EL ASCENSO DE UNA ESTRELLA

EL ASCENSO DE UNA ESTRELLA

Cansada de ser una mujer objeto posee un aire encantador, aunque lleva escondida una bestia por dentro.

09 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Michelle Pfeiffer nació un 8 de julio de 1957 en Santa Ana, California. Cuando estudiaba en el Instituto, decidió tomar clases de actuación, más que nada para evitar las engorrosas clases de lengua inglesa.

Su vida en el pueblo estuvo marcada por la salida del sol. A esa hora, la futura diva partía a trabajar como cajera de un supermercado y mientras apretaba las teclas de su máquina registradora, soñaba con tomar el bus que la llevaría a una ciudad vecina llamada Hollywood.

Su llegada a Beverlly Hills no fue lo que esperaba. El destino le deparó pequeños trabajos como modelo (de neumáticos y engranajes) y romances decadentes.

Pero todo esto cambió gracias a un comercial de jabón Lux. Así fue como su hermoso rostro y su espumoso cuerpo, dieron la vuelta al mundo.

Su primer trabajo cinematográfico fue una desgracia. Se tomó muy en serio el cuento de Olivia Newton-John y perdió el conocimiento al interpretar a la prima de Sandy, cuando enchufada en sus apretados pantalones de cuero mostró sus bellos ojos trasnochados en la cinta Brillantina II.

Brian DePalma la sacó del fango y la contrató para encarnar a Elvira, esposa de Al Pacino en Caracortada. Años más tarde, para el cineasta Richard Donner pone su rostro angelical en El hechizo del águila.

La carrera de Michelle se vio contaminada por Fuga al amanecer de John Landis. Pero la consagración se produjo cuando el director australiano George Miller reunió a tres diosas para la comedia Las brujas de Eastwick. En 1988 consiguió llegar a la meta: aparece en la portada de Vanity Fair. Y era la protagonista de tres películas: Casada con la mafia, Traición al amanecer y Relaciones peligrosas.

Así la carrera ascendente de Michelle comienza a despegar definitivamente. Por eso se puede hablar de un punto crucial que divide en dos la carrera de esta actriz: Los fabulosos Baker Boys, donde en la piel de Sussie Diamond cantó feelings entregada en cuerpo y alma, encaramada en el piano de Jeff Bridges.

Después del fracaso de Conflictos de amor y de La casa Rusia, Michelle consiguió el papel anhelado, gracias a Martin Scorsese, quien la adornó con encajes, con una personalidad nerviosa y su dulce lenguaje cargado de veneno, en el cautivante papel de la Condesa Olenska en La edad de la inocencia. Y continuó su carrera con Mentes brillantes.

Hoy la puede ver en la nueva película de Jon Avnet, Intima y muy personal, encarnando a Tally Altwater, una muchacha ambiciosa que abandona Las Vegas y decide buscar fama y fortuna. Encuentra trabajo en Miami en una minúscula estación de televisión y gracias a la ayuda del veterano periodista Warren Justice (Robert Redford), pronto se convierte en una verdadera diva de los noticieros nocturnos.

Entre lecciones de urbanidad y reportajes, Warren pasa a ser el mentor y la principal motivación de Tally y de esa relación profesional nace una inevitable atracción amorosa.

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