Un pequeño trasplante

Un pequeño trasplante

22 de junio 2011 , 12:00 a.m.

No aguanto más noticias. Apago el televisor y me echo a dormir tratando de no oír las ambulancias que pasan por la calle. Son muchas, con sirenas que mugen y aúllan.

Temo que un día de estos, y esas cosas pasan, los paramédicos se equivoquen de piso, entren a mi casa y me saquen por la fuerza de mi cama. De nada servirán mis gritos ni mis quejas para alegar que se equivocan y se llevan al que no los ha llamado. Ellos dirán que estoy en el sistema. Después, me meterán en una camilla, de esas que tienen correas para atar al paciente, y malamente me bajarán por la escalera, porque en el ascensor no vamos a caber.

Ya veo mi sufrimiento cuando empiecen a golpear la botella del suero con las barandas. Sé que si se rompen las botellas, por el tubo entrará aire y moriré fulminantemente. Raudos, sin decir palabras, y muy seguros de lo que hacen, me llevarán en la ambulancia, que aullará hasta el hospital.

Paso siguiente, ya estaré en el quirófano, rodeado de personajes con tapabocas mientras me anestesian. Al mi lado estará ese cerebro malo, palpitante, ese que han tratado de meternos en el cráneo durante ocho años. Me lo van a trasplantar. Saben que no han podido cambiar mi pensamiento por la vía de la razón, porque no la tienen, en sus columnas torcidas o con sus programas de radio o de televisión. Horas después, me veo en la sala de recuperación, si ese trasplantico es recuperable, con el nuevo cerebro malo, que me hará sonreír cínicamente y me dará la sensación de mi cuerpo más delgado, más pequeño, más insignificante, pero con la obligación de parecer más machito. Mi cerebro malo correrá por cuenta propia, en extravíos desconocidos para mí, para decir cosas como: "Sea hombre, no sea marica, le voy a dar en la jeta". "Si pude con Yidis o Teodolindo, cómo no voy a poder con esos tontarrones". "Ni crean que me van a enredar con lo de las 'chuzadas'. Ahora van a ver, esos terroristas, me convertiré en víctima para enredar las cosas. Esa negra del turbante no va a dañar el caminado. Pa' eso tengo estos dos picapleitos, pa' que me defiendan.

Que me salven de la CPI". "Ya tengo lista y organizada la manifestación espontánea de apoyo. Saldré a la calle y recorreré el camino que me lance a hacer campaña con el menso Peñalosa. En el último momento me lanzo yo y lo dejo como dos de queso". "Y , una vez en la alcaldía, que tiemble el Santicos ese que no cuida mis huevitos. No lo voy a dejar gobernar. Ya verá". Despierto con sudor frío. Menos mal que solo es una pesadilla en la que se enredan las noticias, los imposibles y las realidades. Nunca quisiera tener un cerebro así.

Que dijera: Mi amigo Trauma acaba de tener una enfermedad que lo ha hecho pasar por un hospital. Está sorprendido por la calidad y profesionalismo de médicos, enfermeras y de todo el personal de salud. No se compagina con la crisis. Además, la salud nunca ha tenido tantos recursos en Colombia. De acuerdo con los cálculos, se podrían cubrir las necesidades de todos los colombianos. La platica se queda en las manos de la corrupción. Los pacientes y todo el personal de salud han sido las víctimas de esta ola, manía, perversión y ambición privatizadora. Los médicos mal pagados acabarán por irse del país. ¿A qué horas se cambió la noción de paciente por pesos, de medicina por empresa, de sanidad por rentabilidad? Todo lo que vemos en salud, me dice mi amigo Trauma, es solo una de las consecuencias de esta situación en la que hemos caído, por la cual protestan en el mundo, como el 15-M de España. Hay un despertar en la gente. Se pregunta por qué los causantes de la crisis, los bancos y los poderes económicos, son los que no pagan. El vulgo paga, y en esta corrupción de la salud que vivimos la cosa no será distinta.

quedijera@hotmail.com

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