EL TIOVIVO DE LA INTEGRACIÓN

EL TIOVIVO DE LA INTEGRACIÓN

Una de la realidades mas importantes del momento es que el nuevo ordenamiento económico de globalización cambió quizás de manera irreversible la estructura productiva de muchos países y que la conformación de bloques o áreas comerciales modificó quizás en forma definitiva los riegos y las oportunidades que tienen las empresas para competir eficientemente en la economía mundial.

05 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Si a lo anterior le sumamos fenómenos que se han venido presentando en los últimos años tanto en países desarrollados como en los que no lo son, tales como el desempleo, el lento crecimiento económico y la imposibilidad de los Estados de cumplir con sus responsabilidades sociales, es aún mas claro que la integración entre Naciones o entre bloques va mucho mas allá de los simples efectos en el comercio exterior, para convertirse en factor determinante del desarrollo hacia el futuro.

Es claro además, que esta temática en la nueva agenda internacional no es preocupación exclusiva de los países subdesarrollados, como comúnmente se piensa. Los países mas avanzados también están viendo con inquietud la injerencia de los primeros en sus economías, razón por la cual han planteado recientemente el dumping social , como la supuesta deslealtad en el comercio internacional en favor de los países con salarios nominales mas bajos y condiciones de trabajos menos exigentes.

A pesar de las dificultades imperantes y de los factores recesivos en la economía mundial, los países en vía de desarrollo han cifrado buena parte de sus esperanzas de crecimiento económico y desarrollo social en la apertura de sus economías, buscando acceder por esta vía a una mayor estabilidad y mejores condiciones de vida para sus nacionales.

Colombia no ha sido ajena a esta tendencia mundial, habiéndose colocado especialmente desde el gobierno Gaviria a la vanguardia de muchos aspectos de la integración entre Naciones, tanto a nivel bilateral con acuerdos celebrados con múltiples países, como a nivel multilateral habiendo logrado un papel protagónico como hilo conductor del proceso de integración en Latinoamérica y como actor de nuevas realidades como el Libre Comercio y la Unión Aduanera en el Grupo Andino y el Acuerdo de Libre Comercio en el Grupo de los Tres, amen de otros acuerdos como el de Libre Comercio con Chile.

Sin embargo, los acuerdos comerciales y de integración no son ni buenos ni malos pero se constituyen sin duda causa eficiente mas no suficiente del nuevo exitoso proceso de industrialización orientado hacia la exportación que han vivido algunos países asiáticos, europeos y recientemente latinoamericanos. Sin embargo, no todos los modelos o instrumentos exitosos en un país tienen éxito en todos los país, pues las estructuras productivas, la calificación del recurso humano, la disponibilidad de materias primas e insumos, el costo del capital, la calidad de la infraestructura física y la productividad de la mano de obra, son diferentes entre unos y otros y por tanto sus aptitudes como actores en acuerdos comerciales y de integración difieren.

Entendido lo anterior, resulta evidente que la celebración de acuerdos con otros países es tan solo una de las múltiples herramientas de la política de desarrollo y crecimiento que puedan adoptar las naciones, pero que corremos el riesgo de asumir costos muy altos en la estructura productiva: pérdidas adicionales de empleo e inmensas frustraciones, si dichos acuerdos no se instrumentan adecuadamente; si no se hace el seguimiento debido a los mismos para promover los ajustes requeridos; si el proceso no guarda coherencia y continuidad; si no hay una política nacional en la que participe como aliados el gobierno, el sector empresarial y los trabajadores que se encuentre deliberadamente dirigida a aumentar la competitividad del país, de sus empresas y de sus productos para lograr un mejor dominio del mercado local y un mayor desempeño en los mercados externos y: sobre todo, si los acuerdos comerciales y la integración no generan en definitiva mayor desarrollo y mejor calidad de vida a los colombianos del siglo XXI.

Sin duda al gobierno actual como al pasado y a todos los que están por venir, les interesa el bienestar de los colombianos y de las empresas nacionales pero estamos haciendo lo necesario para que ello se logre efectivamente? Estamos convirtiendo esta internacionalización de nuestra economía y estamos utilizando la globalización como herramientas para mejorar el nivel de vida del pueblo colombiano? Estamos aprovechando los beneficios de tener mejores condiciones importación como materias primas, bienes de capital y recursos tecnológicos que las que teníamos hace tan solo cinco años? Estamos de verdad usufructuando el contar hoy con condiciones preferenciales de acceso a los mercados mas desarrollados y con mayor capacidad de consumo como son Estados Unidos y la Unión Europea y el haber celebrado Acuerdos de Libre Comercio con el Grupo Andino, con México y con Chile? Problema de coherencia Si analizamos el desempeño comercial de los últimos años, vemos con preocupación el déficit comercial con algunos de nuestros socios mas importantes. Nos remitiremos al comportamiento del comercio con México, Venezuela, Chile, Ecuador y Perú, para tratar de determinar si el desempeño de las relaciones comerciales con algunos de nuestros socios mas significativos guarda coherencia.

Veamos entonces el comportamiento general de las importaciones frente a las exportaciones de Colombia con sus socios mas importantes en América Latina: EXPORTACIONES DE COLOMBIA 1992 1993 1994 1995 País (Var.%) (Var.%) (Var.%) (Var.%) Venezuela 37.6 19.8 (22.89 74.4 Ecuador 20.6 42.8 47.2 30.6 Perú 16.1 (15.2) 11.4 139.2 Chile (42.5) (8.9) 24.2 18 México 28.5 15.9 33.8 (16.7) Fuente:ECONOMIA ABIERTA, No. 4, mayo 1996, Ministerio de Comercio Exterior.

IMPORTACIONES HACIA COLOMBIA País 1992 1993 1994 1995 Venezuela 38.9 127.4 19 18 Ecuador 93.7 141.3 40.4 4.3 Perú (17.4) 1.3 9.3 22.8 Chile 54.8 (7.7) 70.4 52.3 México 13.2 51.7 13.8 53.2 Fuente: ECONOMIA ABIERTA, No. 4, mayo 1996, Ministerio de Comercio Exterior.

Vista en forma global, la balanza comercial de Colombia pasó de una cifra superavitaria de US$ 2.192 millones en 1991, a una balanza deficitaria que para el año anterior alcanzó los US$ 4.097 millones.

Analizando el asunto por países, vamos el comportamiento en cuanto a Ecuador: En el caso de Ecuador, la balanza entre los dos países ha sido superavitaria para Colombia. En el año 1994 fue de US$ 56 millones, mientras que para 1995 reflejó un crecimiento que la colocó en US$ 142 millones.

Lo mismo sucede en el caso Peruano, en que la balanza comercial pasó de US$ 133 millones a favor de Colombia en 1994 a US$ 435 millones en 1995.

Las tendencias observadas en los casos de Perú y Ecuador no obstante, es completamente diferente a la que se percibe a otros de nuestros socios mas importantes, como son Venezuela, México y Chile.

Venezuela: En este caso, la tendencia es similar a la de la balanza global, en la medida en que de una balanza superavitaria para 1991 y 1992, se pasó a una deficitaria a partir de 1993, que en el año anterior alcanzó los US$ 419 millones de dólares, US$ 200 millones menos de déficit que en 1994, gracias al control de cambios venezolano que nos otorgó un margen adicional de preferencia en el vecino país, lo cual no habrá de repetirse este año, en el que probablemente que nuestro déficit con Venezuela se incremente otra vez en forma sustancial.

En el caso Mexicano, la balanza comercial entre los dos países ha sido crecientemente desfavorable a Colombia conservando esta tendencia hasta el momento. En 1994 el déficit de Colombia,, fue de US$ 189 millones de dólares, mientras que para 1995 fue de US$ 362 millones con un crecimiento del 58% en nuestras importaciones del país azteca, las cuales llegaron a 452 millones en 1995.

Cosa parecida sucede con Chile. Con dicho país, la balanza comercial fue positiva para Colombia hasta 1993 (US$ 18 millones). Sin embargo desde 1994 la balanza comercial se invirtió y es hoy en día favorable a Chile, habiéndose llegado en 1995 a US$ 59 millones.

No cabe duda que no se puede calificar como objetivamente bueno u objetivamente malo el que la balanza comercial sea positiva o negativa con tal o cual país. En cada caso, dicha valoración depende de sus circunstancias específicas del intercambio comercial, de los productos de que se trate y sin duda de las perspectivas futuras que se deriven de la tendencia, en la medida en que el país deficitario se esté preparando para mejorar cuantitativa y cualitativamente sus exportaciones hacia cada país.

Lo anterior nos sugiere que si el comportamiento comercial de Colombia con sus diferentes socios no ha resultado homogéneo después de la celebración de los acuerdos comerciales, es quizás porque la instrumentación y la continuidad en la política de desarrollo industrial y exportador así como la propia posición del sector empresarial sobre el sostenimiento de la política de internacionalización y su deseo de participar en las negociaciones que se desarrollan en el continente, ha sido errática durante el mismo período.

En efecto, mientras unas veces se anuncia la profundización de los acuerdos comerciales al interior del Grupo Andino y la puesta en marcha de mecanismos como la Comisión Administradora del acuerdo del G3, a los pocos días se insinúa la denuncia de los acuerdos con Venezuela y con México debido en buena parte a presiones puntuales del sector privado.

Mientras que hace pocos meses se hablaba de mejorar la concertación entre gobierno y empresarios para priorizar las negociaciones de Colombia dentro del ALCA, recientemente por fortuna, se ha reiniciado el proceso de discusión sobre la negociación con el Mercosur, teniendo en cuenta que este ha venido avanzando sistemáticamente como una fuerza centrífuga que fue capaz de negociar acuerdos marco de libre comercio con la Unión Europea y acuerdos de complementación económica con Chile y con Bolivia y que una estaba logrando avances importantes en igual sentido con Venezuela y aparentemente con Perú.

Pérdida de tiempo Mientras que hace un tiempo Colombia defendía en el GATT (hoy OMC) la necesidad de los países en vías de desarrollo de mantener un tiempo adicional instrumentos de estímulo y apoyo a las exportaciones, hoy se disminuyen los porcentajes del CERT y se discute sobre la conveniencia de expedir un cuerpo normativo que vuelva a las zonas francas colombianas mas atractivas que las centroamericanas y de las del Caribe por las condiciones desiguales para las industrias que estarían fuera de zona franca, como si el problema mayor de nuestra industria no fuera el contrabando derivado de la falta de aduanas (hay que vencer el sofá).

Mientras Colombia se apresta a desmontar el Plan Vallejo para cumplir como siempre con sus compromisos dentro del Grupo Andino, Venezuela anuncia para el próximo mes la expedición de un marco legal de nuevos instrumentos de estímulo a sus exportadores.

En fin, son demasiados ires y venires, que desgastan, desconciertan y definitivamente hacen perder un tiempo valioso que nunca podremos recuperar. Es hora ya de que el sector productivo, (empresario y trabajadores) y el gobierno colombiano definan y ojalá suscriban un Acta de Compromiso a largo plazo sobre el modelo de desarrollo económico y la participación que queremos tener en la agenda comercial de la región, para que las posiciones erráticas se cambien hacia derroteros firmes en un escenario internacional que se mueve y efectivamente avanza aceleradamente día tras día, mientras que el avance que vemos en Colombia se nos asemeja cada vez más al tiovivo de un carrusel en el que todo se mueve pero todo sigue en el mismo lugar.

En la actual economía mundial dar movimientos en falso es sin duda peligroso aunque siempre haya la oportunidad de ajustarse. Sin embargo, también es peligroso y muy costoso avanzar hoy un paso hacia el norte para retroceder mañana con un paso tímido hacia el sur, lo que quizás nos deja colocados en el punto inicial del carrusel mientras los demás actores del circo ya definieron claramente en cuál escenario quieren estar para la próxima función.

No existe la posibilidad de que Colombia logre un papel protagónico y positivo para nuestro desarrollo futuro en la integración del continente, si no logramos un compromiso claro y permanente de nuestros empresarios y del gobierno que permitan definir unas reglas claras y estables sobre el juego que como nación queremos jugar en el próximo siglo.

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