HINCHAS:PASIÓN SIN LÍMITES

HINCHAS:PASIÓN SIN LÍMITES

Con el rostro fiero cruzado por tres franjas de pintura amarilla, azul y roja, Humberto Nariño, el Gordo , se lanzó de rodillas al piso con una bandera nacional en la mano derecha y una cerveza en la otra.

30 de julio 2001 , 12:00 a.m.

Con el rostro fiero cruzado por tres franjas de pintura amarilla, azul y roja, Humberto Nariño, el Gordo , se lanzó de rodillas al piso con una bandera nacional en la mano derecha y una cerveza en la otra.

Tras él, otras doce personas se alzaron con el grito de gol atorado en la garganta. Pero la pelota pegó en el palo y se fue de la chancha mientras el Gordo Nariño ahogaba un madrazo. A esa hora, 5:48 minutos después de comenzar el partido, estaba sudoroso, con el rostro salpicado de Maizena y los ojos enrojecidos porque en estos caso casi siempre le gana el llanto, igual que cuando su Millonarios mete alguna pelota en la malla rival.

Eso... eso... eso...! Abrala... ábrala... ábrala...! Nooooooo, hermano... así no!...con verraquera... con verraquera... usted sabe papito, usted sabe... !.

Así es la relación del Gordo Nariño con el fútbol. Es una intimidad visceral que ya le transmitió a su hijo Cristian Camilo, de seis años. Y así son los hinchas de la calle 30 sur con carrera 55 bis, en el Barrio Floralia, en la esquina suroccidental de la avenida Boyacá y avenida Primero de Mayo.

Ayer, la sangre les fluía a borbotones desde antes del medio día. El Gordo Nariño compró pinturas para el rostro de sus amigos. Se vistieron de amarillo, sacaron un petaco de cerveza al antejardín del supermercado Durán y se alistaron frente al desvencijado Hitachi de 24 pulgadas.

A pocos metros de su casa, Carmen Vásquez de Urrutia, una matrona de 88 años, con gorro de bufón y una pinta tricolor en la mejilla, tomó asiento en la sala de su casa, repleta de familiares. Hasta hace dos años ella iba todas las semanas al Campín.

Los años le han dado tranquilidad. Pero no le molestó la algarabía que llenó la sala cuando sonó el pitazo inicial.

Mirá, se me alborotó el patriotismo , había dicho minutos antes Adriana Urrutia, enseñando la piel de gallina de su brazo, mientras las graderías del Campín se convertían en aletear de pañuelos blancos.

Promediaba el primer tiempo cuando a Angela Galeano le agarró una tembladera y prefirió salir al antejardín a comerse la uña del meñique izquierdo. Ayyyyy... jue...! se escuchó adentro y Angela saltó con el alarido.

Los gritos se fueron apagando a medida que se consumía el primer tiempo. Un silencio roto por el tintineo de la cerveza se vino encima al concluir los primeros 45 minutos.

Para la parte final, el Gordo Nariño había soltado la bandera y no le prestaba atención a la pola . Se agarró la cabeza, entrelazó las manos, se mordió un dedo, dio un zapatazo y clavó la mirada en la pantalla.

Sus vecinos también sufrían. Hermana, voy a parir aquí... alcánceme un cigarrillo , dijo una mujer en la casa de doña Carmen Vásquez.

Tigre... tigre... tigre... gritaban, pero el Tigre la perdió. Ayyyy... yo no puedo ver!... Noooo... mucha gu...! Adriana y Martha Urrutia entraban y salía de la casa como si estuvieran en el pasillo de un quirófano.

Arnulfo Gómez sufría en silencio. Daba salticos, zapateaba como en berrinche de párvulo, hacía giros completo con la mano en la cara o con los puños apretados.

Cobro de Ivan López... péguele por Santafecito!, rogó Arnulfo. La pelota voló hacia la cabeza de Córdoba.

Gooooooooool!.

Paf...! paf...! Paf...! traqueteo total de globos tricolores como en paila de crispetas en la casa de doña Carmen Vásquez. En menos de un minuto estallaron 74 de las 80 bombas que habían inflado en la mañana.

La barahúnda también atronó en el antejardín del Supermercado Durán. Cerveza y harina volaron por los aires.

Huyyyyyyyyy.... , el grito se ahogó lentamente cuando un balón de los mexicanos salió lejos del arco.

Los 44 minutos se asomaron en la pantalla. Algunos se retiraron. El Gordo Nariño estaba jadeante. Doña Carmen, sonriente. Arnulfo se mordía los nudillos. Angela Galeano tenía muescas en las otras uñas.

Champion...! Champion...! comenzaron a gritar, abrazados, los del supermercado Durán. Pitazo final... barahúnda total en esta calle de barrio Floralia, una más de las miles que ayer se consumieron en nervios y estallaron de júbilo 90 minutos después.

FOTO:.

1.

Somos la familia Galeano Urrutia Córdoba , dijo una de sus integrantes. Mas de 40 gargantas se desgañitaron en esta casa del barrio Floralia.

2.

El Gordo Nariño ha pensado que un día de estos le puede dar un ataque cardiaco. Pero igual vibra cada domingo y ayer sufrió y celebró como un loco.

Milton Díaz / EL TIEMPO

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