Comprando tiempo

Comprando tiempo

23 de junio 2011 , 12:00 a.m.

A juzgar por las afirmaciones del Informe Semanal de Política Exterior, una publicación de Estudios de Política Exterior, de España, la posible firma de un nuevo acuerdo de ayuda a Grecia no será nada distinto a una clásica 'compra de tiempo', pues en el mejor de los casos se volverán a postergar las decisiones sobre una mayor coordinación de las políticas fiscales de la Zona del Euro hasta después de julio del 2013, cuando entrará en funcionamiento el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Según lo anota la publicación, en la reciente visita de Angela Merkel a Estados Unidos, Obama le advirtió a la canciller que esperaba que Alemania "impidiera una espiral descontrolada de defaults" en Europa para evitar un daño 'desastroso' a la economía mundial". "Si el euro está en peligro", replicó Merkel, "Alemania actuará con determinación, pero lo hará de modo que sea sostenible".

Lo que Alemania entiende por sostenible se verá en el Consejo Europeo del 23 y 24 de junio. Con todo, los antecedentes permiten anticipar que en esa reunión se suscribirá un nuevo acuerdo, pero dentro de las condiciones anotadas.

Aunque los germanos ya han reconocido que el problema de Grecia, que se hunde bajo el peso de una deuda de 330.000 millones de euros (150% del PIB), no es de iliquidez, sino de solvencia, por lo que proponen un canje de los bonos griegos por otros nuevos que prorroguen siete años el vencimiento de sus pagos, lo que podría costar unos 20.000 millones de euros para recapitalizar los bancos griegos.

Viendo las cosas muy bien, cabe señalar que los problemas estructurales de la economía griega no permiten esperar que las ayudas vayan a lograr un superávit fiscal primario. Sólo los vencimientos de sus bonos absorberán 40.000 millones de euros en los próximos 18 meses. El desempleo ya está en el 16%. Desde el 2000, el déficit comercial medio ha estado cerca del 10% del PIB, debido a que las exportaciones han caído un 12%. Los costos laborales unitarios han aumentado un 40% desde la adopción del euro. En el 2009, la productividad estuvo un 44% por debajo de la zona del euro. Para pagar todas sus deudas a tiempo, la economía tendría que crecer un 12% anual durante más de 30 años.

Entre el 2001 y el 2008, el crecimiento promedio fue del 3,9%. Sin embargo, nadie en Grecia plantea una salida del euro.

Los más optimistas creen que ante ese dilema, la Unión Europea tarde o temprano avanzará hacia una unión política más estrecha que se traducirá en la designación de un ministro de Finanzas europeo que vigilará el gasto público de los países del euro, en una supervisión bancaria centralizada y la emisión de un bono único de la región. Si la economía de los países periféricos continúa estancada, muy pronto se sabrá si los europeos están dispuestos a dar ese paso y si el euro es sostenible políticamente.

Si por alguna circunstancia se aceptara la fórmula del canje, la presión de los mercados forzaría una solución de compromiso. La alternativa quizá menos probable, pero de ninguna manera descartable, sería una crisis financiera similar a la que siguió a la quiebra de Lehman Brothers, porque el miedo al contagio provocaría una fiebre vendedora de todo tipo de papeles de deuda privada y soberana. Menudo lio en que se encuentra la Unión Europea y su moneda. Pero también el nuestro.

Gabriel Rosas Vega Ex ministro de Agricultura gabriel rosas vega rosgo12@hotmail.com

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