La condena por Las Delicias

La condena por Las Delicias

El Consejo de Estado condenó esta semana a la Nación por "falta de previsión" en la toma de las Farc de la base militar de Las Delicias. El fallo es de una enorme trascendencia, pues el pavoroso ataque guerrillero, ocurrido en agosto de 1996, no es el único que ha dado lugar a demandas civiles.

01 de junio 2011 , 12:00 a.m.

En esa medida, lo que el Consejo de Estado resolvió tiene implicaciones jurisprudenciales y desde ya es factible dar por descontado que tendrá consecuencias en otros procesos. Los magistrados les dan la razón a los demandantes -tres militares heridos y la familia de uno de los que murieron- y ordenan una indemnización de cerca de 1.700 millones de pesos. Como en ese combate hubo otros heridos, otros muertos y un número importante de secuestrados, los que sobrevivieron o las familias de los que murieron podrían entablar demandas similares.

El alto tribunal ha resuelto que la decisión trascienda el caso mismo, el de los cuatro demandantes y su indemnización, para pedir que sean investigados penal y disciplinariamente los integrantes de la cúpula militar de la época.

Sostiene que hubo imprevisión en la ubicación de la base en ese lugar, en las condiciones mismas de esta y en las de su defensa. Agrega que había indicios de que el ataque se produciría y que los responsables militares no atendieron esas señales de alerta. En palabras de la sentencia, "fue el Estado el que creó la situación objetiva de riesgo por la existencia de la base en un ámbito espacial, de orden público y de posibilidades de defensa y protección limitado". El fallo no deja de despertar la sensación de que las autoridades judiciales llevan a cabo un juicio de valor sobre hechos ya ocurridos, por cierto hace década y media. En ese sentido, la idea de que los magistrados habrían actuado al estilo de lo que los aficionados al fútbol llaman 'directores técnicos de lunes por la mañana' (es decir, los que dicen el día siguiente cómo ha debido plantearse el partido de fútbol cuando este ya pasó) puede hacer carrera en la opinión. Otro concepto peligroso que se deriva de esta decisión es el del Estado como 'creador' de la situación de riesgo al montar una base militar en un área de confrontación con fuerzas ilegales. Esa presencia territorial es precisamente uno de los pilares de los avances de los años recientes en materia de seguridad y un deber no negociable del estamento militar. A favor de la actuación de los mandos militares de entonces habría que decir que, en 1996, las Fuerzas Armadas no contaban con el respaldo que hoy les brinda la opinión pública y que, por el contrario, la mayoría de los colombianos estaban comprometidos con los esfuerzos de diálogo con la guerrilla a falta de un fortalecimiento de la Fuerza Pública. Eso se reflejó durante muchos años en un limitado presupuesto militar, situación agravada por el distanciamiento con Washington, a la postre el gran financiador del Plan Colombia unos años después. Según todos los indicadores, la época del ataque a Las Delicias marca uno de los peores momentos, en materia de resultados operativos y de bajas, de las Fuerzas Armadas colombianas en toda su historia. También, uno de los períodos de más baja moral en la tropa y en el mando. En ese orden de ideas, siempre es posible alegar que los comandantes de entonces, si bien pueden haber cometido errores, eran víctimas de una situación en la que actuaban con las manos prácticamente atadas.

Bueno es reconocer que el fallo también condena la actuación de los atacantes, sentenciados en ausencia

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