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Manejar borracho sigue sin ser delito

Manejar borracho sigue sin ser delito

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de abril 2011 , 12:00 a. m.

Redacción Domingo El sentimiento común al hablar de quienes conducen en estado de embriaguez es de condena. "Es una conducta criminal", sentencia el diputado español Jordi Jané, experto en movilidad. "Manejar ebrio es algo que debe criminalizarse, porque potencializa el riesgo de causar daños a otros", dice por su parte el ex magistrado de la Corte Constitucional Jaime Córdoba Triviño. Si la reprobación es tan generalizada, ¿por qué se hundió esta semana el proyecto de ley que buscaba convertir en delito con pena de prisión, de 8 a 30 días, la conducción de vehículos en estado de embriaguez o bajo el influjo de sustancias alucinógenas? Para el autor de la iniciativa, el senador Roy Barreras ('la U'), la razón es que a algunos colegas les pareció que la sanción penal de esa conducta, que conllevaría la inhabilidad de por vida para los cargos de elección popular, "era un riesgo muy alto para ellos y para toda la clase política".

Para Mary Bottagisio, directora de la Liga contra la Violencia Vial, esta decisión "condena a la sociedad colombiana a seguir siendo asesinada por los conductores borrachos". Y añadió que la norma no buscaba enviar más gente a la cárcel sino prevenir muertes evitables mediante el castigo de un comportamiento altamente peligroso.

Cabe recordar que lo que hoy se sanciona con cárcel no es el manejar borracho, sino los delitos que se puedan derivar de esta conducta, como el homicidio y las lesiones personales. Sin embargo, como estos casos se consideran delitos culposos (cometidos por imprudencia o negligencia, sin intención), pocos conductores ebrios que hieren o matan con sus carros van presos.

Por eso, el proyecto de Barreras -derrotado en segundo debate por una votación de 34 contra 25 (se ausentaron 43 senadores)- pretendía, además, aumentar las penas por lesiones y homicidios cometidos por personas ebrias, para que estos casos no fueran excarcelables.

El senador Luis Carlos Avellaneda (Unidad Democrática), uno de los que votaron en contra, cree que aumentar las penas no garantiza la reducción de los delitos. "Nuestro sistema carcelario no cumple el objetivo de resocialización que buscaría esta medida -argumenta-. Quien atropella no es un delincuente nato y, en prisión, podría convertirse en uno. Es más efectivo un trabajo en pedagogía preventiva". Para los defensores de la iniciativa, su revés en el Congreso envía un mal mensaje a las víctimas. Bottagisio opina, por ejemplo, que seguir castigando al homicida con la casa por cárcel, ha demostrado ser muy poco efectivo. "A mi hermana la atropelló un hombre que había estado preso por porte de armas y extorsión, y con 177 comparendos encima -cuenta-. Por matarla recibió detención domiciliaria; al cumplir las dos terceras partes de la pena, le dieron libertad condicional y, disfrutando de ella, fue detenido por conducir ebrio".

El senador Barreras prometió que presentará su proyecto por tercera vez al Congreso, y con un solo cambio: hacer las penas aún más duras para los funcionarios públicos que manejen borrachos o 'trabados'.

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