EL NACIONALISMO RUSO DECIDIRÁ LAS ELECCIONES

EL NACIONALISMO RUSO DECIDIRÁ LAS ELECCIONES

El presidente Boris Yeltsin y su rival comunista Guennadi Ziuganov terminaron, como en las carreras de caballos, a una nariz. Los resultados oficiales, anunciados el jueves, los pusieron en 35,28 por ciento y 32,04 por ciento respectivamente. En tercer lugar, sorpresa para las encuestas y héroe de estos días súbitamente elevado a los más altos puestos del país, el general Aleksandr Lebed, con 14,52 por ciento. (VER MAPA INFOGRAFIA: LA NUEVA GEOGRAFIA ELECTORAL RUSA)

22 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Qué refleja esta votación? Más allá de las victoriosas declaraciones de comunistas y yeltsinistas -en las cuales, por otra parte, no cree seriamente ninguno de ellos- hay una profunda división del segundo país del mundo en todos los niveles y muchas dudas respecto al resultado de la segunda vuelta, que ha sido fijada para el miércoles 3 de julio, declarado por el gobierno día festivo.

Rusia termina la elección dividida política, social y geográficamente. En el país se han delineado definitivamente tres campos, cada uno con un tercio del electorado. Los comunistas lograron 24 millones de votos; Yeltsin algo más de 26 millones.

Los primeros perdieron un millón de votos frente a las parlamentarias de diciembre de 1995. El segundo obtuvo 22 millones de votos menos de los que logró en 1991, pero cerca de 3 millones de votos más que el total de sufragios dados en favor de los movimientos identificados con él y su política en diciembre.

El tercer campo lo constituyen 4 millones de votos depositados por el fanático Zhirinovsky y casi 11 millones por el general Lebed, identificado con la oposición y las ideas nacionalistas y de poner orden mediante mano dura. Los 5 millones y medio de votos que logró el liberal Yavlinski, y el millón y medio que se llevaron los otros cinco candidatos que no llegaron al 1 por ciento son casi todos votos en favor de una tercera alternativa.

Por regiones la brecha se ha reducido. Los comunistas, en las presidenciales, ganaron en 42 regiones de Rusia, frente a 65 en diciembre. Ziuganov y el presidente se dividen casi por mitades la cantidad de los llamados sujetos (integrantes) de la Federación Rusa, que son 89 en total.

La elección arrojó un asombrosa división entre el Norte, despoblado pero de muy grande superficie, en favor de Yeltsin, y el Sur, campesino y fronterizo con las ex- repúblicas soviéticas y la China, en favor Ziuganov.

En esta elección hubo cerca de 5 millones de nuevos votantes, por la más alta asistencia y por muchos jóvenes que sufragaban por primera vez. Ni Yeltsin ni Ziuganov lograron arrastrarlos. Casi todos se depositaron en favor del candidato alterno, Lebed, y, marginalmente, por el liberal Yavlinski, que logró un millón de votos más que en diciembre.

Social y políticamente, el mapa no cambió. Rusia está dividida entre partidarios de la reforma y su símbolo, Yeltsin, y enemigos de ella y partidarios de quien encarna la protesta, Ziuganov. Pero se amplió mucho la franja de quienes, sin añorar al comunismo y rechazando a los reformadores, ansían una tercera vía.

La votación por Lebed suma a los que desertaron de la utopía radical de Zhirinovsky, a quienes por primera vez acuden a las urnas y, en menor medida, una pequeña parte de los votos comunistas. Y son, en lo esencial, los partidarios de ambos quienes decidirán la segunda vuelta.

Las dudas Una breve pelea política definió la fecha de la segunda ronda. Tres de julio.

Como lo quería el presidente. Para quien es vital garantizar la asistencia más alta posible. El comienzo de julio es fecha de vacaciones en Rusia, y de calor.

Mientras menos vengan a votar, mayor es la ventaja de los comunistas, cuyo electorado es el más disciplinado, el que esperará la elección antes de salir de vacaciones y el que en el día más caluroso primero irá a votar y sólo después partirá hacia su dacha (casa de campo).

El voto por el liberal Yavlinski, en su mayoría, engrosará las filas de Yeltsin. Si bien este electorado no quiere al presidente, lo prefiere a los comunistas. Por su parte, dos tercios de la votación por el nacionalista fanático Zhirinovsky se volcarán a los comunistas, pese a que su jefe afirma que lo sufragarán como él diga. Parte de uno y otro no votará o lo hará, según lo permite la ley, contra ambos candidatos.

La primera duda, pues, hacia la segunda vuelta, es la asistencia. La cual para los jefes de la campaña yeltsinista, como dijo uno de ellos, Anatoli Chubais, es el problema número uno . La segunda es el destino del decisivo voto nacionalista. Esencialmente opositor, Yeltsin espera, sin embargo, ganarlo para sí.

Los conflictos El presidente ruso debe el triunfo en la primera vuelta a que terció el general Lebed. Resultado: menos de 24 horas después, este quedaba integrado a su equipo. De candidato pasó a ser uno de los hombres más poderosos de Rusia.

Y proclamó convencido que el 70 por ciento de su electorado lo apoyará. Cosa sin embargo lejos de estar clara.

Se han dado pasos enérgicos para convencer a los votantes de Lebed. A este no sólo se le dieron dos puestos desde los cuales, como anuncia la presidencia, puede cumplir su programa .

El mismo anunció que había aplastado una supuesta conspiración de varios generales para impedir la destitución del ministro de Defensa. Y un día después jugó papel clave en el desplazamiento de otros tres duros en el entorno presidencial que supuestamente querían sabotear la realización de la segunda ronda. Con lo cual el estrellato del general -y su alianza con Yeltsin- ocupan todos los noticieros rusos.

Sin embargo, su electorado es impredecible. Primero, porque es mayoritariamente nuevo. Segundo, porque el general-candidato encarnaba la oposición, y el general-funcionario, a ojos de parte de sus simpatizantes, puede no encarnarla y dejar sólo a los comunistas como alternativa.

Dudas que tienen al Kremlin en ascuas. La intriga palaciega que terminó con la destitución del director del ex-KGB, del jefe de la seguridad presidencial y el segundo hombre del gobierno ligado a la industria militar, todos hombres fieles y de confianza del presidente ruso, no es sino un episodio de los traumas hacia su reelección.

Eso sí, los liberales alrededor de Yeltsin se han movido de modo enérgico. La designación del popular Lebed, símbolo de la lucha contra el crimen y la corrupción -problemas que el electorado pone en primera fila de sus preocupaciones-; la salida de cuatro desprestigiados personajes del equipo yeltsinista, y la eventual incorporación del demócrata remiso Yavlinski son medidas que aumentan seriamente las posibilidades de reelección de Yeltsin y han puesto a los comunistas a la defensiva.

Pero que no logran despejar la principal incógnita de la segunda ronda de la elección presidencial rusa: logrará todo esto convencer a los votantes nacionalistas que la mejor opción es el presidente Yeltsin? Un país partido en dos La inmensa Rusia está dividida en dos mitades. De sus 89 regiones, 44 apoyaron a los comunistas y 41 a Yeltsin. En las otras, o hay empate, o ganó el candidato sorpresa Lebed.

El norte de Rusia, de Oriente a Occidente, apoyó a Yeltsin. Lo mismo que las grandes ciudades, en particular Moscú, San Petersburgo y su ciudad natal Ekaterinburgo, en todas las cuales ganó por más del 60 por ciento mientras los comunistas son marginales.

Por bloques regionales el presidente-candidato logró quitarle a los comunistas el Extremo Oriente, en el Océano Pacífico, salvo una región. Yeltsin asimismo logró ventaja en los Urales y en las repúblicas carboneras, petroleras y pastoriles del Gran Norte ruso.

Las 21 repúblicas donde son parte importante etnias distintas de la rusa, se repartieron entre ambos candidatos. Ziuganov ganó en 12 de ellas. En particular, en las repúblicas de la industria automotriz y petrolera del centro de Rusia y en las conflictivas del Cáucaso del Norte. Casi en todas ellas los comunistas aventajan por gran diferencia.

El voto comunista no sólo es campesino, sino agroindustrial y obrero. El sur de Rusia, en las regiones de Rostov, Krasnodar y Stavropol arrojó una seria ventaja comunista. Y si bien el presidente logró romper el llamado cinturón rojo en torno de Moscú ganando en varias regiones aledañas a la capital, los comunistas mantuvieron, y fortalecieron en algunos casos, su ventaja en las zonas vecinas.

Yeltsin gana en las llamadas autonomías , inmensas regiones de Siberia del Norte escasamente pobladas por pastores nómadas. Los comunistas en zonas de los Urales del sur y del Volga donde es alta la concentración de la postrada industria militar.

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