LA FIEBRE NO ESTÁ EN LAS SÁBANAS

LA FIEBRE NO ESTÁ EN LAS SÁBANAS

Las 8.000 pesadillas que estamos viviendo los colombianos nos obligan a reflexionar sobre el futuro que podrán tener nuestros hijos. No es necesario ser un experto en nada para ver que nos estamos rodando por un despeñadero y que no hay un barranco que nos ataje . Por esto quiero pensar en voz alta sobre todo lo que veo. Pero debo aclarar que soy un educador godo , considerado por muchos como intransigente en asuntos de moral, tengo un hermano (Alvaro) que es político, que es brillante y constante opositor del régimen. No soy ni fui samperista.

25 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Veo necesario confesar que yo no tengo autoridad moral para juzgar al régimen, porque soy de los que durante años no hicieron nada frente a la lenta descomposición de nuestra patria. Toleré elecciones dudosas, conviví con las componendas políticas, acepté los arreglos complacientes entre los partidos, no reaccioné a tiempo cuando los dineros de la droga empezaron a penetrar en la vida del país.

Veo que la desesperación con que unos y otros defienden sus razones válidas cada uno tratando de probar que tiene la razón, halando para su lado a la opinión está descuartizando más a nuestra pobre Colombia. Sin que aparezcan soluciones a la causa del mal: la ignorancia .

Veo que es un acto de irresponsabilidad estar tumbando a la brava al régimen si no se tienen propuestas de las dimensiones de los retos y necesidades del país de hoy y de mañana y esto es lo que no hay. Por ejemplo: el Partido Conservador, que fundaba su razón de ser en los principios cristianos, en la Encíclica Rerum Novarum, en la autoridad moral de las personas, en la justicia social y la dignidad de la persona humana, hoy tiene como fuente de verdad las estadísticas de unas encuestas, y cambió su inspiración doctrinal por la negociación.

Así pasó de una libertad fundada en la verdad y la responsabilidad, a una libertad fundada en la opinión. Y así, los godos nos quedamos sin partido. Y mientras tanto el partido político mayoritario del país, engolosinado por el poder, perdió su sentido de la historia.

Veo que la gobernabilidad no debe depender del jefe del Estado. Hay países que cambian de gobierno como de corbata y el país nacional ni se da cuenta. Porque la gobernabilidad de las naciones desarrolladas depende de la madurez y el liderazgo de sus dirigentes y no del presidente de turno. Por esto la solución no es jugar a la caída de Samper, porque la salud del paciente no lo resiste.

Porque sin definir: hacia dónde nos llevan?, por qué?, para qué? y cómo?, de nada sirve, todo lo contrario, el costo es demasiado alto y quedaríamos en lo mismo. No podemos olvidar que la política solo tiene sentido cuando se ejerce para construir. El problema no es de nombres, es de ideas y principios.

Veo que la fiebre no está en las sábanas, pero también veo que la gente de buena voluntad debe tomar conciencia de que nadie tiene derecho a delegar su patria y que no tenemos derecho a delegar el futuro de nuestros hijos . Pero tampoco es prudente dejarnos involucrar en los odios, los extremos y la vehemencia. Más bien es necesario que busquemos los mundos en común en que podemos trabajar juntos.

Busquemos para hoy el mal menor para Colombia: la reconciliación y la confianza en la patria. Y empecemos a forjar un mañana sólido, con una educación relevante para niños y adultos: educación en lo que es correcto y lo que es incorrecto moralmente; con el ejemplo y compromiso personal; con la coherencia; con la reconstrucción de nuestros valores; con nuestro amor al prójimo; con nuestro amor al estudio y al trabajo; con nuestro amor por Colombia.

Una educación que, por ejemplo, convoque a todo el país; a través de todas las organizaciones naturales locales; a crear equipos de estudio que asuman la solución de problemas puntuales de su entorno (micro-planeación), sin necesidad de acudir a un Estado que, hace rato, está desbordado por los problemas y responsabilidades, y limitado en recursos y soluciones.

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