Un significativo cincuentenario

Un significativo cincuentenario

Los egresados de toda universidad constituyen una legión creciente de vástagos que van perpetuando su linaje. Ser hijo de una universidad de renombre es un honor que imprime carácter. Proclamarlo es la mejor carta de presentación profesional.

15 de junio 2011 , 12:00 a.m.

Sucede, sin embargo, que son muy pocos los hijos gratos, los que de manera espontánea y desinteresada recuerdan a su alma máter.

Muchos nunca vuelven a pisar el campus que los vio crecer intelectualmente.

Las alas que adquirieron les sirvieron para partir, pero no para regresar.

En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, los egresados son un estamento importante en la vida de las universidades. Gracias a ellos pueden enriquecerse los laboratorios y las bibliotecas, otorgarse becas y financiar investigaciones.

El anterior preámbulo lo motiva la celebración de los 50 años de la Asociación de Exalumnos de Medicina de la Universidad Nacional (Aexmun), que vale la pena reseñar por el significado que encierra.

Comenzando la década de los años 60 del siglo último, la Facultad de Medicina de la UN atravesaba la mejor época de su historia: contaba con una pléyade de maestros ilustres y disponía de su propio hospital, el legendario San Juan de Dios (La Hortúa), tenido entre los mejores de Latinoamérica.

Explicable que formara facultativos de reconocida solvencia profesional, prenda de garantía para la sociedad que iban a servir. Puede decirse que fue esa la "edad de oro" de la Escuela Médica de la Nacional.

Por aquellas calendas, un grupo de sus docentes tuvo la feliz idea de convocar a los egresados en torno de una organización que los mantuviera cerca de su alma máter.

Así nació Aexmun, en junio de 1961. La primera junta directiva la conformaron destacados profesores: Antonio Ordóñez Plaja, Eduardo Cortés Mendoza, Rafael Casas Morales, Jorge Vergara Delgado, Carlos Cuervo Trujillo y Hernán Mendoza Hoyos. Desde entonces, la Asociación ha pugnado por que el prestigio de la Facultad se mantenga en alto. La pervivencia de la revista es uno de los logros, como también la realización de congresos médicos de proyección internacional.

Coincide esta celebración hemicentenaria con la situación de penuria académica que atraviesa la Facultad, ocasionada por la carencia de un hospital propio, como lo tuvo tiempo atrás. Por falta de este, para poder desarrollar los programas de pre y posgrado que ofrece, se han venido suscribiendo convenios con muchas instituciones asistenciales, que reciben -no siempre con buenos ojos- a sus estudiantes en condición de practicantes. Con ello, como es de suponer, el nivel académico no permite alcanzar la calidad que en el pasado tuvo.

Ante esta lamentable situación, qué bueno fuera que Aexmun liderara una cruzada encaminada a rescatar para la UN el viejo hospital de La Hortúa -lo cual es casi una utopía- o, en su defecto, que se le construyera un nosocomio digno de su tradición. No es posible que la Escuela Médica de la Nacional sobreviva en condiciones mendicantes.

Creo que es un momento propicio para someter a prueba la razón de ser de Aexmun, es decir, para demostrar que los egresados somos capaces de velar por el bienestar de nuestra alma máter

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