Explorando otras formas del cuerpo

Explorando otras formas del cuerpo

Cada vez que Luisa Martínez se baja de la silla de ruedas y se desliza por el suelo del escenario recuerda el momento en que decidió que el norte de su vida era la danza.

30 de abril 2011 , 12:00 a.m.

Luego se levanta poniendo el esfuerzo en sus brazos y corrobora que si el cuerpo habla, el suyo grita que es una mujer fuerte, con una voz dulce pero altiva, que ha explorado su cuerpo y sin duda va más allá de los pies.

Lo hace con la compañía ConCuerpos Danza Contemporánea Integrada, en la que baila con personas sordas y también con bailarines sin ninguna discapacidad.

"No hay nada terapéutico en esto, es sólo danza, movimiento. Que no pueda caminar no quiere decir que no baile", dice Luisa, de 29 años. Parada frente a ella, Andrea Ochoa, la directora de ConCuerpos, se dispone a crear otro movimiento. Luisa está otra vez en su silla y ahora esta es parte vital de su dueto, lo complementa. Se toman de la mano y Andrea salta, tal y como lo hizo cuando en 2007 decidió formar el grupo con apoyo del Ministerio de Cultura y el Cirec (Centro Integral de Rehabilitación).

Hoy, su compañía es una de las pocas que se dedican a esta línea en el país y se ha presentado en espacios tan importantes como la Cumbre de Ottawa, en Cartagena o en el festival de Danza Contemporánea emergente, en Chile.

"Queríamos romper con la idea de ese cuerpo idealizado de la danza y decir que hay muchos cuerpos que quieren bailar", dice Ochoa, sicóloga y bailarina, en el auditorio Delia Zapata Olivella, donde ensayan. Para ella, lo que hacen Luisa, Andrés Lagos, Rafael Arévalo, Carolina Caballero, los integrantes, es una "práctica política", una apuesta por demostrar que "la que está discapacitada es la sociedad". .

Habilidades diferentes .

La danza integrada es muy común en Inglaterra, pero poco conocida en Colombia.

Sin embargo está ganando espacios y, desde el año pasado, fue incluida en el Plan Nacional de Danza. Paradójicamente, es complicado encontrar personas con discapacidad que se animen a bailar. Luisa explica por qué: "Primero, de esto no se vive; segundo, el desplazamiento es difícil y cuesta y los taxistas ni nos paran", asegura. Ella debe sincronizar el tiempo con el de su padre, para que la pueda trasladar hasta los ensayos.

Cada uno enfrenta retos distintos, pero según Andrea, quien ya aprendió lenguaje de señas, valen la pena. Son cuerpos que expresan habilidades nuevas, impensables.

"A los niños con sindrome de Down les encanta la escena, las personas sordas (que se mueven por las vibraciones de la música) tienen un cuerpo muy inteligente, fluido, y las personas ciegas bailan desde lo que sienten, muy libres", dice y recuerda que no es necesario explicar la fuerza de los brazos de Luisa, quien, además de danza contemporánea, baila folclor, con otra compañía llamada Aznad (danza al reves).

Hasta ahora han presentado tres montajes y en todos, el público sale impactado, conmovido. "Cuando me bajo de la silla hay gente que cree que es parte de la obra nada más", dice Luisa, quien sueña con que en poco tiempo haya festivales de danza integrada.

Apoyo para bailarines plan nacional de danza quiere dARLES UN TÍTULO.

La inversión del plan es de 4 mil millones de pesos y el 50 por ciento se destina a formar grupos de danza del país, que ayer celebraron su día internacional. MinCultura le apunta a la titulación de personas que llevan años trabajando en danza y a fortalecer su emprendimiento de grupos

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