CLARA INÉS DEJÓ DE SER LA NIÑA REBELDE

CLARA INÉS DEJÓ DE SER LA NIÑA REBELDE

Clara Inés Córdoba ya no pelea con lo niños de su barrio, ni les demuestra lo ruda que puede ser, ni mucho menos los espanta con palos y con pelotas. Tampoco hace llorar a su profesora a punta de travesuras, ni es líder de esas 10 chiquillas que le disputaban la supremacía deportiva a los varones en la escuelita en donde estudiaba.

26 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Ahora, Clara, o Inés, o Córdoba, como le dicen, no hace más que correr y correr, saltar y saltar, hasta el punto de que el lunes logró batir su propia marca nacional en el salto triple con un registro de 12,62 metros. Antes estaba en 12,49.

Clara jugaba yermis, fútbol y bolas de cristal en las calles de su barrio en Quibdó y en el colegio practicaba el baloncesto. No hacía más. Claro que tenía que estudiar porque o sino su mamá no la dejaba salir con sus amigas. Ese era uno de los motivos para que no le terminara de agotar la paciencia a su profesora: Clara era una de las mejores estudiantes de su clase.

Un día Guillermo Valencia llegó al salón y dijo que necesitaban personas como yo para que practicaran atletismo. Yo le pregunté que cómo así que yo. Y él me respondió que yo tenía buena figura para eso. Fui al estadio y me puse a entrenar. En ese entonces tenía 14 años , dice Clara.

Ahora que esta mujer nacida en el corregimiento de Neguá, en el Chocó, tiene 19, es junto a Felipa Palacios la máxima figura del atletismo de esa región abandonada y sin recursos. Clara ha conseguido el primer y hasta el momento único oro de su departamento en estos Juegos.

Ella, que no hace más que mostrar una sonrisa enorme y de mover los ojos y las manos para expresarse sabe que todavía tiene mucho para dar.

Yo estoy para saltar por lo menos 13 metros. La marca anterior la había conseguido en un Grand Prix en Medellín , cuenta, y añade que su preparación va muy bien para representar a Colombia en el Mundial Juvenil de Sydney (Australia).

Fíjate. Gracias al Suramericano (que se realizó del 8 al 10 de junio), yo me quedé entrenando en la pista de Bucaramanga. Y mira, logré romper la marca. Qué tal que en Chocó tuviéramos una pista de atletismo, ah? La queja de Clara Inés es más que justificada, pues el potencial atlético de un departamento como el Chocó es enorme, pero los habitantes de allí tienen que luchar contra todo para poder practicar el deporte.

Imagínate que en ese terreno en el que entrenábamos ya hasta no lo quitaron. Se pusieron a hacer unos arreglos y a mí me taparon el foso de salto. Lo cogieron para hacer la mezcla de cemento. Sin embargo, con Felipa, allá seguimos entrenando, porque o si no nos sacan definitivamente .

Algo de activista política debe tener esta mujer que cuando niña fue líder de uno de los más temidos para los niños grupos de chiquillas del colegio, y cuando grande, y junto a su amiguísima Felipa Palacios, recorre las escuelas y colegios buscando gente para practicar el atletismo. Por algo quiere estudiar derecho o sicología en la Universidad Diego Luis Córdoba, en Quibdó.

Huy, hace tiempo me han hecho ofrecimientos para que me vaya del Chocó a entrenar en otro lado. Pero si Felipa y yo nos vamos, cuándo nos construyen la pista. Estando nosotras aquí por lo menos hay alguna esperanza, pero si nos vamos qué...

Clara Inés, luego de ese breve estado de seriedad, vuelve a sonreír.

Lo que más me gusta es compartir con mis amigos. Me encanta reír. Mis amigos la pasan muy bien conmigo porque yo los hago reír. Yo grito, salto, juego, pero ante todo y cuando tengo una competencia me pongo muy seria y me concentro mucho .

Pero por qué le gusta tanto el atletismo? No sé. Es que a mí desde chiquita mi ha gustado estar con lo duro. Es algo que uno lleva en la sangre. Competir contra los hombres. El que va a ser deportista sabe que lleva esa estrella. Uno en el atletismo siente que lo da todo, y siente toda la potencia del cuerpo en un momento. Nos hace gritar, llorar, reír, triunfar. No sé... .

Hace unos años, cuando Clara estaba en el arco tapando para su equipo de niñas, se retiraba cuando uno de los hombres le iba a dar un taponazo para meterle gol. Hoy ya no juega fútbol, solo corre y corre, salta y salta para triunfar y para darle medallas a un departamento y a un país que no se ha dado cuenta que el Chocó también existe, y que por más amor que se le tenga al atletismo, no se puede entrenar toda la vida sobre el barro.

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