RUSIA NO PARECE UN PAÍS EN VÍSPERA DE ELECCIONES

RUSIA NO PARECE UN PAÍS EN VÍSPERA DE ELECCIONES

Diez días después de la primera vuelta de sus elecciones presidenciales, y a menos de una semana de la segunda, Rusia, por lo visto, no preparada para votar dos veces para decidir quién será su presidente, ha entrado en un limbo electoral.

27 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Ayer empezaron, después de diez días de pausa, las transmisiones televisadas gratuitas de que disponen Yeltsin y Ziuganov hasta el primero de julio para hacerse publicidad. Pero pasaron casi tan desapercibidas como todo el resto de lo que en Occidente se considera propiamente campaña electoral.

A siete días de una elección decisiva cualquier país del mundo estaría hirviendo de publicidad, carteles callejeros, actos públicos, música, banderitas y serpentinas. Rusia no. En el intervalo entre primera y segunda vuelta la batalla se ha trasladado a esferas políticamente muy importantes pero poco susceptibles de atraer al simple elector.

Yeltsin se ha dedicado a destituir altos funcionarios e incorporar a sus filas a candidatos prestigiosos; los comunistas a una guerra de conferencias de prensa y actos cerrados que tienen perdidos de antemano. Por extraño que parezca a nuestros políticos de plaza pública y almuerzos escandalosos, a eso se ha limitado hasta hoy la campaña por el segundo puesto del mundo, el de presidente de Rusia.

Pescando aliados Para la reelección, Yeltsin decidió empezar por lo grueso: convencer a 17 millones de electores que votaron por otros candidatos en la primera vuelta para que lo hagan por él en la segunda. Dos días después de las elecciones no sólo incorporó al Kremlin al más votado de ellos, Lebed, sino siete páginas de su programa. Convenció a otro, el oftalmólogo Fiodorov, de apoyarlo. El alcalde de Moscú, Luzhkov, que logró más del 90 por ciento de los votos para seguir como cabeza de la capital, habla todos los días en su favor. Y solo le hace falta conseguir el apoyo del movimiento del liberal Yavlinski.

El comunista Ziuganov ha respondido enteramente a la soviética. Cero de publicidad televisada -las malas lenguas dicen que no tiene dinero; en realidad Ziuganov está convencido que esa forma de agitación no sirve en Rusia. Y por eso da una serie interminable de conferencias de prensa, a veces varias por día, llenas de sensacionales iniciativas políticas.

El lunes anunció que haría un gobierno de coalición nacional y se fue sin contestar preguntas. El martes las respondió, diciendo que lo integraría por tercios con el gobierno y las fuerzas parlamentarias además, por supuesto, de los comunistas. Y ayer dijo que los bancos lo apoyan y presentó a un célebre disidente de los tiempos soviéticos que explicó porqué hasta los perseguidos por Brezhnev hoy deben votar por Ziuganov.

Hablando con el enemigo El resultado de las medidas pre-electorales de ambos candidatos es como mínimo dudoso. Pese a que en las conferencias de prensa de Ziuganov hay que llegar una hora antes so pena de no lograr entrar a la sala abarrotada, el candidato comunista está prácticamente bloqueados en los medios de comunicación rusos. Nadie entiende esta táctica casi suicida.

Yeltsin, por su parte, ha optado también por una vía lejana al elector. Salvo el ministro de Defensa destituido y el general Lebed incorporado, los demás nombres sacados de golpe del Kremlin esta semana son casi desconocidos para el público. Su salida sólo da la impresión en el ruso de fila de que en las alturas del poder están peleando. Los encuestadores partidarios del presidente dicen que todos los cambios recientes sólo han aumentado en 3 por ciento la gente decidida a votar por él.

Por eso la elección rusa, pese a la ventaja inmensa que las encuestas anuncian a Yeltsin, está por verse. Los candidatos han elegido, hasta ahora, tácticas que sólo afectan al electorado politizado. Cuya elección, sin necesidad de todas estas medidas de alta política, está hecha hace rato. Y al electorado indeciso, emocional, nacionalista, o dudoso de votar, que es el que en realidad va a decidir quién es el presidente de Rusia, ambos candidatos hasta ahora, no le han dicho casi nada.

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