LO QUE VA DE ERNESTO A ERNESTO

LO QUE VA DE ERNESTO A ERNESTO

El presidente de Panamá, Ernesto Pérez Balladares, enfrenta un narcoescándalo que ya se ha prestado para que se hable de la samperización de su gobierno.

27 de junio 1996 , 12:00 a. m.

No sé cuantos de ustedes han seguido de cerca lo que ocurre en nuestro pequeño vecino del Norte. Vale la pena hacerlo. Aunque sea para darse cuenta de lo que va de un Ernesto al otro.

Me parece que hay por lo menos tres diferencias fundamentales con el caso panameño que impiden que se hable de su samperización : la actitud personal del Presidente ante el narcoescándalo; el significado político-electoral del mismo y la reacción de Estados Unidos. Veamos.

El presidente Pérez Balladares ha reconocido que a su campaña ingresaron dineros contaminados. Ha tenido que, como él mismo lo dijo, tragarse sus palabras , en una franca y pública admisión que lo desamperiza de entrada.

Se entiende, pues, que el mandatario panameño haya rechazado con visible molestia que se compare su caso con el del vecino Ernesto. Cabe recordar, además, que El Toro Pérez fue uno de los primeros mandatarios extranjeros en calificar como muy grave la situación del presidente Samper.

La segunda diferencia también es significativa, pues todo indica que la mayor mancha de su campaña es el cheque de 51 mil dólares y que este aporte no fue buscado por el candidato ni resultaba indispensable, pues a su campaña nunca le faltaron recursos. Y aunque al Ernesto panameño también se le aplica aquello de que un candidato siempre debe saber de dónde viene la plata que lo financia, su caso no resulta comparable con el de una campaña que, en el fragor de una segunda vuelta arduamente disputada, busca en forma deliberada el aporte de varios millones de dólares de un cartel del narcotráfico, que ha podido resultar decisivo en la estrechísima ventaja electoral que obtuvo Samper.

******** Pérez Balladares ha insistido en que su caso no es comparable con el de su colega Samper porque aquí si hubo un entendimiento entre los responsables de la campaña y el narcotráfico, mientras allá fueron sorprendidos .

Y de verdad resulta inconcebible que en el país que más ha sufrido los macabros efectos del narcotráfico metido en política, uno de los cuales ha sido el asesinato de nuestros mejores y más honestos líderes, un Presidente pueda autorizar pactos o deberles favores a carteles de la droga.

Pero no quiero volver sobre lo mismo. Ni repetir argumentos que por lo visto no conmueven lo suficiente a una sociedad en la que estas cosas no parecen tan graves, y el Presidente puede decir que nada supo y nada vio y seguir tan campante.

Tan solo quería llamar la atención sobre el caso de Panamá, que simplemente confirma la capacidad de penetración del narcotráfico. Pero que también enseña a apreciar la diferencia de conductas en los gobernantes a los que este logra manchar.

El Ernesto panameño ha reconocido el ingreso de narcodineros a su campaña, ha pedido disculpas por ello y ha anunciado que devolverá la plata. No se ha enrollado en la bandera del nacionalismo o el populismo para evadir su responsabilidad política. Esta muestra de coraje cívico y la determinación de ir al fondo del problema, no importa qué cabezas rueden, hacen prever que Pérez Balladares pueda desactivar el problema en el mediano plazo.

El gobierno de E.U. también ha subrayado la diferencia de actitudes entre un Ernesto y otro. Recuerda que a Samper se le avisó desde noviembre de 1993 que Washington sabía que su campaña electoral estaba penetrada por el narcotráfico, pero que nunca hizo nada por averiguar, mientras que Pérez Balladares inició inmediatamente una investigación y divulgó públicamente sus resultados.

Pero en la reacción mas benigna de Washington también tiene que contar el hecho de que hace seis años E.U. invadió a Panamá con el pretexto de salvar a ese país de la narcodictadura del general Noriega, a quien se llevaron preso y condenaron a largos años de prisión. Después de tan controvertida demostración de fuerza imperial, que dejó miles de civiles panameños muertos y el país semidestruido, mal podría E.U. admitir que de nada sirvió la invasión y ese país tiene nuevamente un narcopresidente.

No es así, ni se puede comparar a Pérez Balladares con el siniestro general Noriega. Pero la sola circunstancia de que el gobierno panameño enfrente hoy un narcoescándalo, sencillamente subraya la enorme fragilidad de toda la estrategia estadounidense para combatir este flagelo.

****** Falta ver cómo se desarrolla el caso panameño, qué arroja la investigación iniciada y hasta dónde llega efectivamente la penetración del narcotráfico en la actual estructura económica y política de ese país.

Allá probablemente seguirán apareciendo cosas. Y aquí, ni hablar. La preclusión de Samper no va a detener la bola de nieve que sigue rodando y creciendo. El coronel Osorio, valga el ejemplo, ha vuelto a brincar en el testimonio del testigo de la Fiscalía Luis Fernando Farfán, quien aseguró que el ex jefe de seguridad de la campaña de Samper y luego su edecán de Policía (nombrado apresuradamente para un inexistente cargo diplomático en Italia) mantenía estrechas relaciones con Jesús Sarria hace casi una década.

Falta ver qué explicaciones dará ahora el Presidente sobre este caso. Apenas la última manifestación, una más, de un escándalo que seguirá sonando. Y que lo perseguirá hasta el último minuto de la última hora del último día de su mandato. Y más allá, me temo.

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