UNA PROMESA CUMPLIDA

UNA PROMESA CUMPLIDA

Desde que era adolescente, Gloria Londoño de Cajiao hizo un pacto con su hermano Mauricio y su prima María Cristina Gómez Pinzón. Concientes de su condición privilegiada, la generosidad con la cual habían sido ubicados en la sociedad y herederos de un gran ejemplo, querían ayudar a los niños desamparados. Desafortunadamente sus cómplices de niñez fallecieron a muy temprana edad y esto la hizo mantenerse todavía más firme en sus propósitos.

08 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Manizalita de nacimiento, muy pequeña vino a vivir en Bogotá, al ser trasladado su padre Leonidas Londoño Londoño, quien se desempeñó toda una vida como presidente del Comité Nacional de Cafeteros.

Su niñez y adolescencia transcurrieron en los salones de los colegios Marymount y Sagrado Corazón, en donde creció con muchas inquietudes, especialmente artísticas. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Berkeley, y en Bogotá 5 años con el maestro Manzur. Sin embargo cuando llegó el momento más oportuno, y aprovechando toda esa sensibilidad, decidió dedicarse a esculpir cuerpos y almas , como ella misma lo define.

En 1982, y con el apoyo de muchas personas que la han acompañado en estos años de lucha, resolvió volver realidad su sueño de adolescente y cumplir el compromiso que había hecho con sus inseparables amigos.

Su labor no fue nada fácil. Empezó recorriendo diferentes instituciones y estudió la problemática de los barrios, con todas las necesidades de la gente. Así fue como decidió encaminar sus esfuerzos a los niños sin protección, a aquellas personitas cuyos padres tenían graves limitaciones físicas o habían quedado sin benefactores.

Muchos menores de esos que comúnmente se llaman de la calle encontraron su hogar en la Fundación San Mauricio. Inicialmente en Usaquén y luego, tras años de lucha, en Chía, en un inmenso lote en donde está localizada hoy día toda una ciudadela. Allí estos niños han podido encontrar un lugar donde reciben protección, alimentación, vestuario, recreación y todo lo necesario para lograr en ellos una niñez feliz.

La Fundación Hogar San Mauricio y la experiencia de Gloria, han servido de semillero para dar origen a la Fundación Amigos de la Ciudad del Niño y a la Fundación Coovida, además de haber podido restablecer técnica y económicamente al Instituto Cristiano de San Pablo, asesorado un Hogar en Quito (Ecuador) y a 20 instituciones asociadas a Coovida.

Todo este esfuerzo no hubiera sido posible sin el apoyo de su esposo Hernando Cajiao y de sus tres hijos próximamente será abuela, así como de la capacidad de no desfallecer ni siquiera en los momentos más difíciles. Y es que ella todavía recuerda aquel día en que estaba a punto de cerrar su institución porque físicamente no tenía cómo sostenerla y de repente llegó una camión lleno de mercados, dejando por equivocación todo su contenido (la comida era para varias instituciones) frente a su puerta. Así se salvó este hogar, que ahora es objeto de un importante reconocimiento.

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