IMPUESTO DE GUERRA

IMPUESTO DE GUERRA

El Gobierno ha propuesto un tributo extraordinario para mejorar los equipos de las fuerzas militares. Lo ha denominado contribución y no impuesto par justificar el gravamen sobre el patrimonio y su destinación a las fuerzas armadas, encargadas de proteger los bienes de las personas.

05 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

la situación de orden público aparentemente justificaría la necesidad de mayores recursos, sin embargo, el gasto militar explica buena parte de la crisis fiscal, según lo ha revelado la Comisión del gasto Público, la cual considera que antes de aumentar recursos a través de nuevos impuestos debe exigirse una mayor eficiencia en el uso del presupuesto asignado al sector que se ha duplicado entre 1991 y 1995, aumentando del 2 por ciento al 2.4 por ciento del PIB, al paso que los índices de delincuencia de todo tipo han aumentado, como lo demuestran las cifras de ingresos de la guerrilla que en este mismo lapso se multiplicaron por cinco.

Esto revela una paradoja, se ha extendido la actividad guerrillera y alguna responsabilidad cabe a las fuerzas encargadas del orden público, aunque hacia el futuro y con este panorama, desde luego es necesario dotar a las fuerzas militares de mayores recursos. Lo discutible es la fuente para obtener tales fondos.

Tradicionalmente los gravámenes extraordinarios destinados a sufragar gastos militares se han calculado como una sobretasa del Impuesto de Renta, considerando la elasticidad y la progresividad de su estructura tarifaria. Establecer este impuesto sobre el patrimonio tiene objeciones jurídicas y técnicas.

De una parte, en la base del patrimonio no pueden incluirse los inmuebles puesto que el Artículo 317 de la Constitución consagra que sólo los municipios pueden gravar estos bienes.

Adicionalmente, un impuesto sobre el patrimomio no es el más aconsejable técnicamente, pues su misma naturaleza no consulta la capacidad de pago del contribuyente, castiga el ahorro, grava las acciones, los ajustes por inflación, por ejemplo, sobre los vehículos que ya pagan impuestos de carácter departamental y municipal.

Aunque el monto del patrimonio reduce su cobertura a 400.000 personas naturales que declaran renta, sobe este universo de declarantes el impuesto no contiene ninguna progresividad.

Los cálculos del Gobierno estiman un recaudo de 500.000 millones, es decir, su magnitud significa punto y medio del IVA, en una año. La tarifa propuesta, el 0.5 por ciento del patrimonio, el la misma que paga por su inmueble un bogotano de estratos 1, 2 y 3. El cálculo de recaudo es optimista pues implicaría que el patrimonio líquido declarado, neto de deudas, es de 100 billones, sin incluir los bienes inmuebles por las razones expuestos.

Si en los últimos años la política tributaria ha intentado crear un clima hacia la declaración de los bienes por el valor real, eliminando el impuesto de patrimonio, obligando a efectuar ajustes por inflación y permitiendo ajustar al valor comercial los inmuebles e incluso propiciando el autoavalúo de los bienes inmuebles par efectos del Impuesto Predial, esta medida constituye sin duda un retroceso que va a estimular nuevamente la omisión o subvaluación de los bienes o la inclusión de pasivos inexistentes como en otras épocas, para reducir este impuesto patrimonial.

Quizá lo más peligroso es el efecto que pueda causar el nuevo gravamen en una economía con signos de desaceleración como el aumento de tasas de desempleo, los intereses elevados y el menor ritmo de la actividad económica.

Este panorama puede provocar un aumento de la evasión ya visible en los recaudos de este año por la combinación del efecto del incremento del IVA y la debilidad manifiesta de la DIAN para contrarrestar el contrabando y la evasión.

La curva de Laffer o el punto de equilibrio de la tributación, es mucho más bajo con un sistema tributario inestable, un gasto ineficiente y una evasión creciente.

Lo único que explica la propuesta y la probable aprobación de este impuesto es la impredecible situación política que vive el país, donde puede ocurrir cualquier cosa por ilógica que pueda parecer.

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