EL CASO DE SUMITOMO REABRE EL DEBATE SOBRE LOS CONTROLES EN EL MERCADO DEL COBRE

EL CASO DE SUMITOMO REABRE EL DEBATE SOBRE LOS CONTROLES EN EL MERCADO DEL COBRE

A finales de 1994, la Bolsa de Metales de Londres (LME) tomó una decisión: abrir almacenes en Long Beach, California, donde sus clientes podrían guardar cobre. Pero esa simple decisión provocó una reacción en cadena que obligó al gigante japonés Sumitomo Corp. a revelar la semana pasada que había perdido US$1.800 millones en los últimos 10 años, a raíz de negociaciones no autorizadas de su poderoso jefe de corredores de cobre, Yasuo Hamanaka.

17 de junio 1996 , 12:00 a. m.

La inesperada noticia reveló la asombrosa falta de control en una de las casas de corretaje más grandes y respetadas de Japón.

También propinó otro golpe a la LME, que ya ha tenido otros escándalos de corretaje menos espectaculares y desde hace más de cuatro años recibe advertencias de que alguien podría estar manipulando el mercado de cobre.

Los corredores y otras personas familiarizadas con el mercado pronostican que las pérdidas de Sumitomo probablemente alcanzarán US$2.600 millones antes que la empresa pueda aclarar la maraña financiero creada por Hamanaka, pérdidas que hacen parecer poca cosa los US$1.300 millones que perdió Nick Leeson, de la británica Barings PLC, y los US$1.100 millones que perdió un corredor de Daiwa Bank Ltd., de Japón.

Ayer, el director general de Sumitomo, Tomiichi Akiyama, expresó a la prensa japonesa que las negociaciones no autorizadas de Hamanaka _cuyas transacciones se asentaron en libros secretos_ movían anualmente US$20.000 millones, más del doble de lo que la compañía declara oficialmente.

Los corredores de todo el mundo se preguntan cómo Hamanaka pudo mantener su charada durante 10 años sin que se enteraran los otros ejecutivos de Sumitomo. Señalan que lo más probable es que una investigación implique a otros ejecutivos de la compañía. De hecho, un ejecutivo de Sumitomo confirmó que la investigación interna se concentra en determinar si Hamanaka actuaba con la ayuda de otros.

El gobierno británico investiga las actividades de por lo menos media docena de corredores de metales y a los bancos con que Hamanaka hizo negocios. Varios investigadores británicos pasaron el fin de semana en Washington, donde estudiaron la información recogida por la Comisión del Mercado de Futuros de Bienes Básicos de EE.UU. (CFTC) sobre las actividades de Sumitomo. La CFTC fue la que incitó la investigación a nivel internacional.

Las firmas investigadas por las autoridades británicas incluyen Winchester Metals Ltd., casa de corretaje londinense y filial de Winchester Commodities Group Ltd., y Global Minerals & Metals Corp., con sede en Nueva York.

Sorprendidos y espantados Winchester Metals tuvo relaciones extensas con Hamanaka y fue objeto de una investigación a principios del año. Las llamadas realizadas por THE WALL STREET JOURNAL el viernes a Winchester Metals fueron referidas a una firma de relaciones públicas contratada por la empresa. Todos en Winchester están sorprendidos y espantados ante la noticia de las pérdidas de Sumitomo, dijo el portavoz. A últimas horas del viernes, Global Minerals afirmó que las alegaciones de acción indebida que involucran a sus operaciones de cobre son completamente falsas .

La LME, desde hace tiempo el centro internacional del corretaje de metales _además de conocerse por su vigilancia laxa_ ha vuelto a convocar a un pequeño comité para examinar este escándalo. El comité se creó originalmente el año pasado para investigar los patrones poco comunes de fijación de precios en el mercado de cobre. La LME dice que tomará las medidas que sean necesarias después de completar esta investigación.

Lo que preocupa a muchos es que incluso después de desastres como el colapso de Barings, las enormes pérdidas comerciales en Daiwa y la subsiguiente debacle de 1994 que afectó a empresas con un supuesto sentido común financiero, como Procter & Gamble, las compañías siguen errando incluso a la hora de tomar medidas básicas para controlar sus actividades financieras y limitar su exposición ante riesgos sin garantías.

Es increíble que en esta época las compañías no controlen sus riesgos comerciales , dice Richard Reinert, jefe de las operaciones europeas en Refco Inc., importante compañía de corretaje de bienes básicos.

El cobre no tiene el atractivo ni el prestigio del oro, ni la sensibilidad del petróleo, pero es un ingrediente vital para productos como los automóviles y los cables eléctricos, y su consumo y precios son un barómetro de la actividad económica.

Aunque David King, jefe ejecutivo de LME, señala que el comercio de los metales se ha multiplicado por ocho en los últimos ocho años, para llegar a un total de US$2.5 billones anuales, el LME se ha convertido en un centro de controversia. Algunos agentes critican los tibios esfuerzos del mercado en materia de vigilancia y acatamiento de las normas, así como de las poco estrictas exigencias de información, y critican las normas que según ellos permiten que florezcan los agentes deshonestos. En los años 80, los escándalos en el comercio de aluminio y estaño estuvieron a punto de acabar con el LME.

Otros casos Desde 1990, el mercado de cobre ha experimentado no menos de tres escándalos, que culminaron con la caída de Hamanaka la semana pasada. A principios de 1994, Codelco, la cuprífera estatal chilena, perdió más de $200 millones en sus transacciones con LME a manos de un agente deshonesto, Pablo Dávila. Codelco ha comenzado a presentar demandas judiciales contra corredores del LME, en un intento de recuperar lo que considera que fueron pagos ilegales a Dávila con el fin de que canalizara el lucrativo negocio de Codelco a un puñado de compañías favorecidas.

A principios de este año, cuando llegaron al mercado las afirmaciones de Codelco sobre el comportamiento fraudulento de algunos corredores, algunos participantes importantes decidieron evitar el LME.

A finales de 1994, el LME decidió establecer almacenes con capacidad para decenas de miles de toneladas de cobre en el puerto de Long Beach, con el fin de ofrecer a los consumidores estadounidenses un fácil acceso al metal. El LME ya tenía bodegas de este tipo en Holanda y Singapur. Pero el LME decidió no fijarse en la reacción de Daniel Rappoport, el enérgico presidente de la junta directiva del New York Merchantile Exchange. La división Comex del NYME se ha visto opacada desde hace mucho por el LME, y Rappoport y sus predecesores habían batallado años, en su mayoría infructuosamente, para apoderarse de una mayor cuota del comercio mundial de metales. Rappoport consideraba la decisión del LME de establecer las bodegas en Long Beach como un juego de poder que apuntaba a destruir el contrato de cobre del Comex.

Pocas salidas Las protestas de Rappoport ante la CFTC al principio sonaban a envidia. Pero el año pasado, cuando los precios del cobre comenzaron a subir de manera sostenida y las existencias comenzaron a bajar, se hizo evidente que a los almacenes entraban muchas toneladas del metal pero salían muy pocas. Rappoport y otros convencieron a la CFTC de que algo sospechoso ocurría. Mary Schapiro, entonces jefe de la CFTC y hoy presidente de la Asociación Nacional de Corredores de Valores de EE.UU., presionó infructuosamente a los ejecutivos del LME para que compartieran información sobre los corredores que tenían posiciones lo suficientemente grandes en el mercado de cobre como para influir sobre los precios.

Los investigadores confirman que Hamanaka controlaba una parte cuantiosa de la existencia de las bodegas, quizás hasta un 70%.

Pero los corredores dicen que lo más posible es que la estrategia de guardar estas existencias tenía como fin aumentar los precios y mejorar su propia posición. Uno de los operadores de bodega en Long Beach, dijo que Sumitomo y Global controlan virtualmente todo el cobre depositado allí.

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