'Tenía que asumir mi responsabilidad'

'Tenía que asumir mi responsabilidad'

Esos segundos, cinco, diez, quince, no salen de su cabeza. ¿Por qué no vio al patrullero?, ¿por qué manejó esa noche?, ¿por qué eligió ese carril?, ¿por qué le pasó eso a ella? ¿Por qué?

22 de junio 2011 , 12:00 a.m.

Han pasado dos semanas desde que María Inés Agudelo Valencia -hoy ex gerente general del Instituto Nacional de Concesiones (Inco)- atropelló a un auxiliar de policía mientras conducía por la Autopista Norte de Bogotá, de regreso del restaurante Andrés Carne de Res y con unas copas del alcohol en su cuerpo. El accidente le significó dejar su cargo -al que había llegado en noviembre del año pasado con el reto de sacar al Inco de la mala reputación que lo persigue- , pero, sobre todo, le generó una carga de ansiedad de la que aún no sale. Tuvieron que pasar ocho largos días después del accidente para que pudiera dormir unas cuantas horas seguidas. Y lo consiguió porque se llenó de medicamentos para aliviar una gripa. Muchos años llevaba sin que un virus entrara en su cuerpo, pero esta vez la pilló baja de defensas. Así se siente: con las defensas abajo.

Hoy, Agudelo está todavía sentada en el escritorio de la gerencia general del Inco, dándoles las últimas puntadas a los informes que resumirán lo que fue su gestión de estos siete meses. "La renuncia fue una decisión difícil, porque el instituto vive un proceso importante de transformación -dice-. Pero era inevitable: tenía que asumir mi responsabilidad". Sobre todo porque se trataba de seguir en un sector en el que la seguridad vial es tema esencial, y en momentos en que el ministro de Transporte, Germán Cardona, su jefe inmediato, apoya en el Congreso el proyecto de ley que propone penalizar con cárcel a conductores ebrios.

Pese a lo inevitable de la decisión, la idea de dejar el cargo llegó ocho días después del accidente. El domingo 5 de junio, recuerda, había llegado al restaurante hacia las cinco o seis de la tarde. La esperaban unos amigos. Llegó con muchísima hambre: "Comí mucho y bailé varias horas. Por eso sentí que las copas de vino que me tomé no me habían hecho daño", afirma.

Al salir, con algunos amigos, ella no dudó en manejar su BMW, sin pensar en un posible conductor elegido. "Esa opción no se tocó porque no me sentía mal", dice. Hoy reconoce que gracias a que no iba manejando a alta velocidad los efectos sobre el patrullero -César Andrés Ceballos, de 20 años- no fueron más graves. Ceballos sufrió una fractura de la clavícula derecha, trauma craneoencefálico moderado y laceraciones en el cuerpo.

-Yo lo golpeé, él cayó, se levantó, dio unos pasos y volvió a derrumbarse...

A medida que habla, revive el momento en su memoria. Ahora está algo más tranquila, pero lo peor lo vivió la primera semana, los primeros días en los que estuvo concentrada en la salud del atropellado. "Era lo que me preocupaba.

Después, empezaría a ver qué iba a hacer yo". También la inquietaba otra cosa: "Me aterraba que el hecho se fuera a conocer en la opinión pública antes de que yo diera la cara, de que fuera yo quien lo comunicara. Pero, como gerente del Inco, ¿de qué forma lo iba a enfrentar? Eso era algo que me atormentaba". En efecto, el accidente se hizo público ocho días después de sucedido, cuando el Ministro de Transporte comunicó en rueda de prensa que la gerente del Instituto Nacional de Concesiones presentaba su renuncia. "Fueron ocho días de pesadilla -dice Agudelo-. Sabía que era algo que no podía quedar guardado. Si nunca se hubiera conocido públicamente, yo no iba a estar en paz".

*** María Inés Agudelo, economista de la Universidad de los Andes, doctora en Economía del Birkbeck College, de Londres, había aceptado el cargo en el Inco cuando su vida se desarrollaba con calma en Washington, como consultora del Banco Interamericano de Desarrollo. Había sido representante de Colombia ante el Banco Mundial y había estado en el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, a esta bogotana le hacía falta su país y sentía que era el momento para volver. Por eso, cuando le ofrecieron llegar al Inco no lo dudó (a pesar de que muchos amigos le advirtieron que podía ser una 'papa caliente'). Y no lo dudó porque es lo que le ha gustado siempre: los retos. Así fue desde su tiempo como alumna del Liceo Francés (de donde se graduó), la universidad y el ingreso al mundo laboral en el sector público, en el que ha desarrollado toda su carrera. Agudelo fue jefe de la división de Política Macroeconómica del Banco de la República y, luego, viceministra técnica, secretaria privada y asesora del Consejo de Política Fiscal, en el Ministerio de Hacienda, en tiempos de los ministros Juan Camilo Restrepo, Juan Manuel Santos, Roberto Junguito y Alberto Carrasquilla. A donde ha llegado a trabajar, ha dado muestras de su temperamento fuerte, exigente, orientado a cumplir metas por encima de cualquier obstáculo. Con ese temple llegó a transformar el Inco, entidad que, desde su creación en el 2003, ha visto pasar a 14 gerentes, varios de los cuales han salido entre escándalos de corrupción. El nombramiento de Agudelo, entonces, fue recibido en el sector como la posibilidad de darle un giro al instituto -que maneja contratos hasta por 25 billones de pesos-, en momentos en que está próximo a transformarse en la Agencia Nacional de Infraestructura. La nueva gerente se mostraba llena de proyectos, apoyada en un equipo de trabajo que había logrado armar con dificultad. Sin embargo, en unos segundos, un error se lo cambió todo.

"No sé qué me pasó. Nunca había tenido ni una estrellada, ni siquiera un choquecito", dice Agudelo, que recuerda los días en que aprendió a manejar, adolescente, con sus familiares de Cali. El examen que le hicieron en el hospital de Cajicá -cercano al lugar del accidente- reflejó un estado de embriaguez grado 2 (4 es el más alto). Suficiente respuesta, quizás, para varias de las preguntas que se sigue haciendo en su cabeza.

Aceptó su error, una actitud más bien atípica entre funcionarios públicos. "No lo hice porque fuera lo correcto. Es que no podía haber seguido de otra manera". Ahora, le corresponde afrontar las audiencias de conciliación en las que se determinará la indemnización al patrullero, que cumple 25 días de incapacidad.

Es decir, falta mucho tiempo para que María Inés Agudelo pueda dejar de tener este tema en la mente, si es que algún día lo supera. Por ahora, además, debe asumir el tener su carro en los patios y su pase en manos de las autoridades.

"Es parte de mi castigo". Racional, estricta, con educación francesa, dedicada a los números, María Inés no cree en Dios. Se sorprende, incluso, cuando se le pregunta sobre la fe, el destino y esas cosas intangibles. Sí ha empezado a creer que todo esto pueda tener que ver con lo que algunos amigos le han dicho: tal vez "se está salvando" de algo peor. "Yo iba a tener que pasar por encima de muchas cosas y dar peleas muy duras en este trabajo, que seguro me traerían enemigos... De pronto tengan razón", admite, no del todo convencida.

Se ve triste, cansada. -¿Ha llorado? -No, no he llorado.

Casi se le escurren las lágrimas, casi, cuando reunió a los trabajadores del Inco para informarles que se iba. No es de llorar, confiesa, "aunque mi ex marido decía que sí". Agudelo es separada, sin hijos, con una familia numerosa en hermanos, primos y sobrinos que le han brindado todo su apoyo en este episodio.

Todavía no tiene idea de lo que vendrá para ella. Quizá sea hora de probarse en el sector privado, opción que había pensado hace un tiempo, y ahora tendrá que decidirlo "a las patadas", dice. Pero eso no le preocupa en estos momentos. Son otras preguntas las que insisten

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