ECOLOGÍA EN EL CERRO DE USAQUÉN

ECOLOGÍA EN EL CERRO DE USAQUÉN

A unos pocos metros del barrio Santa Bárbara, detrás de Usaquén, hay un sitio donde los visitantes pueden olvidarse del estrés y el asfalto de la gran ciudad y aprender a conocer la naturaleza.

25 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Más de 130 especies de orquídeas, uno que otro lagarto, serpientes delgadas e inofensivas, bromelias, plantas exóticas y bosques nativos forman parte de los elementos del paisaje que un caminante desprevenido puede encontrar en el cerro de Usaquén, en un recorrido de aproximadamente seis kilómetros cuadrados.

Allí se pueden encontrar desde especies de plantas que fueron perfectamente descritas en los libros de José Celestino Mutis, el padre de la Expedición Botánica, hasta una especie de plaga (o maleza) que no se ha observado en ninguna otra parte de Colombia y que nadie sabe por qué llegó hasta allí (al parecer es una especie foránea).

También hay plantas que tienen su propia historia, como la passiflora aceruana, bautizada en honor al pintor Acero, que reprodujo la flor en varios de sus cuadros. Esta es oriunda de la Sabana de Bogotá, pero muy pocos han podido conocerla. Sin saber por qué, esta planta no se había vuelto a ver en el lugar desde hace cerca de 200 años. Uno de los pocos que tuvo el privilegio de observarla fue el sabio Mutis.

En el año 1954, sin embargo, fue vista en los departamentos de Huila y Tolima. Nadie sabe cómo llegó hasta allí, ni por qué desapareció de su lugar de origen. Pero, para orgullo de los bogotanos y como cualquier hijo pródigo, la planta regresó a la Sabana y está ahora en los cerros de Usaquén.

Para muchos, lo más interesante del recorrido es quizás la oportunidad de descubrir nuevas especies, que no debe ser subestimada. Hace poco, Pedro Eguiluz, un español que ha hecho suyo el cerro a punta de caminatas, descubrió una especie que no formaba parte de los registros del herbario nacional (donde se guardan las colecciones de plantas del país).

Pero como la dicha nunca es completa, también hay urbanizaciones y áreas reforestadas en donde los pinos y eucaliptos sustituyeron a las especies nativas.

Eguiluz y su esposa, María Dolores Montes, que se definen como un matrimonio de españoles enamorados de la belleza del nuevo mundo, quisieron hacer partícipes a todos los bogotanos del placer que sentían cada vez que subían a ese rincón escondido, que sobrevive al oriente de Bogotá.

El sábado lanzaron el libro El cerro, frontera abierta, que incluye una completa guía de plantas y animales que se pueden encontrar en el lugar y un mapa con diferentes opciones para recorrer el sendero ecológico. Según Eguiluz, el recorrido es una magnífica oportunidad de educación ambiental, especialmente para los estudiantes de los colegios, ya que en él pueden observar no solo las maravillas del cerro, sino también el deterioro que ha sufrido en algunos sectores

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