DEL MAESTRO, A LO IRRACIONAL

DEL MAESTRO, A LO IRRACIONAL

No es la primera ni la última vez que tomo a Goya. Desde hace años ha aparecido intermitentemente en mi trabajo: las tablas azules alusivas a los Caprichos, las tablas recortadas con emblemas y símbolos acompañando la leyenda correspondiente al Capricho, los cuadros grises y negros abstractos. Y ahora las pinturas abstractas con el texto acompañante.

11 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Goya es un mediador de mi obra. A través de él hago un comentario a mi entorno. El, ante todo, es un artista de gran calidad humana. Y esto se transmite hasta en sus errores, que vistos en contexto confirman su inmensa capacidad de plasmar lo realmente verdadero de su mundo.

Precisamente él, quien es considerado un artista político, supo permanecer al margen de cualquier politiquería pero muy atento a los sucesos. Ante los desastres de la guerra no reaccionó como su contemporáneo David, con una retórica del heroísmo o amor por las ideologías, sino espantado ante el hecho mismo de la violencia.

Esto es algo muy típico en Goya: en su época hubo varios artistas que pintaban temas fantasmagóricos, pero en sus pinturas se ve cómo él se espanta ante sus mismas visiones, cómo no puede entregarlas sin pasión ni frialdad técnica, cómo no está distanciándose de manera explícita ni didáctica de sus motivos, pero tampoco ahogándose en su subjetividad.

Hay distintos motivos para seguirlo: su alto grado de espontaneidad, su continuo humor y desfachatez, su liberación de tecnicismos que hace que cada pintura cree una técnica, la encuentre en el mismo acto de pintar. Libre de formulismos y sin pregonar absolutos, sino todo lo contrario: ese espacio para lo incierto.

Su relación poco común hacia lo irracional como algo terrorífico y no como utopía le dan un toque esquizoide a su obra. La utilización de la sombra como pigmento negro, la fascinación suya por sucesos y pasiones, y mundos surreales, me recuerdan mi interés por la sicología, y me llena de imágenes de signos medievales.

Me parece significativo traer a colación los grabados de Goya con todos sus aquelarres, cuentos de muerte y amor, en un escenario tan parecido y al mismo tiempo lejano como es el de nuestro país, acá y ahora, un siglo después pintando la luz de otra historia. Las frases toman otros matices y los colores sirven de sostén a las palabras. Los signos se vuelven rastros de geometrías y el cuadro se va constituyendo en un camino abierto con capacidad para contener otras pinceladas .

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