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LLANTO Y ALEGRÍA POR NAUFRAGIO DEL PACÍFICO

LLANTO Y ALEGRÍA POR NAUFRAGIO DEL PACÍFICO

El Mulatos una embarcación que zarpó de Buenaventura el 24 de enero desapareció para siempre hundida en el Océano Pacífico. De sus ocho ocupantes, cinco sobrevivieron a la odisea y tres perecieron a causa del hambre y la insolación. Sus cuerpos yacen ahora en el fondo del mar.

Tres de los sobrevivientes fueron rescatados a los cinco días del desastre por el buque Tolimense , a 18 millas de la isla Malpelo. Los dos restantes aparecieron en Costa Rica el domingo anterior.

Llegaron débiles, cansados, pero con la satisfacción de haber alcanzado tierra firme con vida.

La tragedia se inició el 28 de enero cuando la embarcación hizo agua. Lo único que logró rescatar el cocinero Julio Estupiñán fue un galón de agua, diez plátanos y cuatro cocos. Eran todas nuestras provisiones y esperanzas de supervivencia. Aguantamos en los flotadores , afirma Milton Salcedo, un joven de 30 años. Quince días perdidos en el Pacífico Cuando el agua empezaba a inundar el barco pesquero, su dueño Azael Reina se quejó a viva voz que no tenía plata para reparar ese daño. Por eso, intensificó la faena de pesca, que permitiera a su regreso financiar el arreglo.

Sin embargo, el agua siguió ascendiendo en su nave, El Mulatos hasta que desaparecería en las profundidades del mar, a 120 millas de la isla de Malpelo, y que similar suerte correría él en aguas costarricenses.

La imagen de preocupación y angustia de Reina es lo que más recuerda Milton Salcedo, capitán del buque pesquero. El agua cada vez más abundante que ingresaba por el casco del buque terminó por alarmarnos a todos y cuando fue superior a la que extraían tres motobombas, comprendimos que naufragaríamos , anotó.

Eso fue el 28 de enero, cuatro días después de partir de Buenaventura. A las cuatro de la tarde de ese día empezó a penetrar el agua. Dos horas después desaparecería en las profundidades del Océano Pacífico a 120 millas de la isla Malpelo y 260 millas de Buenaventura. Con ella se hundieron también las tres toneladas de pesca que habían logrado.

Minutos antes que zozobrara, en una carrera contra el tiempo en la que estaba en juego su supervivencia, improvisaron una lancha con varios flotadores y madera.

Lo único que logró rescatar el cocinero Julio Estupiñán fue un galón de agua, diez plátanos y cuatro cocos. Eran todas nuestras provisiones y esperanzas de supervivencia, y en la improvisada embarcación, los ocho quedamos impotentes en la inmensidad del mar. Pese a la estrechez, sentimos el desamparo más absoluto afirma Salcedo, un joven de 30 años.

El es uno de los cinco náufragos rescatados después de permanecer ocho días en altamar. Tres tripulantes más de El Mulatos no lograron sobrevivir a la odisea, entre ellos el armador Reina.

Tres días tomamos pequeños sorbos de agua, en tanto que todo nuestro alimento consistía en trozos de coco , agrega Salcedo. Las provisiones se terminaron al tercer día.

Sin equipos de comunicación y terminadas las provisiones, comprendieron que eran casi nulas las posibilidades de sobrevivir. Entonces, decidieron que tres de ellos se movilizaran a remo para buscar ayuda, mientras los cinco restantes permanecían en un balsa protegiéndose del sol con una lona.

Fueron escogidos para la búsqueda de ayuda, además de Salcedo, el maquinista Alejandro Estupiñán Yesquen e Isaías Estupiñán. En la balsa siguieron Azael Reina, Prisciliano Vivas, los hermanos Noel y Rufino Estupiñán y Gilberto Vivas Miranda.

Salcedo anota que improvisaron una vela. Así, alternaban el trabajo de remo con los desplazamientos que facilitaban los vientos. Lograron avanzar unas 80 millas, guiados por un navegador portatil y la carta de navegación.

Durante cuatro días solo bebimos agua de mar en pequeñas cantidades para evitar la deshidratación. Un pececillo que cayó a la embarcación nos alivió el hambre. Lo comimos crudo y en esas circunstancias nos pareció delicioso , recuerda.

Dos días después de permanecer en altamar fueron divisados por el buque Tolimense , que se hallaba a 18 millas de Malpelo.

Los tres hombres dieron aviso a las autoridades portuarias sobre la incierta suerte que corrían los cinco restantes tripulantes de la motonave El Mulatos .

Inútiles resultaron los esfuerzos de los buques de la Armada Nacional y los pesqueros alertados en la zona. Parecía que el mar los hubiera devorado.

Después de 18 días, desde la partida de El Mulatos de Buenaventura, una llamada desde Costa Rica informó del rescate de dos de los restantes cinco náufragos.

En el hospital del puerto de Golfito, en Costa Rica, permanecen Rufino Estupiñán y Gustavo Vivas Miranda. No resistieron el hambre y la insolación Azael Reina, de 66 años, Prisciliano Vivas y Noel Estupiñán.

De acuerdo con el diálogo telefónico que Rufino Estupiñán sostuvo con familiares en Buenaventura, durante unos días viajaban con quienes morían, con la esperanza de divisar algún barco y retornar el cadáver a Buenaventura.

Sin embargo, ante la descomposición de los cuerpos, debían arrojarlos al mar.

Ahora sigue el drama para la repatriación de los colombianos rescatados el domingo en la mañana por el pesquero Diana María , de bandera panameña, en aguas costarricenses.

Alberto Oviedo, yerno de Azael Reina, una de las víctimas de la odisea que vivieron los ocho hombres de mar, dijo que hasta la llamada de la embajada colombiana en Costa Rica deben cancelarla ellos, según la exigencia inicial de una funcionaria de la representación diplomática.

También se les interrogó sobre las posibilidades económicas y la necesidad que ellos costearan el regreso de Estupiñán y Vivas. Ahora los dos hombres se reponen en un hospital de El Golfito, y serán trasladados el jueves a la capital, San José. La incertidumbre sobre el regreso hace más larga esta odisea de los dos pescadores, que parece no tener fin. Así se hundió El Mulatos El buque El Mulatos , construido en madera y destinado a la pesca blanca, desapareció dejando un pequeño remolino y una estela blanca sobre la superficie del mar.

Los ocho tripulantes contemplaron la escena desde una embarcación improvisada.

Alejandro Estupiñán, uno de los sobrevivientes, recuerda que sintieron frustración porque el esfuerzo que hicieron para reparar el buque resultó inútil, y miedo al saber que se reducían sus posibilidades de sobrevivir. Esta fatalidad alcanzó a tres de ellos.

El Mulatos , de matrícula MC 1-340 de Buenaventura, llevaba cinco años recorriendo el Litoral Pacífico colombiano. Tenía una eslora de 19,2 metros y cinco de manga.

Debía ser reparado a su regreso. Según Estupiñán, la tripulación se había mostrado inquieta por el mal estado del buque. Sin embargo, ante los apremios económicos, decidió embarcarse. Cuatro días después empezaría la odisea de los ocho hombres. Para tres de ellos, curtidos por el sol y la brisa marina, ese mar que tanto amaron y desafiaron, terminó siendo su sepultura .

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