UN RECIBIMIENTO CON SABOR A CAÑA

UN RECIBIMIENTO CON SABOR A CAÑA

El estruendo de las turbinas de los aviones que llegaban y decolaban del aeropuerto Palmaseca de Cali, fue opacado ayer por el grito de Campeón... Valle... campeón que cientos de personas entonaron para darle la bienvenida a la delegación deportiva del departamento que triunfó en los Juegos Nacionales en Santander.

28 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Papayeras y bandas musicales se encargaron de prender el ánimo en la sala de espera mientras se producía el regreso de los deportistas de Bucaramanga.

Allí se vio bailar animadamente a Francys Gómez, más de 40 años vinculado a los clavados en el Valle. Es la primera vez que su equipo no logra el triunfo en esa disciplina en la que siempre ha logrado medalla de oro. Sin embargo, sentía como suyo el triunfo de la delegación regional.

También estaban Deiven Valencia, de 20 años, ganador de tres medallas de oro en pesas y nuevo registro suramericano con 197 kilos. Adriana Cruz, medalla de bronce en orientación subacuática; Silvio Barrerra, medalla de oro en la misma modalidad; Wilson Canizález y Javier Jaramillo, también con oro, se unieron a la celebración.

Todos cambiaron la tensión de la competencia por el ritmo del currulao, el mapalé y la infaltable salsa valluna. El sudor deportivo dio paso al sudor del merecido disfrute después de la concentración y triunfo deportivo.

A las 7:10 se produjo el arribo de una gran parte de la delegación deportiva. Los primeros en hacerlo fueron los integrantes de equipo de jokey sobre patines, que en reñida disputa obtuvo el título sobre Antioquia.

José Luis Echeverry, presidente de la delegación deportiva del Valle, era uno de los más alegres. Los vallecaucanos se merecen esta alegría, este desborde de entusiasmo, después de más de 20 años el departamento logra consagrarse como campeón, con doce medallas de oro por encima de Antioquia dijo.

Minutos después arrancó el desfile, precedido por policías y guardas de tránsito, seguido de dos máquinas de los bomberos voluntarios de la ciudad. El olor a caña de azúcar y trapiche acompañó a los deportistas durante su regreso por la recta Cali-Palmira, en tanto que las bombillas de las sirenas tiñeron de rojo la noche.

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