TRANQUILIDAD SIN TEORÍA

TRANQUILIDAD SIN TEORÍA

La actividad artística estuvo marcada por una notable complejidad y diversificación productiva, en especial por parte de los artistas jóvenes. Notorio fue también el desinterés ( o la incapacidad?) de los impulsadores institucionales para realizar proyectos de envergadura, no tanto a nivel material como teórico. En efecto, los museos, salas promocionales y publicaciones se limitaron a sacar adelante programas de fácil y simplista base intelectual, tales como exposiciones individuales, retrospectivas manejadas por los artistas involucrados (un endémico vicio colombiano), revisiones temporales débiles en sustentación conceptual y libros de escritos periodísticos sobre el arte y parte de algunos artistas, en general los mismos de siempre, en donde la foto del artista con su obra, ojalá vestido (a) con los mismos tonos del trabajo reproducido, es siempre más importante que cualquier reflexión teórica.

30 de diciembre 1990 , 12:00 a.m.

Este fenómeno resultó curioso por dos razones: primera, las únicas exposiciones con un tema teórico específico fueron aquellas traídas por las embajadas o centros culturales extranjeros ( Líneas de visión , 5x5 ), que a pesar de su bajo número ponen de manifiesto la atención que se da a este tipo de muestras en el extranjero.

Y segunda: mientras muchos artistas desplegaban una respetable fuerza creadora e ideológica, el núcleo teórico del establecimiento artístico colombiano, integrado por curadores de museos y exposiciones, críticos y editores de publicaciones, se negó a presentar el innegable avance conceptual de la nueva pintura abstracta colombiana, o la formación de una sugerente tendencia figurativa en la reciente escultura del país, a menos que fuere en muestras de señalamiento individual.

El problema no es nuevo, pero 1990 vio agravar la crisis en medios como el videoarte, la instalación y el performance. A pesar de que el primer premio del Salón Nacional fue un certamen teatral de María Teresa Hincapié, el continuo desprecio institucional hacia estas expresiones redujo no solo su ya escaso número sino, especialmente, su confrontación y, por ende, su cuestionamiento interno como medio artístico colombiano. En videoarte, ni siquiera la Bienal el MAM-Medellín (en su tercera versión) ha logrado promover un avance notable, pues el Museo no ofrece ningún tipo de soporte material a los videoartistas colombianos, y basa su Bienal en los envíos extranjeros. Como resultado es lamentable anotar que en 1990 no es posible mencionar ningún videoarte de calidad.

La confusión teórica que pudo observarse en las instalaciones expuestas en el Salón Nacional comprueba que, aunque hay interés por este ya académico medio, muchos principiantes no saben aún a qué atenerse. Culpa suya no es del todo, ya que son mínimos los espacios institucionales que quieran mostrar sus trabajos, lo que dificulta una posible discusión conceptual. Sin embargo, este año pueden mencionarse la muy delicada y oscura de Marta Calderón en el Museo de la Universidad Nacional, llena de luces y sombras alusivas a la muerte, y la todavía inmadura pero aún así fuerte: Nos volveremos a encontrar de nuevo? , de Roberto Sarmiento, en la II Bienal del MAM-Bogotá, que también hacía referencia a la destrucción de la vida, pero no con el tono privado de Calderón sino con un evidente interrogante social. En relación con lo anterior, es necesario señalar que no solo los muy jóvenes artistas se enredan en sustentaciones teóricas.

Lo mejor del año, de todos modos, fue comprobar que la inteligencia y agudeza cultural rondan los trabajos del nuevo grupo de pintores abstraccionistas (Carlos Salas, Luis Fernando Roldán, Danilo Dueñas, Jaime Franco, Jaime Iregui), y que los escultores recientes introdujeron nociones figurativas y espaciales derivadas más de la pintura y el conceptualismo que de la gran tradición de la escultura constructivista colombiana (Germán Botero, Alicia Barney, Consuelo Gómez, María Fernanda Cardoso, Pablo van Wong, Albeiro Londoño, Nadín Ospina). El trabajo de estos artistas convirtieron una poética personal en una hipótesis colombiana.

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