REACTIVACIÓN ECONÓMICA

REACTIVACIÓN ECONÓMICA

En su sesuda alocución del pasado trece de junio, el presidente Samper formuló, entre otras propuestas de viva actualidad, las de reactivar selectivamente la economía y profundizar el desmonte de la informal que de los recursos del narcotráfico se alimentaba.

20 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El solo hecho de presentarlas a sus compatriotas constituye explícito y leal reconocimiento del deterioro de la primera y de la magnitud y extensión alcanzadas por la segunda. Con la expresa advertencia de que, en el desmedro de aquella, la crisis política fue tan solo elemento accesorio y complementario de las causas principales.

Para los efectos de la reactivación, lo primero es establecer las causas del desfallecimiento. En el afán de conseguir el relevo en la cima del poder, diversos órganos y sectores se dieron a la tarea de persuadir a los compatriotas de que sus sucesivos episodios se originaban en la elección presidencial. No querían aceptar hasta dónde provenían de los derroteros de la misma estrategia económica.

Del debilitamiento inducido de la demanda, de las disuasivas tasas de interés, del énfasis en las importaciones sobre las exportaciones. Del menosprecio por la producción nacional y la entrega gratuita e incondicionada del mercado interno. De la subordinación del crecimiento económico y del desarrollo a las medidas unilaterales encaminadas a reprimir la inflación. De las consecuencias del déficit desmesurado en la cuenta corriente de la balanza de pagos. En síntesis, de la mezcla explosiva de la apertura hacia adentro y el monetarismo a ultranza.

En vano pretendemos consolarnos con la idea de que el mundo entero experimenta una ola depresiva. No hay tal. Salvo los casos latinoamericanos de Argentina, México y Venezuela, en el eje cíclico del Hemisferio, Estados Unidos, prevalecen la fuerte pujanza y la sólida estabilidad de su economía, con resultados muy halageños en los niveles de empleo. Si tendencias recesivas existen, parecen circunscritas a la América Latina por razón de sus mismas políticas económicas.

Obviamente ha podido influir y habrá de influir aquí el desmonte de la economía informal, concretamente la del narcotráfico. No se crean en forma espontánea trabajos y negocios sustitutivos, menos si se aplican los frenos de las tasas de interés y del severo e indiscriminado racionamiento del crédito. También en esta materia las soluciones suponen el reconocimiento de la demanda que contribuía a generar y de los espacios económicos que ocupaban los cultivos, los laboratorios, los engranajes y mercadeos ilícitos.

A los campesinos, como a los intermediarios sin designios criminales, corresponde ofrecerles oportunidades alternativas de empleo y, a los contumaces, ocasión de rehabilitarse. Conforme lo señalara el señor Presidente, combatir el narcotráfico es prioridad de su Gobierno, pero ello implica costos, aun destinando a este objeto los bienes mal habidos.

Por la producción y el empleo Invitó el presidente Samper a inyectarle entre todos dinamismo y eficiencia al desarrollo económico, mirando al propósito central de elevar los niveles de empleo. El país debe comprender que una creciente masa de desocupados representa grave amenaza para la tranquilidad pública.

Nunca hemos logrado entender cómo se adoptó una estrategia de espaldas a este factor esencial. Cierto es que el programa de la Administración Samper ha sido distinto, pero las líneas dominantes del anterior continúan en vigencia y, lejos de contribuir a crear más empleo, lo desalientan. Hora es de reivindicar los fines de la ley del Plan de Desarrollo mediante lo que el Jefe del Estado ha llamado reactivación selectiva, y además coordinada, de la economía.

En la actualidad nadie desconoce el menoscabo de la producción industrial y de sus ventas, de las del comercio y del ritmo de la construcción. Inexplicablemente, al igual que antes respecto del promovido colapso agrícola, sus reveses se registran con espíritu fatalista, como si obedecieran a fuerzas misteriosas e incontrolables. Por sacar el cuerpo a sus verdaderos orígenes, se pretende atribuirlos a la crisis política. Y, en cuanto a la construcción, aducir la terminación de su ciclo de auge.

Aunque las autoridades económicas admiten haber buscado enfriar o debilitar la demanda, se resisten a aceptar que, según confesión pública del ex ministro Perry, se les fue la mano. Y, por otra parte, teniendo ante sí inusitada proliferación de concordatos, se inclinan a considerarlos desligados de la preferencia otorgada a la producción foránea con daño previsible de la propia.

Tampoco fue enteramente espontánea la terminación del ciclo de la construcción. Se la precipitó y acentuó a sabiendas, disparando hacia arriba el costo del dinero, sin prever dónde habrían de encontrar trabajo los obreros cesantes, quizá por la falta de sensibilidad social de la ortodoxia económica.

La reactivación selectiva que el presidente Samper propone ha de consultar y movilizar diversos ángulos, con la idea de alcanzar y no de frustrar los objetivos del Plan de Desarrollo. Reajustar la estrategia asumiendo el Gobierno el papel directivo que le incumbe, más allá de las camarillas y al margen de las exigencias divergentes de los grupos de presión.

Cordón umbilical de las políticas recesivas No puede ser indiferente el hecho de que el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, sumados el comercial y el de servicios, haya de ascender este año a cuatro mil setecientos millones de dólares. Con inversión extranjera y con endeudamiento internacional probablemente se cubrirá.

Pero no deja de inquietar que se decida auspiciar y preservar a debe consumos y gastos no propiamente necesarios e ineludibles. Tanto más cuanto se ha optado, a semejanza de México y Brasil, por atraer los flujos financieros externos mediante el señuelo de las tasas de interés. Ahí es donde aparece al descubierto el cordón umbilical de las políticas recesivas con el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos Las autoridades económicas han reconocido que en esta materia se pasó de un superávit de 5.5 por ciento del Producto Interno Bruto en 1991 a un déficit de 5.5 por ciento en 1995, en virtud de los altos crecimientos del consumo y la inversión privados a partir de 1993. Cabe destacarlo frente a la propensión a cargar todas las culpas a los excesos fiscales.

Con la apertura hacia adentro se embriagó el país y con las perspectivas del petróleo se anestesió. Al respecto, vale la pena anotar que en 1998, año del apogeo de la exportación de hidrocarburos, proveerá ingresos por valor de cuatro mil quinientos millones de dólares mientras las exportaciones tradicionales lo harán por la suma de siete mil novecientos millones. Sin contar, claro está, los beneficios del abastecimiento interno. De todas maneras, cifras con las cuales se encienden luces reveladoras y se alumbra el horizonte.

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