LA CANDELARIA ES UN BARRIO DE TRADICIONES

LA CANDELARIA ES UN BARRIO DE TRADICIONES

En La Candelaria se preserva una gran parte de la memoria bogotana. Allí, detrás de algunos de esos muros multicolores, el tiempo se detuvo.

03 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Es una zona por donde no pasó la era de las grandes máquinas, ni tampoco la de los computadores. Allí todavía se cree en el talento del hombre.

Por eso, La Candelaria es la sede de algunos de los principales talleres de artesanos de Bogotá. Son pequeñas empresas que llevan más de 100 años y que conservan la tradición del trabajo manual. Sin embargo, estos artesanos no tienen los conocimientos ni los recursos necesarios para dar a conocer su trabajo.

Por esta razón, la Corporación la Cofradía de la Candelaria, con el apoyo de la Corporación Mixta para el Desarrollo de la Microempresa, organizó la Primera Feria de Artes y Oficios Tradicionales de La Candelaria, que se inaugura mañana domingo en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño.

Según Nelly Marín, gerente de la Cofradía, el propósito es evitar que estas microempresas que conservan una tradición desaparezcan por no tener los mecanismos para comercializar sus productos.

Según Marín, en La Candelaria existen cerca de 100 talleres de artesanos que trabajan con técnicas que tienen más de un siglo. Son grupos familiares que han trasladado sus conocimientos de generación en generación, pero que si no encuentran la forma de vivir de su oficio, posiblemente lo dejen .

Una de las familias más antiguas de las que trabajan en La Candelaria es la que conforman los descendientes de Luigi Ramelli, un italiano que se radicó en Colombia hace más de un siglo.

Ramelli vino a Colombia para dirigir la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, luego de ganar un concurso que convocó el presidente Rafael Núñez.

Además de su labor docente, Ramelli se convirtió en uno de los grandes ornamentadores en yeso del país. Uno de los trabajos más importantes de este artista italiano fue el decorado del Teatro Colón.

Su hijo Colombo y sus nietos, Carlos y Mary Ramelli, se encargaron de preservar sus enseñanzas. El taller, ubicado a unas pocas cuadras del Teatro Colón, trabaja con las mismas técnicas que Luigi Ramelli trajo de Florencia.

Los Ramelli son los más tradicionales y los que mejor han comercializado su arte.

Muy cerca de allí, se encuentra el taller de ebanistería de Alfonso Domínguez y Cecilia Vergara.

Aquí el ambiente es mucho más modesto. Domínguez y Vergara aprendieron el oficio de sus padres y no tuvieron la suerte de estudiar en el exterior, como lo hizo Carlos Ramelli.

Sin embargo, tantos años de trabajo les han permitido desarrollar técnicas auténticas. Nosotros nos inventamos una fórmula para darles a los marcos de madera un tono de mate viejo. Eso no lo tiene nadie , dice Vergara.

Este taller es una verdadera organización, a la que pertenecen cinco familias, en la que se reparten el trabajo.

A unas cuadras de allí, se encuentra la fábrica de guitarras de Enrique Rodríguez.

Es un pequeño taller en el que Rodríguez trabaja al lado de su esposa Judy Saint Pierre. EL, como sus colegas, heredó el oficio de su padre.

Lleva más de treinta años haciendo guitarras y se queja de que en el último año las condiciones de trabajo se han complicado. La materia prima es muy cara. Existen muchas restricciones para conseguir un pedazo de palo de rosa, por ejemplo .

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