AMAYA, MÁS ALLÁ DE LA VELOCIDAD

AMAYA, MÁS ALLÁ DE LA VELOCIDAD

Como el pionero que advierte que su sangre circula a más de 150 kilómetros por hora, Camilo Amaya se dio cuenta que su pasión y su talento estaban en el volante de un automóvil devorando kilómetros en una pista de carreras.

11 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

De eso se enteró a finales de 1986, cuando, sin tener ningún contacto con el mundo del automovilismo, y después de trabajar arduamente, logró comprar el chasis para participar en la Fórmula Colombia. Amaya se amparó en la filosofía de su padre, Hernando, que alguna vez le dijo: haga lo que quiera, pero hágalo como los mejores .

Pionero, porque en su familia no había ninguna persona que estuviera inmersa en el mundo de los carros, tuvo que abrirse paso con su propio esfuerzo.

Con ese soporte moral, y con la convicción de que cualquier actividad deportiva que practicara tenía que agotarla hasta que su cuerpo llegara al límite, Amaya inició una de las carreras más reconocidas del automovilismo nacional de los últimos años, siempre patrocinado por Texaco.

Hoy, esa constancia y ese talento lo ponen como uno de los más firmes aspirantes al título de la Fórmula Cerveza Clausen-Renault, luego de cumplir, hasta el momento, una campaña casi perfecta: ha conseguido tres pole positions, seis triunfos parciales y tres éxitos en igual número de válidas celebradas.

El año en que arrancó, en 1987, se coronó como el mejor novato y fue tercero en la clasificación general de la Fórmula Colombia.

Pero así como hoy disfruta de las mieles de la victoria, también tuvo que afrontar momentos difíciles.

En 1988 hice mi primera carrera Barber Saab, en Estados Unidos. Desafortunadamente yo salí muy novato y pasar de manejar la máquina que conducía en Colombia a un turbocargado, con 165 caballos de potencia, en fin, fue un cambio muy brusco .

Esa novatada , como él mismo la llama, le costó varios días en una clínica luego de un fuerte accidente. Ese fue uno de los impulsos vitales para comprobar una vez más que lo que en verdad le gustaba en la vida era correr autos.

En 1989 compitió en Tampa y California, pero luego decidió devolverse, porque los costos tan elevados hacen muy difícil mantenerse en una categoría de ese nivel.

Amaya habla rápido. Antes de contestar piensa muy bien sus respuestas mientras mira los trofeos de natación golf y automovilismo que tiene en su habitación. Se sabe temperamental y perfeccionista, algo que, según él, le ha ayudado en su deporte. Es soltero.

Los hombres tenemos una parte artística y una parte deportiva. En mi caso, mi sueño artístico imposible es haber sido un gran pianista. En lo deportivo, también imposible, poder ser campeón mundial de Fórmula Uno .

Este hombre que pasa gran parte de su tiempo pensando en automovilismo y en su trabajo como ingeniero industrial, tiene otras inquietudes, un tanto extrañas, si se quiere, para el medio en el que se desenvuelve.

Hay dos temas: la evolución del ser humano y la genética. Me gustaría hacer una expedición al Africa para buscar el verdadero ancestro del hombre, por ejemplo. Lo de la genética es porque le da a uno explicaciones de las cosas .

A partir de ese momento, el automovilismo pasó a un segundo plano. Sus palabras iniciaron un acercamiento científico a un mundo que todavía no está muy claro para ningún ser humano, tampoco para él. Un viaje al pasado que sin lugar a dudas no podrá hacer en su bólido de la Fórmula-Renault.

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