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A manera de píldoras de WikiLeaks, Miguel Nule, el recaudador del dinero de las obras inconclusas, cuenta ahora cómo ha pagado mordidas en la capital, y con filosofía de cloaca pretende enseñarnos que la "corrupción es inherente al alma humana".

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de abril 2011 , 12:00 a. m.

Lo que ha "cantado" no puede servirle de redención, aunque ahora se declare hombre pobre y devoto. Por la forma como lo ha hecho, tampoco debería alcanzarle para obtener rebaja en las condenas que merece.

Lamentablemente, personajes como este han logrado que las normas legales de la contratación estatal se hagan a la medida de su largo brazo. Un buen ejemplo son los tribunales de arbitramento en las obras públicas y las concesiones, constituidos por árbitros del sector privado, que administran justicia ante la innegable congestión de los juzgados nacionales.

A decir verdad, los tribunales de arbitramento previstos en las regulaciones de la contratación pública son una pirinola en la que todos ganan. Se lucran árbitros, secretarios y abogados, destinatarios de millonarias sumas de varios ceros que deben ser proporcionales a los litigios que resuelven. No suelen perder allí los contratistas, que ganan más demandando al Estado que haciendo las obras, y los fallos habitualmente son salomónicos (el Estado ni los contratistas ganan todo lo que reclaman, ni pierden todo a lo que aspiran).

No podría esperarse algo diferente, pues si los árbitros fallan en forma radical en contra de una de las partes, posiblemente dejan de ser propuestos o convocados por estas para nuevos grandes y rentables litigios.

Los organismos de control deberían hacer ya un riguroso diagnóstico acerca del andamiaje de estos tribunales, reducto de algunas firmas de abogados que circularmente se turnan el papel de árbitros, de defensores o de acusadores, al abrigo de buenos contactos en instituciones públicas y en empresas contratistas de obras.

El anunciado estatuto anticorrupción tiene que hacer algo frente a este modelo de resolución de conflictos por el que han salido y, si no se controla, seguirán saliendo billones de pesos del erario, es decir, del sudor de los colombianos, quienes en su mayoría no son proclives a la corrupción, como afirma Nule.

También debería escarbar ese estatuto en las garantías únicas (seguros) a los contratos estatales; cualquiera puede comprobar que las aseguradoras casi siempre niegan el pago debido cuando los contratistas incumplen, pero por años la ley les ha garantizado que mantengan el jugoso negocio

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