TOMATES DE AGUA SALADA

TOMATES DE AGUA SALADA

Científicos de Canadá y E.U. han logrado una variedad de tomates, genéticamente modificados, capaces de desarrollarse en aguas con alto contenido en sal, lo que abre una posibilidad a nuevos cultivos tolerantes.

31 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Científicos de Canadá y E.U. han logrado una variedad de tomates, genéticamente modificados, capaces de desarrollarse en aguas con alto contenido en sal, lo que abre una posibilidad a nuevos cultivos tolerantes.

Cerca de un 40 por ciento de las tierras agrícolas del mundo presentan un índice de salinidad más elevado de lo que las plantas toleran, lo que limita su uso y merma la productividad.

El desarrollo de una variedad resistente a la sal "puede tener implicaciones importantes para la agricultura mundial", señaló hoy Eduardo Blumwald, biólogo de plantas de la Universidad de California (E.U.) y uno de los creadores de la nueva variedad.

Los tomates que han logrado Blumwald y otros colegas de la Universidad de Toronto (Canadá) resisten una concentración de cloruro sódico (sal) en el agua de hasta 200 milimoles, más de una tercera parte de la sal que contiene el agua de mar.

Los tomates, que hasta ahora sólo se han desarrollado en laboratorio, podrían estar disponibles para el cultivo de nuevas cosechas en unos tres años, según sus creadores.

Según detallaron los científicos en un artículo que se publicará mañana, martes, en Nature Biotechnology, la nueva modalidad de tomates resiste la sal gracias a la introducción de un gen procedente de otra planta, la Arabidopsis.

La Arabidopsis thaliana es una planta de la familia del repollo o col y una de las mejor conocidas por los científicos, ya que fue la primera de la que se obtuvo la estructura de su secuencia genética.

Blumwald y Hong-Xia Zhang, de la Universidad de Toronto, aislaron un gen que controla el transporte de las proteínas y lo introdujeron en la cadena genética del tomate.

El sistema de transporte de proteínas utiliza la energía disponible en las células para arrastrar la sal, en forma de iones de sodio, y almacenarlo en unos compartimentos dentro de las células denominados vacuolas.

Una vez que la sal se aloja en las vacuolas, queda aislada del resto de las células y no puede interferir con la actividad biológica de la planta, explicaron los investigadores.

Los científicos han demostrado en el laboratorio que las plantas modificadas genéticamente pueden crecer y dar fruto con aguas de irrigación que tengan 50 veces más contenido de sal de lo normal.

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