¿Esto es real...?

¿Esto es real...?

27 de junio 2011 , 12:00 a.m.

A los 34 minutos del segundo tiempo, la hinchada de River ensayó un canto que quería ser adhesión, esperanza hacia el futuro: "Volveré, Volverééé..." Aunque faltaban 11 minutos más el descuento (siempre generoso, tratándose de River), la gente estaba entregada. Sabía que ni jugando un año entero harían dos goles. No había fútbol, no había fuerzas ni corazón para revertir este destino cruel. Se veían descendidos.

El 26 de junio de 2011 quedará incrustado para siempre como una flecha de fuego en millones de corazones riverplatenses. Es difícil explicar hacia el exterior lo que esto significa. En la Argentina el fútbol es esencialmente pasional. Y el descenso es un estigma imborrable. Dan ganas de hacer un pozo, meterse adentro y no salir por mucho tiempo.

Si hace dos años se hubiese hecho una encuesta con la pregunta "¿Usted cree que River se puede ir a la B?", el ciento por ciento habría votado NO. River es el club con las máximas estrellas del fútbol argentino, las surgidas del semillero y las contratadas de afuera. Los dos primeros futbolistas sudamericanos que ganaron el 'Balón de Oro' de Europa, en los 50 y los 60, fueron Alfredo Di Stéfano y Enrique Omar Sívori, dos genios 'millonarios' nacidos en el club. River es el Real Madrid antes del Real Madrid, el Milán antes del Milán. El club que más títulos ha ganado en el fútbol argentino, el que lidera la tabla histórica, el que ha hecho más goles, el que más jugadores ha dado a la Selección... Boca, River e Independiente eran hasta este domingo los únicos tres gigantes que nunca descendieron. Todos pasan largamente los cien años de vida. También ese blasón ha perdido.

Dos clubes tradicionales acaban de descender: Huracán y River. Ambos son presididos por dos ex glorias enormes en pantalones cortos: Carlos Babington y Daniel Passarella. Esto les sirve a los futbolistas para revisar sus conceptos sobre los dirigentes. Siempre vilipendian a la dirigencia, que son ineptos, que nunca tocan una pelota, que esto y aquello... La cancha es una cosa; el escritorio, otra.

¿Qué lo llevó hasta el cadalso? Una pésima gestión del presidente anterior, José María Aguilar, que en ocho años sumó un desacierto al otro y dejó un club endeudado, con un plantel pobre y raquítico en puntos. Passarella lo tomó en terapia intensiva y no pudo salvarlo, aunque la prensa lo sindica como alto responsable. Su gravísimo error fue darle la dirección técnica a un ex ídolo, Juan José López, que ya tenía tres descensos en el lomo, con Instituto, Unión y Talleres. Quince años atrás, Enzo Francescoli levantó la Libertadores. Era el éxtasis total. Ahora, habrá que levantar la cabeza y darle para adelante. No queda otra, River: la vida sigue.

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