ARTESANOS Y MÚSICOS, SON DE LA LOMA

ARTESANOS Y MÚSICOS, SON DE LA LOMA

La calle quinta es un símbolo de Cali. Es un espacio exclusivo para automóviles, buses, motos, busetas y colectivos. Un símbolo que existe desde 1971, cuando se realizaron los Juegos Panamericanos y a nombre del progreso se destruyó la mitad del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

14 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Si usted viaja diariamente de sur a norte y de norte a sur, seguramente se habrá fijado en la fuente de cascada que hasta hace muy poco tenía pintados en sus paredes algunos peces azules. Esa caída de agua, construida a un lado de la quinta y también por los panamericanos, marca un espacio que apenas se adivina desde la calle quinta: El Parque Artesanal de la Loma de la Cruz.

Arriba, en el parque, ya no hay el calor ni el ruido insoportable de buses y carros. Se escucha una brisa que cada vez más amenaza con no llegar y quedarse en los edificios del oeste, se escuchan las risas de los muchachos que se escapan del colegio y pasan horas ahí sentados antes de la hora del almuerzo, la música que se escapa de un charango, una ocarina y una zampoña de un grupo de artesanos y músicos bolivianos que le enseñan a un par de turistas despistados para qué sirven sus instrumentos.

Desviarse por la carrera 14 y subir al parque significa olvidarse de pitazos y rostros grasosos. Es detener la mirada en pequeñas figuras de cerámica o arcilla, en quenas o en flautas de pan, en bolsos tejidas a mano y con motivos precolombinos; es ponerse una máscara con la cara de un diablo, acariciar una ocarina (un instrumento de viento ovalado, con ocho rotitos y del tamaño de una mano) e imaginarse el paisaje desértico por el que camina una llama peruana dibujado sobre ella.

Es sentarse un rato a charlar con don Hernán González, el primer artesano del parque, y darse cuenta que el parque le debe su nombre a un muchacho desobediente que se lo tragó la tierra por golpear a su madre hace 87 años y a los franciscanos que les tocó poner una cruz en ese lugar para poder exorcizar la loma. Es imaginarse la gigantesca mano de hierro que ya fabricó para colocar junto a la cruz y dejar clara la historia para todo el mundo.

Es sentarse en su plaza y disfrutar todos los domingos (a partir de la próxima semana) desde las 4 de la tarde de las peñas folklóricas organizadas por los mismos artesanos que en cada puesto ofrecen lo mejor de la cultura tradicional de Tolima, Huila, Cauca, Valle, Perú, Uruguay, Ecuador y Bolivia.

Ayer la mayoría de los artesanos de la Loma se trasladaron a Holguines Trade Center. Para llegar tuvieron que bajar todo su trabajo en un campero hasta la calle quinta, enfrentarse a los semáforos, a los pitazos y al humo negro que sale de las chimeneas de los buses.

Durante todo el fin de semana van a estar en este centro comercial ofreciendo sus artesanías y promoviendo su parque. Ese mismo parque que durante mucho tiempo tuvo fama de ser un lugar peligroso y que ahora es uno de los lugares más tranquilos de Cali además acompañado por un CAI, un lugar donde vale la pena sentarse una noche cualquiera y ver una parte de Cali como un pesebre, sentir la brisa fría y regalar una estrella sin temor a que nadie se la robe.

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