TELA PARA CORTAR

TELA PARA CORTAR

La editorial de la Universidad del Valle ha publicado en tres tomos, y un millar de páginas, uno de los más extensos estudios de las literaturas que surgieron en nuestro continente una vez terminadas las guerras de independencia. Literaturas de América Latina analiza y muestra los trabajos de algo más que un centenar de autores clasificados en siete capítulos, desde La declaración de independencia intelectual hasta el Fin de siglo. Obra polémica, hermosamente escrita, pretexto para recrear una escritura aguda, con la erudición de un hombre que visitó oportunamente las bibliotecas de Europa, el texto de Alvarado Tenorio --dice Jaime Galarza Sanclemente, rector de la Universidad - marcará una fecha en la historia del ensayo crítico entre nosotros . Es igualmente --agrega-- un balance de culturas literarias tan disímiles como las de América Latina, pero que nuestro autor agrupó con el ideal martiano de Don Pedro Henríquez Ureña .

26 de noviembre 1995 , 12:00 a.m.

Cuánto ha tardado haciendo este libro? Lo inicié en New York en 1982 cuando me di cuenta cómo eran de grandes las lagunas que tenía respecto de la historia y el desarrollo de nuestras literaturas, y de la ignorancia que tenía de las literaturas de Brasil. Como en el caso de algunos otros de los libros que he hecho, por ejemplo las traducciones de Kavafis o de Eliot, siempre he partido de la idea de hacer algo para entender lo que no he podido conocer bien. Yo había sido ya para entonces profesor de literatura hispanoamericana, pero nunca había emprendido una lectura sistemática de los libros y la mayoría de las veces había seguido trabajando con las historias de nuestras literaturas, redactadas por españoles, latinoamericanos trasterrados o por profesores norteamericanos.

Quizá siguiendo los modelos de investigación de Hauser, Toynbee, Mommsen o Spencer, mi ambición fue hacer un recorrido exhaustivo por los hechos sociales e históricos de nuestras sociedades desde los años de las guerras de independencia y luego ir trazando paralelos con los movimientos literarios surgidos en cada período y así ir señalando por cuáles motivos unas obras se habían destacado mejor que otras y luego otras habían sido rescatadas de aparentes olvidos, idea que me atrajo siempre luego de las varias lecturas que hice en mi juventud de un libro de Curtius sobre las literaturas europeas y el latín medieval.

En España había conocido las obras de Menéndez Pelayo, en especial Las ideas estéticas en España y la Historia de la poesía hispanoamericana, que digan lo que digan quienes contradicen y desdeñan al erudito, son grandes esfuerzos por entender el paso del tiempo y sus efectos en las artes literarias. Otros libros de esa índole que también conocí fueron los de García Gómez y Asín Palacios sobre la cultura del Al-andaluz, que me revelaron cómo en nuestros propios países estábamos en pañales en materia interpretativa del surgimiento de nuestras almas modernas. A eso hay que agregar la revelación que causó y sigue causando en muchos de los estudiantes de literatura los trabajos de Henríquez Ureña, que yo vine a conocer en las clases de un dómine que repetía textualmente, mezclados, los capítulos de Henríquez y los de Picón Salas.

Pero me estoy apartando de la pregunta y mejor será decir que ante la magnitud de la empresa y ante mi ignorancia, opté por organizar cientos de archivos con los materiales que fui encontrando en New York y durante mis visitas a España y a algunas bibliotecas alemanas, como la que existe en Berlín en el Instituto Latinoamericano, hasta llegar a tener una masa enorme de información sobre el asunto, que traje a Bogotá. También viajé a México y algunas capitales del Caribe. Y en Venezuela, en el Instituto de Estudios Literarios de Mérida, que tiene muchos archivos sobre autores de ese país y que de la manera más generosa me permitieron usar. Con esos materiales inicié en forma sistemática la confección del libro. La revisión final la vine a hacer en Beijing, donde fui invitado por mis amigos chinos para que pudiese terminar el trabajo, y al paso hacer una traducción de un centenar de poemas eróticos chinos de todos los tiempos, luego que ellos conocieran de las dificultades de tiempo que tenía en la Universidad Nacional.

Qué sistema de trabajo o metodología utilizó? Nuestros profesores de la Universidad del Valle (Bucher, Zalamea, Stresino, Newbauer, Langford o Romero Lozano) no hicieron de nosotros marionetas de sus ideologías y menos golems de sus personalidades. Eran profesores que se dedicaban a la lectura de las obras y que ofrecían interpretaciones, personales o de escuela, pero nunca conculcaron nuestras voces mediante esas camisas de fuerza que ahora se conocen como marcos teóricos. Es cierto que muchos leíamos en Marx y mucho en Frazer, Levy Strauss, Althousser y hasta en Foucault, pero el crítico literario que más me ha atraído ha sido Wilson, porque seguía esa opinión de que para entender mejor la anatomía del mono había que conocer primero la del hombre, y por el uso que dio al lenguaje cotidiano del periodismo para ofrecer lecturas polémicas de sus contemporáneos.

Yo he seguido en parte sustancial ese modelo. He leído directamente las obras de los autores, he indagado en sus épocas y sus vidas, luego me he enterado de lo que pensaron los lectores heterodoxos de su tiempo sobre esas obras y, por último, he recurrido a la crítica llamada tradicional y la académica y, al final, opiné desde mi propio caletre sobre el asunto. Y aquí interviene Borges. Porque mi interés primordial es artístico, no ideológico ni político, y menos sociológico. El alma de los pueblos es poesía, es una entonación para hablar de los varios presentes abolidos pero vivientes como karmas en las interpretaciones que han hecho los poetas. Lo que perdura de un escritor es su tono, su dicción, su personalidad que vacía en la escritura. Leer a nuestros escritores, aliviándoles de los lastres interpretativos de sus contemporáneos o los manipuladores de la lectura mediante posturas teoréticas, allí podría estar la originalidad de mis ensayos. En todo caso, siempre he elegido las voces y tonos que me parecen son más perdurables y más poéticos que otros en cada autor.

No faltara quien cuestione su arbitrario criterio al hacer la antología; así usted diga que no es una antología lo que acompaña sus estudios sobre los autores, sino ilustraciones a los mismos...

El adjetivo arbitrarius (dudoso, duda ) está emparentado con el nombre arbitrium (juicio) y cuando uno está confeccionando una obra de arte, eso pretendo sea mi trabajo, el albedrío es parte sustantiva en la selección de los materiales con los cuales hacer la obra. La idea de incluir textos que ilustraran mis lecturas de las obras y los momentos de que hablo, surgió como una alternativa al aburrimiento que produce leer textos interpretativos sin los referentes precisos. Hablar de obras y sucesos y no poder tener al menos, por un momento, a mano, algo de ellos, produce tedio y crea sospechas, convirtiendo al crítico, a los ojos del lector no avisado, en una suerte de tirano de la opinión. Así que quise que el lector tuviese al lado algunos fragmentos del tono, al menos, del autor al que vengo haciendo referencias. Y, por qué no, también como descanso a mi voz, a mi extenso intento por entablar una conversación con el lector de mis textos. Como no se trataba de una antología en el sentido tradicional, lo mejor del autor , en cada caso introduzco esos fragmentos de obras o piezas completas de poesía, sea prosa o lírica, para ir tejiendo también un vasto tapiz de la cultura literaria de América Latina. Mi intención es que quien lea la obra completa pueda tener mis opiniones, la voz del autor y los signos arqueológicos de su historia y en no pocas ocasiones noticias sociales y periodísticas de sus vidas. A ello agrego las bibliografías más precisas sobre cada autor y un listado hemerográfico de las interpretaciones y los nombres de los intérpretes. (Fragmento)

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