PERDIMOS EL CONTROL DE GROZNY: RUSIA

PERDIMOS EL CONTROL DE GROZNY: RUSIA

Con las víctimas de la batalla de Grozny contándose por cientos en su sexto día consecutivo, el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Alexandr Lebed, hizo un viaje relámpago a Chechenia para negociar con Aslan Masjadov, principal jefe militar separatista, y regresó a Moscú a anunciar que asume las riendas del peor conflicto de la Rusia independiente.

13 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

La velocidad de las medidas del poder ruso respecto a Chechenia prueba lo crítico de la situación allí para sus fuerzas.

El sábado el ex general Alexandr Lebed sumó otro puesto a los dos que logró luego de sacar el 15 por ciento de los votos en la primera ronda de las presidenciales del 16 de junio: el secretario del Consejo de Seguridad y asesor presidencial de seguridad nacional, fue nombrado por Yeltsin representante plenipotenciario en Chechenia.

El domingo en la noche, en un pequeño avión militar y en medio del mayor secreto, Lebed voló a Majachkalá, capital de una república vecina a Chechenia. Desde allí, en auto, llegó al pueblito Novi Ataguí, 20 kilómetros al sur de Grozny, donde se reunió por tres horas con el jefe del Estado Mayor separatista, Aslan Masjadov, y el ministro de información de los rebeldes, Muvladi Udugov.

Ayer, después de que su auto fuera tiroteado dos veces en el camino de regreso, estaba de vuelta en Moscú, en una conferencia de prensa, anunciando que había organizado que Masjadov y Pulikovski, el comandante ruso en Chechenia, discutieran por teléfono una separación de los bandos , previa a un cese al fuego.

La conferencia de prensa de Lebed fue elocuente. El general dijo que no se imaginaba que la situación de los militares rusos fuera tan mala. Dijo que hay que cambiar al jefe de la retaguardia y a todos los centros de prensa. Declaró que la comisión gubernamental para resolver el conflicto no cumplió su misión y que el aparato organizativo del representante presidencial en la república sencillamente no existe. Dijo que los soldados rusos helados y descalzos están peor vestidos que los partisanos en la II Guerra, que no hay coordinación ni moral y que el presidente checheno fiel a Moscú miente.

La situación dista de estar clara. Grozny es teatro de las más serias batallas desde el inicio de la guerra. El comando ruso por primera vez reconoció que los rebeldes controlan la mayor parte de la capital. Los periodistas que estaban en un edificio cercano a la casa de gobierno fueron liberados y cuestionaron todas las versiones oficiales.

Miles de niños y mujeres siguen sin agua ni comida en sótanos mientras las fuerzas rusas, que anunciaron que no emplearán más aviación, siguen usando la artillería a discreción.

Sin duda, fue esta situación de emergencia la que llevó al Kremlin a poner a Lebed a cargo de Chechenia y a éste a viajar para hablar sin condiciones con el jefe militar de los separatistas.

Sin embargo, con la batalla en Grozny en pleno desarrollo y los separatistas no dando señas de debilidad, la sola tarea de separar a los bandos luce titánica.

Mucho está pendiente y depende de qué tan serias hayan sido las negociaciones entre Lebed y Masjadov. Y de hasta dónde la jefatura rusa se esté inclinando realmente por una salida negociada, a la cual, como ha demostrado la ruptura sistemática de todos los acuerdos logrados, hay no pocos alérgicos en Moscú. El general, con todo y su peculiar estilo, está seguramente ante el hueso más duro de roer de su vida.

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