LA FARSA HA TERMINADO

LA FARSA HA TERMINADO

Qué ironías las que tiene el fútbol!: Luis Augusto García, cuyos servicios Junior nunca debió contratar, se dedicó durante los dos últimos meses a hablar de los árbitros como los culpables de una mala campaña. En ese sentido, se cansó de fabricar mentiras: que el gol del América en Cali por la Copa fue en fuera de lugar, que en Bogotá aparecieron los pistoleros de turno para desarmar a su equipo, que había una campaña orquestada para destrozar a la escuadra que supuestamente él dirige. Sólo que al señor García le ocurrió como al pastorcito mentiroso , pues ya nadie le creía cuando en realidad surgió Rafael Sanabria para torpedear la tardía reacción rojiblanca a punta de pito puro...

18 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Es necesario hablar claro: Sanabria le metió la mano al partido. Los especialistas en materia arbitral coinciden en que Bolaño fue bien expulsado, mirando la acción a secas, pero el concepto cambia si se revisa cuidadosamente el contexto de la jugada: el arbitro ignoró una vulgar agresión contra Jorge, lo cual provocó la inmediata e impensada respuesta del fogoso volante samario. Además, tendría que haber salido Pacheco, pues todo el estadio vio el saludo cordial de Víctor Danilo.

Como si no bastara con ello, Sanabria se empeñó en acortar las distancias entre Nacional y el arquero Pazo a punta de faltas inexistentes, al tiempo que pasó por alto golpes repetidos sobre Mackenzie y Pacheco. Con guante negro y descarado, más no blanco o sutil como le llaman algunos, Don Rafael es responsable de una buena parte de lo que ocurrió en el Metropolitano. El resto, pasa por lo deportivo: Junior no supo definir frente a Higuita, pues San Iván tampoco logró salvar en esta ocasión a Luis Augusto García. Nacional tuvo mejor trabajo de conjunto y fue más en lo táctico que su rival, pese a que el dueño de casa levantó de manera sensible su paupérrima producción de otras tardes y alcanzó por pasajes un buen comportamiento en el plano individual.

Pero eso no es todo: Juan José Peláez ratificó, al momento de mover y cambiar las fichas claves, que conoce su oficio de técnico. García, en cambio, desnudó su incapacidad para resolver con inteligencia las situaciones adversas, quedando demostrado con ello que su traída al Club Tiburón constituye una terrible equivocación. Los pecados de Luis Augusto son múltiples: falta de trabajo y claridad conceptual, tardanza extrema a la hora de realizar las sustituciones, ausencia de criterio para contestarle al enemigo con la contratáctica adecuada. Y lo peor: desde el punto de vista puntuable, a la hora de auscultar las cifras relativas, la tarea de Luis Augusto fue inferior a la de El Piscis Restrepo.

En el mismo seno de la Junta Directiva del Junior, existen opiniones como esta: No merecíamos clasificar , lo cual sirve para probar que muchos errores ocasionaron la hecatombe que hoy todos conocen. No se pueden olvidar los tres puntos que se resignaron en Barranquilla ante el Tolima, donde la culpa no fue del árbitro sino del sol que, por fortuna, no cabe en la tanqueta de la Policía.

Para terminar, hay que meterle el freno de mano a la violencia en el estadio. Anteayer fue contra Rafael Sanabria, pero pudo ser víctima todo el equipo como sucedió otras veces. Algo grave está pasando, y no podemos darle paso a las barras bravas o a los hooligans que tantos estragos han causado en otros lugares del planeta.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.