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Con sus muñecos, Irene deja una lección de vida

Con sus muñecos, Irene deja una lección de vida

Un muñeco de palo, con cabeza color chocolate y nariz larga, es el responsable de que niños, jóvenes y adultos sean más felices y revivan, a través de talleres de teatro, cuentos, fiestas ecológicas y charlas, el amor por la naturaleza.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de abril 2011 , 12:00 a. m.

En esos personajes se reconstruye la vida de personas en estado de vulnerabilidad (desplazados y personas maltratadas o víctimas de abuso o con enfermedades terminales) y situaciones cotidianas, que, como en los cuentos de Pombo o de los hermanos Grimm, siempre dejan una moraleja o una lección al auditorio.

Esta labor social ha hecho que Irene Pachón, la fundadora y directora de la fundación Sociedad Sito, y sus pintorescos muñecos hayan traspasado las fronteras de la vereda La Fagua o de cualquier otro rincón del municipio de Chía. La escenografía, y la labor de la fundación han sido acogidos en países como España y México.

Ya son 29 años desde que se creó la Sociedad Sito, en 1981, como también se llama su primero y principal personaje, que en lengua nativa significa "pájaro".

Este muñeco -uno de los 90 que tiene la fundación- es el fiel amigo de Irene y, metido en una maleta, la acompaña en su casa de campo en La Fagua o a dondequiera que vaya.

"En mis muñecos encontré la forma de hacer sociología. Con ellos analizo la vida y ayudo a los demás", afirma Irene, quien elabora sus títeres "con palos, lana de oveja, palma de yuca y hojas de árboles", dice esta socióloga, historiadora y artesana, quien, con sus manos, construyó a Sito y a sus otros personajes.

Ese trabajo artesanal lo ha hecho sagradamente "a la luz del día", porque, según ella, la energía hace que sus personajes sean puros y puedan transmitir con transparencia sus mensajes cargados de valores y de cuidados con el medio ambiente.

Y es que esta labor tiene todo un ritual. Los muñecos han nacido de los valores sociales y de hechos que han impactado la vida de Irene, pero solo después de terminados los 'bautiza' con nombres, que preferiblemente tienen un significado en lenguas nativas.

"Mi trabajo es netamente con personas vulnerables: niños y adultos con cáncer, VIH-sida, desplazados, maltratados; quiero revivir la esperanza en las personas que creen haberla perdido", asegura.

Desde el momento de la fundación de su sociedad, en el barrio La Macarena, de Bogotá, donde inició su plan de vida, Irene ha tenido un sentido de solidaridad, compromiso y entrega por los demás, sin esperar nada a cambio, y los resume con apartes de aquella canción del artista mexicano Juan Gabriel, que dice: "No tengo dinero, ni nada que dar, lo único que tengo es amor para dar".

Así es la vida de esta humilde y sencilla bogotana, que ha dedicado 29 años a reconstruir conceptos de valor, familia y sociedad, y a que los más necesitados vuelvan a creer en un futuro.

YENNY A. MAYA VANEGAS Especial para El Tiempo

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