COLOMBIA, OTRA YUGOSLAVIA

COLOMBIA, OTRA YUGOSLAVIA

La profunda crisis nacional, vinculada de manera estrecha a un fenómeno de alcance y naturaleza mundiales como es el de las drogas sicoactivas ilícitas, estuvo, está y estará internacionalizada en su desarrollo específico, así como en su eventual resolución.

23 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Dicha internacionalización se origina en un hecho definido en términos negativos; eso es, la prohibición de drogas sicoactivas. Prohibición, a su vez, que tiene como protagonista más militante, aunque no solitario a Estados Unidos.

En este sentido, como consecuencia del tradicional prohibicionismo de Washington, del nuevo escenario internacional surgido con la posguerra fría y en el ámbito de una profunda crisis de ingobernabilidad nacional, las relaciones colombo-estadounidenses están incursionando en el peligroso terreno del enfrentamiento bilateral. Ello, a su vez, incide negativamente, tanto sobre la fortaleza del Estado nacional, como sobre la preservación de la integridad territorial.

En esa dirección, a mi parecer, Bogotá y Washington están transitando hacia un esquema asimétrico y agresivo caracterizado por el tutelaje de Estados Unidos sobre Colombia como resultado de la importancia estructural y no simplemente coyuntural alcanzada por el tema de las drogas en los vínculos binacionales.

Como corolario de este planteamiento, la salida de la presidencia de Ernesto Samper suavizaría temporalmente, aunque sin revertir, de modo inmediato o definitivo, el creciente empeoramiento de los lazos entre los dos países.

En breve, la dejación del poder del actual mandatario sería una condición necesaria pero no suficiente para un eventual y distante mejoramiento de las interrelaciones colombo-estadounidenses.

En esencia, en el manejo de la política hacia Colombia se estaría consolidando un caso perfecto de la diplomacia coercitiva estadounidense de la posguerra fría: asegurar el ajuste y el cambio interno en un país sin la consideración de presupuestos ideológicos férreos y de acuerdo con los dictados estratégicos de Washington, mediante la invocación concreta y la utilización específica de un vasto instrumental de presión, amenaza y sanción sin requerir del uso de la fuerza ostensible para lograr tal propósito.

En consecuencia, el caso colombiano demostraría no tanto el ejercicio de una conducta burocrática obnubilada por parte de Estados Unidos, sino el ensayo de un modelo de vinculación con los países-problemas ; afectando los límites tolerables (para Washington) de la soberanía de esas naciones, pero evitando una intervención directa costosa.

Explosión o implosión? De allí, la enorme y decisiva incidencia de Estados Unidos en la crisis colombiana. Sin embargo, cabe aclarar que más allá de la iniciativa estadounidense frente a Colombia en el terreno diplomático, Washington sabe muy bien que a menos que se derroque un gobierno mediante la intervención o la invasión (como Panamá en 1989), los regímenes políticos no se caen por explosión externa, sino que sucumben por implosión interna (como los del antiguo bloque socialista en Europa oriental y recientemente en Italia, Brasil y Venezuela).

Paralelamente, una implosión descontrolada y violenta puede, a su turno, generar las condiciones propicias para una fractura territorial del país. Fuerzas, factores y fenómenos internos, en el marco de un contexto subregional y hemisférico complejo y crítico, podrían impulsar, expresamente o sin advertirlo, una desarticulación geográfica nacional de incalculables repercusiones.En un país de regiones, caracterizado por un Estado precario y una sociedad débil, en medio de una guerra civil no declarada, sin líderes nacionales con capacidad de aglutinación, con una parte significativa del Ejército que se siente traicionado y hasta agredido por Estados Unidos y una Policía que recibe los favores y la confianza de Washington, y donde predomina en la gran mayoría de los actores institucionales privados y paraestatales una visión y un comportamiento marcado por lo local, no parece descabellado pensar (lo que no significa desear) que la actual crisis nacional exacerbada por agentes y variables internacionales pueda conducir a una yugoeslavización del país.

Antioquia federal? San Andrés y Providencia secesionista? Autogobierno costeño? Llanos Orientales independientes? Occidente autónomo? Emancipación andina? Repúblicas libres? Una república roja guerrillera? Una república blanca cocalera? Una república negra petrolera? Una república gris paramilitar? El enorme desgarramiento interno y la grave vulnerabilidad externa pueden facilitar las tendencias de desmembración nacional.

Por ello mismo, aunque esta es una eventualidad al parecer distante, Colombia requiere del contacto externo y la colaboración mundial para resolver sus múltiples problemas antes que el ostracismo autoimpuesto o el narconacionalismo provocador.

(*) Investigador del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional.

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