LUIS PALACIOS:MODA PARA EL DIA A DIA

LUIS PALACIOS:MODA PARA EL DIA A DIA

Dos oficios lo han apasionado desde siempre. Luis Palacios a los 14 años tenía en mente elegir una de dos carreras: moda o cocina. Cuando lo comentó en su casa, nadie pegó un grito en el cielo. Su papá le propuso irse a Suiza, pues allí tendría un aprendizaje seguro en el arte culinario. Pero tan tentativa idea fue muy pronto desvaneció, porque a Luis la moda se le atravesó en su vida, en su corazón y en todos su sueños.

17 de agosto 2001 , 12:00 a. m.

Dos oficios lo han apasionado desde siempre. Luis Palacios a los 14 años tenía en mente elegir una de dos carreras: moda o cocina. Cuando lo comentó en su casa, nadie pegó un grito en el cielo. Su papá le propuso irse a Suiza, pues allí tendría un aprendizaje seguro en el arte culinario. Pero tan tentativa idea fue muy pronto desvaneció, porque a Luis la moda se le atravesó en su vida, en su corazón y en todos su sueños.

Escuchó decir que este es un país conservador y que pensara en lo que podían decir sus amigos . Trataron de convencerlo para que eligiera diseño de interiores. Otra vez con una jugosa propuesta de estudiar en otro país, pero él prefirió quedarse en Colombia y se matriculó en Taller cinco, una escuela de diseño de modas, luego vendría la Universidad de los Andes y su especialización en diseño textil.

A partir de allí comenzaría a forjar un nombre que hoy por hoy ya tiene un lugar consolidado en la moda. Sin duda, de algo sirvió esa fijación y no sólo por este oficio. Las telas y el ponerlas en un cuerpo también tienen algo que ver con la culinaria. "Las dos entran por los ojos", afirma. Un plato debe tener estética, pero además, al igual que en la moda debe hacerse con el corazón.

Un ojo mira al horizonte, porque él es un hombre de sueños grandes, pero otro ve más acá, pues le interesa hacer ropa que se ajuste a mujeres de la vida cotidiana, y que por supuesto también se venda, pues de algo se tiene que vivir.

Recién graduado, comenzó a vestir hombres y a las esposas y novias de ellos. Salió de la universidad directo a montar su propia empresa y a trabajar independiente. "Creo que me faltó la escuela de haber sido empleado de alguien", dice con un dejo de arrepentimiento, pues confiesa que el orgullo de aquella época le hizo pasar más de un mal rato. "Fueron cuatro años durísimos, la vida me dio palo y aprendí que se tiene que bajar la guardia, que uno no se hace solo, que hay que trabajar en equipo con la gente que es más hábil. Eso fue lo primero que debí haber hecho, que me enseñaran porque seguramente no hubiera perdido tanta plata y clientes", cuenta.

Lleva siete años como diseñador, pero en realidad sólo ha disfrutado tres. Después de esos tiempos difíciles, la ley de la vida, que también trae sus recompensas, le dejó la satisfacción de empezar a ser reconocido. Hoy Luis Palacios, a sus 33 años, además de un nombre es una firma de moda.

La ropa es para exhibirla.

Pese a que empezó a crear moda masculina, hoy él se mueve más por el lado de las mujeres, porque primero ellas son mejores compradoras y no sólo dan mayores opciones para crear, cambiar e innovar sino que tiene más afinidad a la hora del trabajo.

Dice que todavía está buscando su propio estilo, pero que definitivamente el punto al que quiere llegar es a navegar entre lo clásico y lo moderno, pues siempre está mirando lo que se hizo en épocas pasadas y cómo lo puede adaptar.

Está también pendiente de la originalidad, pero no de aquella que busca imponer ropa que únicamente es para pasarela. "No es difícil ser original, lo complicado es que siempre se tenga un sentido y un concepto. Quiero hacer cosas nuevas, pero sin llegar al extremo de crear ropa que no se puedan poner las personas porque si esta no se puede usar, no tiene ninguna función. La moda es un accesorio para embellecer".

Por eso la mujer que Luis Palacios presenta en pasarela, no dista mucho de la que también puede llegar a su almacén. Es la mujer de todos los días, la que trabaja y tiene metas profesionales.

Pero la moda no solo nació para apreciarla, sino también para venderla y él es un convencido de ello. "Se debe ser un diseñador capaz de mostrar a la gente que uno puede crear, así no venda, pero también que se tiene la formación para hacer ropa normal, porque de eso tengo que vivir yo, los empleados, etc. Nada se saca con fabricar moda para dejarla colgada".

De ahí que para él, lo más difícil en su carrera sea que la gente le crea y se vuelva fiel y no como compradores, sino como personas que entienden y aceptan sus diseños.

A la hora de definir su trabajo, dice que le gusta experimentar con lo andrógino. En su moda masculiniza a la mujer y feminiza al hombre. En ellos maneja una línea informal y clásica, le gusta que luzcan con ropa justa al cuerpo, de tal forma que la silueta se aprecie, trabajo que no ha sido fácil pues como él mismo lo señala: "Cuando al hombre se le suavizan un poco sus líneas para que se vea más sutil, fino, siente alterada su masculinidad". En cambio con la mujer es distinto, algo del sexo opuesto, pero siempre luce muy femenina.

Emociones nupciales.

Tal empatía con el género femenino, lo ha llevado a incursionar en una línea que llama al romanticismo y a los sueños. Las novias que trabaja desde hace tres años y medio, son su sello de distinción reconocido en el mercado de la moda.

La paradoja de esta experiencia, es que Luis tiene que confesar que es cero romántico . Es más, no llegó allí porque lo nupcial le despertara una vena sensiblera, sino porque considera que los vestidos de novia son un punto culminante en la alta costura, pues son los que más trabajo y dedicación tienen, además, que detrás de ellos existe toda una sabiduría para interpretar a las clientas en un momento transcendental.

Pero dicha complicidad entre las ilusiones de ellas y su trabajo, sí ha provocado en él un cambio. "Uno se ve afectado por todas estas mujeres porque lo saturan de una cantidad de sentimientos encontrados. Creo que lo que no encuentro en mí de romántico, lo saco en los vestidos".

Todos sus diseños hablan de él, están colmados de una sencillez y limpieza únicas. Sin duda le interesa proponer una novia moderna, pues muchas así lo quieren.

Metas de alto nivel.

Luis Palacios sueña en grande, más allá del éxito que tiene y que él reconoce. "Cuando se alcanzan las metas que se han propuesto en la vida, creo que hay un 80 por ciento del logro, no sólo económico porque eso no va paralelo con las metas que se establecen. Me interesa el reconocimiento y lo he tenido. Cuando se consigue lo que desde muy joven se propuso, no se puede pedir más", afirma.

Pero la ambición en el buen sentido de la palabra, lo lleva a ponerse objetivos bien arriba. Palacios quiere llegar a Europa, trabajar y vestir allí, hacer una pasarela en Italia, estar al lado de los grandes y por qué no, convertirse en un Oscar de la Renta.

"Cuando se tienen metas grandes, se tienen respuestas grandes de la vida. Si no se sueña, no se puede pedir nada en retribución". Tales expectativas le han servido para trabajar en nuevas colecciones, todas guardando sus parámetros y su filosofía de hacer moda para usar y por tanto para la cotidianidad. Seguirá innovando y manteniéndose, porque Luis Palacios quiere pasar a la historia de la moda.

Lo más reciente.

La última colección de Luis Palacios se pudo apreciar en Colombiamoda, la feria de la moda que culmina hoy en Medellín. Allí las novias fueron su tema central. Diez vestidos que reflejaron las cuatro estaciones y de paso mostraron sus últimas tendencias:.

* Las novias invernales cargadas de tela, muy blancas o azules y grises. Clásicas y muy barrocas.

* Las de primavera con vestidos rosados y verdes pálidos, mucho más fluídas y llenas de flores.

* Las de verano muy sensuales, más destapadas, volátiles y de colores intensos como los naranjas y amarillos.

* Las de otoño, vuelven a ser un poco más pesadas, vestidos clásicos y colores otoñales: amarillos y naranjas.

* En ropa casual, lo más reciente de este diseñador es su línea de verano. Ropa de diario pero muy elegante con la que perfectamente se puede estar de día y en la noche asistir a un cóctel. Telas vaporosas y mucho color.

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