CALI RECUERDA SU MAYOR TRAGEDIA

CALI RECUERDA SU MAYOR TRAGEDIA

El gigantesco motor de un camión Mack atravesó el cielo iluminado de rojo y entró de un solo golpe por el techo de la iglesia del Cementerio Central de Cali, a la 1:07 de la madrugada del martes 7 de agosto de 1956.

07 de agosto 1996 , 12:00 a.m.

El aparato calcinado se estrelló contra el camposanto impulsado por la explosión de 42.000 kilos de dinamita gelatinosa que se encontraban acomodados en seis camiones del Ejército, situados en la estación del ferrocarril.

Antes de caer en el templo, el motor, que pertenecía a uno de estos vehículos, recorrió por los aires unas cinco cuadras de inquilinatos y bares que desaparecieron en cuestión de segundos del sector de la calle 25 entre carreras primera y quince.

Esa noche los cimientos de la historia de la ciudad fueron modificados por un resplandor rojizo que afectó 80 manzanas, dejó damnificadas a más de 3.000 personas y abrió heridas en la memoria de los caleños.

Aún ahora, cuarenta años después de la tragedia, las autoridades y los sobrevivientes no se ponen de acuerdo sobre el número de muertos. Según el Comité de Empadronamiento, creado para atender la emergencia, la explosión ocasionó la muerte a 427 personas y produjo heridas a 2.144 más.

Sin embargo, el sacerdote Alfonso Hurtado Galvis, que escarbó entre los escombros para salvar a los heridos y despedir católicamente a los muertos, asegura que 3.725 cráneos fueron depositados en una fosa común.

Tampoco se conocen las causas de la explosión. Solo se sabe que la tragedia pudo ser mayor debido a que otros seis camiones, también repletos de dinamita, fueron enviados a Palmira por orden del teniente Pedro Peña Camargo, quien notó que los doce vehículos no quedaban bien estacionados en la estación del tren.

Antes de llegar a ese sitio, los camiones se parquearon frente al Batallón Pichincha, en pleno centro de la ciudad, pero un oficial dio la orden de llevarlos a otro sitio más seguro pues con motivo de la celebración del 7 de agosto se esperaba la quema de fuegos pirotécnicos en el sector.

Es mejor que no se queden aquí porque es peligroso , dijo el oficial con voz de presentimiento, según el relato de Pablo González Camargo, conductor de uno de los camiones que se salvó debido a que se hospedó lejos del sitio de la explosión.

Otro presentimiento parecido fue el que lanzó dos días antes Madame Laila , una clarividente oriental de ojos azules, quien al llegar al aeropuerto de la ciudad le dijo a un periodista que su visita tenía como objetivo prevenir a Cali.

Aquí se vivirá una tragedia en las próximas horas , le aseguró la mujer a Carlos Guzmán, reportero del diario El Relator. La nota apareció publicada el lunes 6 de agosto en la página dos.

La cruz del recuerdo Alrededor de una cruz blanca situada en la calle 25 con carrera primera, los familiares de las víctimas se reunirán hoy para rendirles un homenaje y para estremecerse con el recuerdo.

Estos sobrevivientes, agobiados por el paso de los años, estarán parados sobre la fosa común escondida bajo un césped verde que se extiende por un corredor sin edificaciones, debido a que los barrios para los damnificados fueron construidos en otros sectores de la ciudad.

Pese al impacto de la explosión, el crecimiento de la ciudad no se detuvo, por el contrario, la necesidad de reubicar a los sobrevivientes motivó el nacimiento de barrios como Agua Blanca, Bueno Madrid y la Unidad Residencial República de Venezuela.

Aunque en algunos sectores todavía se observan pequeñas casas prefabricadas de metal, el paso de los años convirtió a estos lugares en zonas residenciales con viviendas de hasta dos pisos. En Agua Blanca fueron entregadas 560 casas para los afectados.

El progreso de la ciudad se encargó de borrar las huellas visibles de la explosión y en especial el cráter de 60 metros de diámetro por 25 de profundidad. Solo la cruz blanca, los recuerdos y las fotos en blanco y negro perduran como pruebas de la mayor tragedia por causas no naturales ocurrida en América.

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