El paraíso de los venezolanos

El paraíso de los venezolanos

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05 de junio 2011 , 12:00 a.m.

'Lo que nos une es mucho más de lo que nos separa' .

Fundación Doble Vía. Así se llama el proyecto de Denise Lugo, una venezolana cargada de ambiciosos proyectos culturales que se radicó en Bogotá hace tres años y con los cuales busca integrar a colombianos y venezolanos y demostrar que estas son sociedades hermanas. "¿Cuál es el aporte, más allá del trabajo, que nos dan nuestros países?", se pregunta. "La cultura". Por eso, con esta fundación ha realizado encuentros binacionales de música, fotografía, literatura y periodismo. Y vienen un festival de cine y varias publicaciones.

Promotora de la lectura, dirige la revista gratuita El librero. "No podemos - dice- concentrarnos en crear riqueza en nuestros países sin cultivar el espíritu. A pesar de las bonanzas, sin acceso a la educación no podremos romper los cordones de miseria". Además, acompaña a su esposo, el petrolero Luis Giusti, en el Centro Latinoamericano de Energía, una entidad de formación en petróleo que busca dinamizar el campo en Colombia y al que ha venido a dictar talleres, por ejemplo, el ex secretario de Energía de los EE. UU. James Schlesinger. .

Inversiones millonarias .

El famoso supermercado de la salud y del bienestar Locatel, de origen venezolano, y que está en Estados Unidos, México y Rusia, llegó a Bogotá con dos tiendas en octubre del 2004. Los locales, de 800 metros cuadrados cada uno (en Chapinero y en la Autopista Norte con Pepe Sierra), parecían dos más en el mercado farmacéutico colombiano. Pero hoy, otra es la historia. Seis años y medio después, esta marca venezolana ya tiene 20 tiendas en el país y 46 franquicias vendidas; de ellas, 11 en Bogotá. Carlos Hugo Escobar, el presidente de Locatel, subraya que la inversión venezolana que ha atraído esta cadena no ha sido menor, si se tiene en cuenta que, por cada una, se requiere un monto mínimo de dos millones de dólares de inversión. El 60 por ciento de las 46 franquicias vendidas en el país, con una inversión cercana a los 100 millones de dólares, es de propiedad de ciudadanos venezolanos. Uno de ellos es Carlos Carranque, un inversionista que tenía ahorros en el extranjero y que decidió que hacía mejor uso de ellos en Colombia que en su país natal. Llegó con sus dos hijos adolescentes, de 17 y 19 años, buscando rentabilidad para su dinero y seguridad para su familia.

"Colombia, con todo y sus deficiencias, es mejor que lo que tenemos en Venezuela; aquí no hay expropiaciones, por ejemplo", agrega.

Cambiarlo todo con tal de huirle al miedo .

La abogada Mónica González se nacionalizó hace tres meses. Solo lleva un año en Colombia, pero celebra cada uno de sus días acá. "La calidad de vida no tiene precio y prefiero cambiar de profesión con tal saber que mi familia no corre peligro". Lo dice porque a su esposo, Jak Levy, publicista, lo secuestraron durante tres días, y luego llegaron las extorsiones. "Y eso que vivíamos en un barrio clase media, teníamos un carro de 1992 y otro del 2000; no somos ricos".

Se vinieron a Bogotá, con otra pareja de amigos, y dispuestos a invertir. Compraron la franquicia de Decofrutas, una compañía internacional de decoración de centros de mesa en forma de flores, pero hechos con frutas. "De acá no nos sacan. Uno siente el avance de una ciudad que está creciendo y te deja invertir. Queremos diversificarnos y seguir en este país".

'Nuestra experiencia es valorada aquí' .

El 2 de diciembre del 2002, cuando empezó la huelga general en la estatal venezolana PDVSA, miles de empleados protestaron contra la política económica del presidente Hugo Chávez. Esta manifestación le costó caro a José Gregorio Martínez, uno de los cerca de 20.000 empleados que fueron despedidos de la empresa.

"No me pagaron la liquidación de 13 años y no pude volver a trabajar en ninguna petrolera de mi país", contó este experimentado petrolero que migró, como muchos de sus ex compañeros.

A Bogotá llegó hace año y dos meses para trabajar en una reconocida empresa de hidrocarburos. "Por fortuna, nuestra experiencia es muy valorada afuera", dice Martínez.

Hoy, es uno de los cerca de 1.000 venezolanos que como ingenieros, geólogos y ejecutivos de alto nivel, aportan su talento en las 90 petroleras que operan en Colombia. Muchos de ellos, como Martínez, llegaron a Bogotá con sus familias.

Su esposa trabaja en una petrolera y sus dos hijas estudian en la Universidad del Rosario y en el colegio Nuevo Gimnasio, en la capital. "Colombia nos ha acogido y nos sentimos a gusto; mis hijas, por el estilo de vida, y yo, porque hay petróleo", agrega. Los venezolanos están jugado un papel fundamental en la explotación petrolera.

56 Asesinatos por cada 100 mil habitantes Esa fue la tasa de homicidios en Caracas durante el 2009, según el Observatorio Venezolano de Violencia. En Bogotá, esa cifra ha venido subiendo, pero aún así está hoy en 19,8 por cada 100 mil hab

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