Regalías y bonanza minera

Regalías y bonanza minera

Con la bonanza que ha generado el gran aumento de los precios de los minerales, en la mayoría de los países productores se está replanteando cuál debe ser la participación del Estado en la explotación de esos recursos no renovables.

16 de junio 2011 , 12:00 a.m.

El proyecto de reforma constitucional del régimen de regalías recién aprobado repartirá mejor un pastel que hasta ahora se estaba quedando en manos de unos pocos afortunados, pero no dice nada sobre el tamaño del pastel, ni hace nada para corregir la gran inequidad que existe en la distribución del excedente minero, donde hoy los empresarios privados se llevan la parte del león y al Estado le tocan solo las migajas.

¿Quién se queda con la bonanza? Es lógico que ninguna empresa privada va a tomar riesgos de exploración y explotación de minerales si no tiene la expectativa de una utilidad razonable o si el Estado se queda con una tajada demasiado grande de lo producido. Pero también es lógico que el Estado tenga una participación mayor cuando suben los precios y las empresas tienen utilidades extraordinarias. Por eso se utiliza el sistema de regalías crecientes.

En la última década los precios de los minerales han tenido impresionantes aumentos. El oro y la plata han multiplicado por 4,5 veces el precio que tenían en el 2001, mientras que el carbón 'sólo' ha tenido un incremento del 245%; el precio del níquel llegó a multiplicarse por 6, pero luego descendió para consolidar una ganancia del 350%. (Ver gráfico 1).

¿Quién se ha quedado con los frutos de esa bonanza? Las empresas explotadoras, mientras que Estado colombiano solo ha recibido una parte muy pequeña del beneficio.

Dos ejemplos muestran con claridad quién se apropia de los altos precios de los minerales. El primero es el de la Drummond, empresa minera norteamericana que está buscando comprador para sus operaciones en Colombia y espera obtener unos 8.000 millones de dólares en la venta.

Ya que las inversiones netas hechas por la Drummond en Colombia han sido del orden de US$2.000 millones, la utilidad que obtendría en esta transacción sería de US$6.000 millones. Hay que recordar que sobre esta utilidad no pagaría un sólo peso de impuestos, pues la venta se haría fuera del país.

Lo que explica la gran valorización de la Drummond es que se ganó la lotería pues va a vender unos derechos que compró cuando el precio del carbón estaba por debajo de US$30 la tonelada, y ahora está cerca de los US$80. El otro caso es el de la empresa canadiense Ventana Gold Corp., que va a explotar oro en Santander. Esta empresa ha realizado inversiones por US$136 millones (incluyendo la compra de los títulos mineros) y acaba de ser vendida en la bolsa de Toronto por US$1.500 millones. De nuevo, la causa de tan impresionante valorización es el aumento del precio del oro. En ambos casos el valor de las empresas es el valor presente de los flujos de caja futuros que aumentan al subir el precio del carbón o del oro, salvo que tuviera que compartir esos mayores ingresos con el dueño de los minerales, es decir, con el Estado colombiano, y no lo tiene que hacer por las regalías tan bajas que tiene que pagar.

Una propuesta para aumentar las Regalías El gráfico 2 muestra el nivel tan bajo que tienen las regalías mineras en Colombia. Son fijas, con excepción del carbón, donde si una mina produce menos de 3 millones de toneladas anuales sólo debe pagar 5%, y por encima de ese volumen de producción la regalía sube a 10%, cualquiera que sea el precio.

Es tan absurdo el régimen de regalías que parecería que la sal fuera más valiosa que el oro y tiene una regalía del 12%, es decir, el triple que la de los minerales preciosos.

El problema no es el 12% de la sal. Lo absurdo e inequitativo es que la tarifa de regalía del oro sea la misma para cualquier volumen de producción y no haya aumentado cuando el precio de la onza troy pasó de 270 a 1.400 dólares. Por el contrario, para el petróleo la regalía va del 8% al 25% dependiendo de la producción del pozo, lo cual demuestra que sí es posible que el porcentaje de regalías sea creciente en función del volumen de producción. (Ver gráfico 3).

Además, la regalía también es creciente en función del precio: el productor debe ceder entre el 30% y el 50% del incremento de los precios internacionales. Con el precio actual del petróleo rondando los 100 dólares, el Estado recibe el 40% de la producción adicional, con lo que la participación total del Gobierno (government take) puede superar el 60%. (Ver gráfico 4).

Debe decirse que estas condiciones no son de la Venezuela del socialismo del siglo XXI, sino las planteadas por Colombia en la ronda del 2010, que tuvo un exceso de demanda, es decir que no espantaron a los inversionistas internacionales que han seguido haciendo multimillonarias inversiones. La diferencia entre estos dos regímenes de regalías explica por qué desde el 2004 el petróleo contribuyó con el 81,2% del total de regalías pagadas en Colombia aunque no representaba sino el 61% de las exportaciones mineras del país. En contraste, las exportaciones de carbón y de níquel fueron el 27% y el 7,5% respectivamente, y sólo contribuyeron con el 14%y el 3,2% de las regalías.

Para complementar los avances logrados con la reforma a la distribución de las regalías, la propuesta que se debe llevar al Congreso es que para todos los minerales se tenga un régimen de regalías similar al que ya existe para el petróleo.

Teniendo en cuenta que la exploración de petróleo tiene más riesgos y costos, no hay razón alguna para no hacerlo con los otros minerales.

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