarrollo de su personalidad pueden poseer su dosis mínima .

d) Finalmente, todos los ciudadanos, incluyendo a las autoridades, quienes ingenuamente creemos que acabando con las cabezas, el negocio perece, sin tener en cuenta que como la medusa, si pierde una cabeza, le brotan dos nuevas. Mientras exista la red de compradores y de distribuidores a pequeña escala, siempre habrá un capo dispuesto a enriquecerse encargándose del negocio. La única solución es acabar simultáneamente con los consumidores y expendedores minoristas, quienes cuando caen en una redada no reciben ni publicidad ni condenas. Como ejemplo, basta mencionar el caso del alcalde de Washington, más reciente el del jugador de los Dallas Cowboys y la ya famosa sentencia de Derecho al Desarrollo de la Personalidad , que legalizó el consumo en nuestro país.

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