LA COFRADÍA DE LOS QUE NO TRAGAN ENTERO

LA COFRADÍA DE LOS QUE NO TRAGAN ENTERO

Por allá a mediados del siglo pasado, el eximio y erudito hombre público, doctor Alfonso Palacio Rudas, acuñó una expresión de significativo contenido: tragar entero , para referirse a la actitud pasiva, conformista y pusilánime de quienes aceptan sin reticencias ni reparos todo lo que ocurre, bueno o malo, en su entorno personal.

31 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Por allá a mediados del siglo pasado, el eximio y erudito hombre público, doctor Alfonso Palacio Rudas, acuñó una expresión de significativo contenido: tragar entero , para referirse a la actitud pasiva, conformista y pusilánime de quienes aceptan sin reticencias ni reparos todo lo que ocurre, bueno o malo, en su entorno personal.

Para contrarrestar esta disposición de doblegamiento y resignación, propia de las gentes habituadas a inclinar la cerviz e hincarse de rodillas, frente a todo cuando ocurre y ante los actores de cuanto acontece, el propio doctor Palacio Rudas instituyó la famosa Cofradía de los que no tragan entero , vale decir la logia de quienes no comulgan con ruedas de molino, ni se acomodan sumisamente a las circunstancias y a sus protagonistas y ejercen en cambio, sin temor el sagrado derecho de disentir, de opinar y de obrar conforme a los dictados de su conciencia.

Sabemos que el ejercicio del libre examen y de la libre expresión en un país en donde la violación de los derechos humanos es de diaria ocurrencia y en donde la intolerancia y el oscurantismo son el pan cotidiano, cualquier actitud discrepante conlleva un alto riesgo y que emitir un concepto o ejercer la crítica, así sea constructiva, implica un inminente e inocultable peligro. El ejercicio del derecho a opinar y expresar el pensamiento conforme a lo consagrado en nuestro ordenamiento jurídico se puede convertir en esta sociedad intransigente en la más temeraria osadía.

La censura, la aplicación de la mordaza, las amenazas, la desaparición forzada y hasta la propia muerte, son las armas con las cuales el sectarismo y el fanatismo buscan conculcar el libre ejercicio del periodismo y de cualquiera otra forma de expresión en nuestra patria.

En menor escala a quien opina sobre algún tema o conducta se le condena al veto, al desprecio, a la discriminación y al rechazo social, por parte de quienes se sienten maltratados por la expresión de la verdad. No es difícil comprobar cómo la manifestación de una opinión conduce a los supuestamente afectados por ella, a extremos propios de mentes acomplejadas, los cuales en vez de apelar al derecho de réplica, consagrado en la ley, recurren a actitudes tan pueriles como la de romper todo tipo de relación personal o de amistad incluyendo la elemental del saludo.

Estas cortas reflexiones son una muestra somera de lo difícil que se torna en nuestro medio el ejercicio de la libertad de expresión y de información periodística. Con todo es preferible hacer parte de la Cofradía de los que no tragan entero , a padecer la abyección y la cobardía ante quienes considerándose intocables no comparten nuestras ideas y opiniones y juzgan como resentidos y amargados a los periodistas que no los colman de elogios, ditirambos, zalamerías.

El doctor Alfonso Palacio Rudas, el famosísimo Cofrade , nos dio una hermosa lección de dignidad y valentía que es preciso recoger, inclusive a riesgo de nuestra propia existencia.

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