GERMAN BASILICO GONZALEZ

GERMAN BASILICO GONZALEZ

No le hubiera ido nada mal con un jardín infantil. Tiene temperamento para lidiar a los menores y deseos de enseñarles. Su fuerte no son las matemáticas ni las primeras letras ni los cuentos. Les enseña a jugar, pero a jugar en serio, profesionalmente, con responsabilidad y compromiso. Es que quiere que muchos sean lo él que fue: jugador de fútbol. Creció en el barrio Panamericano de Bogotá en donde jugaba todas las tardes un partidito con sus vecinos. Era la única diversión. Además creció con sus ídolos futbolísticos: su papá y uno de sus seis hermanos (cuatro hombres y dos mujeres). A ellos los acompañaba a todos los partidos hasta que se vinculó, con 16 años, a las divisiones inferiores de Santa Fe.

16 de febrero 1993 , 12:00 a.m.

Ahí comenzó su carrerra, que con interrupciones, la ha hecho completa. Recorrió todas las categorías hasta convertirse en profesional, y después de colgar los guayos a los 28 años, pasó a ser entrenador. Casi todo el tiempo al lado de los cardenales .

Se siente muy cómodo con el título de entrenador. Ser director técnico fue una vocación que descubrió con la práctica. Al retirarse de las canchas se quiso dedicar a los negocios. Montó uno y no le fue muy bien; comenzó administración de empresas y nunca terminó. Lo mejor que le pudo pasar fue que Efraín pachón le ofreciera encargarse de la quinta división del Santa Fe. Volvió a hacer carrera: cuarta, tercera, segunada... De los campos cardenales se iba a entrenar a los muchachos del Liceo Cervantes, y por la noche a los de una cooperativa, hasta que se fue a dirigir la selección sub-23 de Bogotá. Después de coronarse campeón en 1991, se fue a dirigir a los grandes : director técnico del Deportes Tolima.

Pero volvió con los sardinos hace un año cuando León Londoño le ofreció encargarse de la selección prejuvenil de Colombia para el Campeonato Suramericano, que ganaran anteayer después de una lucida actuación. Ahora sigue el Campeonato Mundial.

Para ser técnico, además de su experiencia como jugador y su goma por el fútbol, se dedicó a leer y a ver partidos sin cesar, a hablar con sus homólogos extanjeros, a viajar... Así es como ha logrado convertirse en uno de los más carismáticos entrenadores del país.

Con todo y lo que le gusta el fútbol, a Germán Basílico González (alguien le puso así por su parecido físico con un zaguero argentino que jugó en Santa Fe y Millonarios) no le gustaría que su único hijo, Fabián, de año y medio, se convirtiera en jugador profesional. Las cosas nunca fueron fáciles para este bogotano que nació el 26 de enero de 1952.

Aunque es alegre y de buen genio, le disgusta que las cosas no salgan bien. Sin embargo, sabe distinguir entre hacer las cosas lo mejor posible y el perfeccionismo. Este no lo desvela. Por eso es tan exigente, disciplinado y ordenado. Es que sabe que no sólo está enseñado a patear el balón. Su interés también está en que los pelados sean personas íntegras.

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