MULTILATERALISMO Y LEY HELMS-BURTON

MULTILATERALISMO Y LEY HELMS-BURTON

El cuasi-levantamiento internacional contra la ley Helms-Burton, requiere una disección objetiva con más elementos de los que a primera vista aparecen. La post-guerra fría muestra una doble cara: por un lado nunca los Estados Unidos, como megapotencia en la cúspide han tenido más poder, juegan fácticamente en todas las órbitas, sin adversario global. Por otro, hay cosas que ya no pueden hacer, porque intereses concretos, en estas, se les atraviesan. No hay automaticidad en las alianzas militares ni comerciales. El Consejo de Seguridad, la Organización Mundial del Comercio, instituciones mundiales y regionales son y serán escenarios de disputas, que la ausencia de un super-poder enemigo y de una causa transnacional reconocida por todos, evidencian.

20 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El presidente Coolidge proclamó hace largos años el axioma de que los negocios son el negocio de los Estados Unidos . Quizá ello también se ha globalizado, negocios y solidaridad van por caminos distintos, salvo una alianza excepcional como en Kuwait. Frente a Cuba hay dos escuelas de pensamiento. Ambas dicen querer el cambio del régimen, pero mientras que los sostenedores de la ley Helms-Burton creen que lo aceleran endureciendo el embargo, la otra sostiene que esto sucederá con la liberalización económica de la isla, como un subproducto.

Saludablemente la opción bélica aparece excluida. Cuba misma está tratando de asimilar la experiencia china, de inversiones extranjeras, zonas francas, atracción de capitales sin ceder el rígido monopolio político. No hay en el horizonte una alternativa a la globalización capitalista, apenas correctivos, aunque se siga usando un lenguaje del viejo socialismo. México y Canadá nunca han dejado de derivar ventajas comerciales a partir del embargo norteamericano de los años 60 y Nafta no cambió nada al respecto. Rusia quiere preservar algo de la relación especial que montó la Unión Soviética, subsidiando la revolución por un cuarto de siglo.

España ha sido otro beneficiario y la Unión Europea quiere su parte. Hay una competencia feroz por ingresar a ese mercado como a todos los mercados. El presidente Clinton se posesionó con la promesa de focalizar su esfuerzo en la economía y ello condujo a subordinar, tácticamente, la política exterior al comercio en una era en que a falta de cruzadas ideológicas se emprenden guerras por temas concretos como el narcotráfico, el petróleo, el terrorismo, las zonas de influencia.

Clinton sancionó la ley Helms-Burton a regañadientes, tras el incidente de las avionetas abatidas de los exiliados cubanos, con los ojos puestos en la reelección de noviembre, pese al acercamiento pragmático que adelantaba con La Habana. La ley Helms-Burton dimana de una mentalidad unilateralista, que pugna, en primer término, por avasallar a los multilateralistas en los Estados Unidos, con quienes hay que aliarse para que el sistema internacional sea viable. Tanto como a Cuba lo que trata es de penalizar especialmente a quienes usufructúen bienes expropiados por la revolución, sin la indemnización, que es uno de los supuestos de la economía liberal.

Envía el mensaje urbi et Orbi de que sin seguridad para las inversiones no funciona la globalización. Pero cuando los efectos extra-territoriales de una ley interna norteamericana chocan con otros intereses específicos, ningún gobierno está dispuesto a acompañarlos en esa línea unilateralista.

El caso de la OEA tiene matices. El regionalismo debe fortalecerse en la globalización, para protegernos de tentaciones hegemonistas. La resolución aprobada es un acto de solidaridad preventiva frente a medidas unilaterales y extraterritoriales. La actitud del Secretario General de la OEA, el ex presidente Gaviria, es inobjetable. Pero pretender, como algunos, que solo ahora se descubre la dignidad latinoamericana resulta una inexactitud histórica, que los colombianos, por respeto a la memoria de hombres como Alberto Lleras, no podemos endosar.

No hay en el continente ningún gobierno dispuesto a acompañar a los unilateralistas norteamericanos en una línea antimultilateral. También la OEA se levantó contra intervencionismos extra continentales como el soviético. Se abren aspectos por definir. En primer término la vigencia de un verdadero sistema regional en todas sus dimensiones. Que se ocupe y resuelva, con voluntad colectiva consensual, y en confluencia con la ONU, los grandes problemas hemisféricos.

Estos no se reducen al comercio, o las garantías para inversiones extranjeras como prioridad. Incluyen la Seguridad Colectiva, los Derechos Humanos, la libre circulación de personas , el Derecho Humanitario, la solución negociada de los conflictos terrestres y marítimos, la equidad social, el narcotrafico. Sin multilateralismo operante, el unilateralismo predomina.

Y está Cuba, con disposiciones en la propia carta de la OEA, desgarradas entre la democracia representativa como condición para el regionalismo y la no intervención como principio solo conciliables por acuerdo colectivo. Hay que tener la honestidad intelectual de reconocer que se siente una especie de rubor ético incallable al invitarla en nuestra condición de demócratas, para que se incorpore a un concierto de injusticias, de corrupción e ineficacia que predominan al lado de muchas libertades positivas en América Latina, si al mismo tiempo carecemos del coraje histórico para enmendarlas.

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