EL PROBLEMA ES DE CREDIBILIDAD

EL PROBLEMA ES DE CREDIBILIDAD

La gran mayoría de los colombianos quisiéramos que nuestro Presidente pudiera liderar, de veras, un proceso de reconstrucción nacional.

21 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El país necesita un cambio radical de rumbo porque todo el mundo siente que vamos por mal camino. A la gente hay que devolverle la esperanza, el optimismo y su capacidad de soñar en un mejor futuro.

Esa es la tarea de un verdadero líder. Y eso es lo que pretendió hacer el presidente Samper después de la votación en la Cámara.

Por qué no pudo? Por qué no logró convocar al país a su alrededor precisamente en el momento en que todo el mundo añora que alguien muestre el camino para salir del atolladero? El problema es de credibilidad, la cualidad más importante para liderar cualquier proceso.

Esa falta de credibilidad no es solo producto del proceso 8.000. Es fruto de una permanente tergiversación de la realidad por parte de muy diligentes funcionarios del gobierno.

La habilidad para manipular la información y mostrar las cosas como no son, es digna de un especial reconocimiento. Pero a la larga va a ser su talón de Aquiles.

Es que la gente sencillamente ya no le cree. Veamos algunos ejemplos de por qué ha perdido su poder de convocatoria.

El gobierno les prometió a los colombianos que no habría más impuestos. Un año más tarde estaba presentando una reforma tributaria.

Se ofreció paz, pero se acrecentó la guerra.

El escándalo de los dineros calientes en la campaña presidencial se le atribuyó primero a una venganza de los narcos, luego a una conspiración de los gringos, después resultó ser un ataque neoliberal a su modelo económico, más tarde era un problema de los ricos contra los pobres y, por último, un intento de los conservadores para derrocar el régimen liberal. Nada de esto resultó cierto.

El elefante sí entró a la casa.

Cuando el ex presidente Gaviria se pronunció por primera vez sobre el proceso 8.000, Samper salió por la televisión a agradecer el apoyo de su antecesor.

El pronunciamiento de Gaviria tenía de todo menos de apoyo.

El discurso del presidente Clinton en las Naciones Unidas lo presentó el gobierno como un respaldo del Tío Sam a su gestión. Era todo lo contrario.

A varios nos consta la ira del ex presidente López hace unas semanas cuando una conferencia suya en Londres, que nada tenía que ver con el proceso 8.000, fue tergiversada por Palacio (mediante comunicado) como un espaldarazo a Samper.

El gobierno ha hecho todo tipo de propuestas de mucho fondo sin tener las más mínimas posibilidades de llevarlas a cabo. La pena de muerte, la Cámara única, el acuerdo nacional contra la violencia o el contrato social con los campesinos, son algunas de ellas. Resultaron, como se dijo en su momento, simples cortinas de humo.

La última propuesta es bien sintomática. Después de enterrar la carretera panamericana a través del tapón del Darién por razones ecológicas, se anuncia la obra más espectacular en la historia del país sin el conocimiento del propio ministro de Obras: un canal interoceánico para ser construido... con bombas atómicas.

Mediante avisos muy costosos de prensa se quiere dar la idea de que la economía va viento en popa. La verdad es que todas las encuestas y las investigaciones muestran lo contrario.

El gobierno dice ahora que la recesión económica se debe a la lucha contra el narcotráfico, como si la droga no siguiera saliendo y los dólares entrando.

Se prometió aumentar las penas contra los narcos. Muy curioso, pero hace año y medio Samper y Botero atajaron una iniciativa en esa dirección.

En todas partes se habla de la importancia de la inversión social, pero sus resultados no se ven por ningún lado.

El ministro de Comercio Exterior le comunico al país, después de su última visita a Washington, que estaban descartadas las sanciones comerciales. Falso.

La ministra de Agricultura presentó la semana pasada la posición del Grupo Cairns contra cualquier medida unilateral que afecte el comercio como un gran triunfo para Colombia . Esto molestó a las demás delegaciones, pues no solo es una posición que tiene el grupo desde su creación, sino que la iniciativa la tomó Canadá.

En fin, la lista es interminable.

Esa falta de credibilidad es el mayor obstáculo para que el gobierno ejecute con éxito cualquier política. Y mucho menos un proceso de reconstrucción del país, como lo propuso el Presidente. Un gobierno sin credibilidad si acaso puede administrar pero no puede gobernar. Es triste, pero es así.

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