Superhéroes de carne y hueso

Superhéroes de carne y hueso

Alfa y Beto ahora hablan en inglés, italiano, francés y coreano. Ya no solo en español. Y los van a conocer en 40 países. Los dos burros de Luis Humberto Soriano, el colombiano al que se le ocurrió ponerle tracción animal a la lectura para que llegara a cualquier parte, hoy son los 'superhéroes' de la última edición de la revista Colors, de Benetton, que celebra 20 años de existencia.

13 de junio 2011 , 12:00 a.m.

Los acompañan personajes tan fantásticos como ellos: el joven camboyano que, después de sembrar miles de minas en su infancia, hoy las encuentra; la tailandesa que rescata a los chicos de las redes de prostitución infantil; las damas de blanco que protestan pacíficamente en Cuba en busca de la justicia que les fue robada a los suyos; el cura surafricano que les da abrigo a los indocumentados; la drag queen chilena que con sus shows ayuda a los más necesitados; el hacker que, con el sobrenombre de Mendax, enfrentó al mundo con sus WikiLeaks. Son 12 héroes de carne y hueso que les dedican sus días a los demás. "En un mundo cada vez más egoísta, frío y cortante, la revista rinde un homenaje a estas personas, tan increíbles que parecen de ficción", dice Erik Ravelo, director creativo de Colors. ¿Cómo llegó un cubano, de 33 años, a Benetton en Italia? "Por accidente, por casualidad. Pasó y me encontré ahí". Luego de un rato contará que venció el temor y le dijo a un directivo de Benetton que él sería capaz de hacer la revista. Y que lo dejaron. Y que les gustó. Así ha sido su vida.

"El mundo es de la gente que osa -sigue-. Si espero a aprenderlo todo, no lo haré nunca. Así que me lanzo".

Como cuando decidió dejar su país, a los 18, recién terminados sus estudios de Bellas Artes, y fue a parar al sur. A Argentina, en donde trabajó en una firma publicitaria (Agulla & Baccetti) desde 1997 al 2002 , se le pegó el acento, se volvió hincha del Boca Juniors y se atrevió a ir por terrenos del River con la camiseta azul y amarilla. "Bosterito", le gritaban. Estaba en el cielo. Hasta que volvió a ver el dolor del que había huido. Llegó la crisis que quebró a la sociedad argentina y vio, desde su casa a las espaldas del Congreso, nacer la miseria. Se fue a Europa, sin más certezas que sus ganas. "No es fácil sobrevivir por fuera, menos en una sociedad como la europea. Das pie a la explotación y no tienes forma de defenderte", dice. Pero era su decisión. "Sabía que era como irme a Irak. Y no me había ido de Cuba para no luchar". Descubrió que las imágenes que creaba eran claras para la gente. No importaba su idioma. Eran lugares comunes con los que la gente se identificaba. ¿En qué se diferencia el cliché del lugar común? "El cliché es un lugar común aburrido. No hay que confundirlos. Un gato negro te trae de inmediato la mala suerte. Basta que pongas un gato blanco caminándote por delante para darle la vuelta al cliché. O una botella de tequila con un anzuelo atado a un nylon para decir que el alcohol te engancha". Llegó a la Fábrica -el laboratorio creativo y conceptual de Benetton en Treviso (Italia), adonde llegan decenas de jóvenes del mundo a explorar su creatividad- y salieron las ideas. Dieron fruto. En el 2007 se volvió el director creativo de la revista 'sobre el resto del mundo', la publicación que en los 80 números que circulan desde hace dos décadas ha puesto en portada temas tan disímiles, y muchos de ellos polémicos, como la inmigración, la muerte, las fronteras, las telenovelas, la esclavitud, el mar, el Amazonas o el sida. "Me gustó mucho hacer un número sobre el dinero. Un día leí que habían encontrado cocaína en un billete, así que envíe uno al laboratorio para ver qué tenía: ¡encontraron sangre, semen, residuos de plástico y mil cosas más!".

Pero, a veces, las cosas no salen tan bien como la idea. "En la edición de terrorismo pensamos en hacer grandes monstruos, pero eso resultó bastante teatral. Funcionó algo más simple, más real, como al tipo que arrestaron porque le colgaba un cable del bolsillo... que era del walkman. O la familia tailandesa a la que denunciaron los vecinos porque creyeron que estaba fabricando explosivos y simplemente estaba cocinando...".

Pero pasa que cuando da demasiado, se vacía. Tiene que ir a "chupar". Allí entra el arte. Le gustan las obras de arte directas: Maurizio Cattelan (arrodilló a un Hitler en medio de una sala), Gabriel Orozco (le cercenó un fragmento a un Citröen para producir una sensación de aplastamiento) o Marina Abramovic (cuando le dijo a su pareja Ulay que mantuviera la flecha en un arco listo para dispararle y llamó la obra Confianza). "El arte es mi terapia para contarme", dice. Tiene obra propia y está participando actualmente en el pabellón de Italia de la Bienal de Venecia con Lana sutra, una provocadora versión del libro erótico. En Dame la luz retrató a un Cristo crucificado en un poste de la luz de La Habana, para insinuar que se acabaran los cortes de electricidad en la isla, pero pidiendo también que le diera un poco de energía, que le hacía falta. En Ya no tengo miedo le saca el cuello del suelo al avestruz, que era él mismo. Todo en el fondo tiene que ver con las preguntas que se hace, como tantos, sobre el mundo. Sobre él mismo. Ese hijo de La Habana, de madre bailarina de ballet y padre piloto, que ama el fútbol, las papas fritas y disfruta por igual a Tchaikovsky como a los Van Van. Otro ser que, de tan simple, es otro superhéroe de esta historia

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