Museo genera expectativas en pescadores

Museo genera expectativas en pescadores

19 de junio 2011 , 12:00 a.m.

Alberto Mario Suárez D.

Corresponsal de EL TIEMPO Cartagena. No hay nadie en la isla de Tierrabomba que no haya escuchado de Arnobis José Córdoba y la historia de cómo rescató del mar, con otros 20 pescadores, tres cañones de bronce.

El sol azota las calles polvorientas de la isla que está, en lancha, a 10 minutos de Cartagena y Arnobis camina rumbo a la Institución Educativa Tierrabomba. Allí están, desde hace cinco años, los cañones hecho en el siglo 18. Justo en una esquina del colegio, y debajo de las escaleras que llevan al segundo piso, tres cañones se asoman delante de Arnobis. "Tenía rato que no venía a verlos", confiesa antes de acercarse, y besar uno. El profesor Jaison Brochero, coordinador académico de la escuela, explica que allí trabajarán los pescadores de la isla a mediados de julio. La idea es que tengan un trabajo extra en el turismo. ¿Cómo lo encontraron? Un sábado de septiembre, hace cinco años, Arnobis aprovechaba el invierno para salir con seis amigos de la isla a buscar langostas y pulpos en las aguas del corregimiento cercano de Galerazamba. Tras seis horas de trabajo apenas habían atrapado un pargo. Estaban cansados, cuando uno de los cazadores apodado 'El Mono' se topó sin saberlo con uno de los cañones. Lo limpió como pudo con las manos. Le quitó plantas y tierra de encima. Un rayo de sol se estrelló contra el cañón y lo hizo brillar de nuevo.

'El Mono', quien salió del agua gritando: '¡es oro!, ¡es oro!'. Los otros seis pescadores se lanzaron al agua. Amarraron al cañón con una cuerda a la lancha de Arnobis pero fue imposible arrastrarlo. Otras dos embarcaciones llegaron, con 14 hombres abordo, quienes tras escuchar el rumor del oro también dejaron sus arpones y atarrayas para buscar el supuesto tesoro.

Al final de la tarde apenas habían recuperado una trompeta, clavos, cucharas, puntillas y lo que parecía era un águila de madera en una parte del barco hundido. Regresaron a Tierrabomba. Los vecinos recogieron dinero y partieron de nuevo. A cada cañón le amarraron los barriles, vacíos, que luego llenaron de oxígeno. Demoraron cinco días para traerlos a Tierrabomba. Tras descubrir que no eran de oro y los pescadores no saber que hacer con ellos, funcionarios del Ministerio de Cultura acordaron que era mejor crear un museo.

"Al cañón más grande tuvimos que amarrarle 12 barriles para levantarlo, y los trajimos a los tres remolcados hasta la orilla", cuenta Arnobis Córdoba (foto), uno de los pescadores que encontró el tesoro.

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Niños de la Institución Educativa Tierrabomba, cerca a Cartagena, juegan con uno de los cañones. Yomaira Grandett / EL TIEMPO

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